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Trabajen, vagos

Ernesto Acero Martínez

martes, 25 agosto 2026

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Hacer oposición, en medio de una tragedia, es mezquino, ruin, ordinario, populista y, si me afanan, traición a la patria.

Tanto la grandeza como la bajeza del ser humano se conocen en situaciones extremas y el terremoto del diez de agosto volvió a mostrarnos quién es quién en Colombia, el Quindío y Armenia. Cada vez que ocurre una emergencia asociada a un fenómeno natural, las manos para ayudar se multiplican, las historias de esperanza son un bálsamo para todos, pero, desgraciadamente, también aparecen los oportunistas, los pobres de espíritu y los apátridas buscando pescar en río revuelto.

Tan miserable es quien asalta una misión humanitaria, el que se apodera de las pertenencias de una víctima de una tragedia y el que saquea negocios y viviendas cuando ocurre una calamidad, como el que con narrativas de odio busca desacreditar la gestión de quienes sí están ayudando. La oposición es necesaria y útil para mejorar los procesos y ejercer control ciudadano y político, pero odiosa, inútil y asqueante cuando se usa para buscar protagonismo mediático y figuración social en escenarios de desastre.

Ocurrido el terremoto, que otra vez levantó espesas cortinas de desesperación, desolación, tristeza y rabia en esta parte del país, aparecieron, muy rápido, algunos y algunas en redes sociales a señalar culpables y resaltar errores, con una vulgar e ignorante precocidad y con una evidente desesperación por afectar la reputación de quienes odian por el simple hecho de no comulgar con sus posturas políticas o politiqueras. Hicieron del desastre una tarima para vociferar, para dictar cátedra de lo que había que hacer y, otra vez, para demostrar que son muy buenos hablando, pero pésimos haciendo.

En sustitución, mientras muchos estorbaban y siguen estorbando, artistas, deportistas, empresarios, líderes comunitarios y organizaciones sociales se pusieron la 10 por los damnificados. En tiempos de crisis, ojalá lo tuvieran en cuenta quienes se han pasado la vida apoltronados destilando veneno, la crítica hay que aplazarla o hacerla en privado y, ojalá, acompañada de ideas. Lastimosamente, la otra característica de los detractores de oficio es que llegan solo hasta el pesimismo, el ataque y la sospecha sobre todo, porque su capacidad espiritual e intelectual no les da para aportar.

Creen que con sus anacrónicos discursos van a ganar adeptos y admiración, cuando lo que están provocando es fastidio. Debieran invertir la energía que les sobra para criticar en acciones humanitarias. Si de verdad les preocupa la suerte de los damnificados, pues ayuden. El desagraciado no necesita un ring en medio de su dolor, necesita ayuda. Esperen, por lo menos, a que la emergencia pase su etapa crítica para atravesarse como suelen hacerlo. Mientras tanto: hablen menos y trabajen por el prójimo, vagos.