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Lamentación para días oscuros

Umberto Senegal

sábado, 27 junio 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

¡Ay, de los hombres, confundiendo el trueno con la voz del pastor, y de los pueblos llamando salvación al hacha cercenando el bosque! ¡Qué prolongada noche se adelanta sobre las pesadillas! Y no regresa con estrellas.

Llega enrollada entre banderas agitadas por el rencor. Y las plazas la reciben festivas. ¿Qué celebran con aullidos? Ninguna afectuosa respuesta llega desde las ciudades. Como ancianos presintiendo infortunios, los árboles inclinan sus copas. Las aves abandonan sus nidos, antes que la tormenta revele su rostro. Veo surcos abiertos, páginas de un libro aciago donde nadie leerá la palabra concordia.

Sembrada con entusiasmo, la semilla del ultraje la confundirán con maíz. Los vecinos elevarán muros entre una puerta y otra. Y creyendo descubrir caminos nuevos, el país que tantas veces ha gemido avanzará hacia el antiguo precipicio. ¡Ay, de quienes se entusiasman cuando la furia se sienta en el trono, exigiendo alimento; y cuando al exterminar sus enemigos comience a devorar sus propios servidores! Veo los rostros empedrados de incertidumbre, de cuantos aplauden con manos erguidas esperando cosechas abundantes.

Encontrarán polvo. Esperan seguridad: hallarán terror. Esperan grandeza: descubrirán que el pavor sabe disfrazarse de victoria. Los mercados estarán llenos de ruidos y vacíos de esperanzas. Como navíos abandonados, las ciudades mirarán hacia el horizonte. Los ancianos recordarán tiempos difíciles: “Hemos visto este cielo antes…” La tierra clamará. Y las montañas guardarán silencio y los páramos cerrarán sus puertas de niebla y los ríos descenderán llevando sobre sus aguas el peso de antiguas tristezas. Escucharé a los guayacanes preguntar: “¿Por qué llaman victoria, a la profunda herida abierta en el cuerpo de Colombia?” Convertida en lámpara oxidada, percibiré la palabra paz, muchos pasando de largo sin admirar su resplandor. Y la noche…CRECERÁ. Noche no de relojes, desasosegada noche del espíritu irrumpiendo por entre ventanas y sentándose en las mesas con el fin de persuadir amigos y semejantes para que dejen de reconocerse. Pequeña llama que ninguna oscuridad extinguirá, sueño que entre escombros del desaliento alguna pequeña claridad permanecerá en manos de quienes cuidan a otros.

En campesinos, que siguen sembrando; en maestros, que continúan enseñando; en jóvenes, rechazando el odio; en madres, insistiendo en nombrar la esperanza. Comprenderemos que las naciones atraviesan desiertos. Entenderemos que los pueblos pueden equivocarse y las multitudes entregar sus ilusiones a mercaderes del resentimiento. Ninguna sombra es perpetua. Debajo de la ceniza, espera la semilla. Debajo del miedo, la dignidad espera y debajo de los gritos, la conciencia espera. Llegará el día cuando la tierra recordará que fue creada para la Vida y no para la devastación. Hasta entonces, velaremos, quienes amamos sin adiestrar el corazón para la dureza ni confundir el rugido del odio con la auténtica voz de la verdadera patria.