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La palma de vino tiene 36 usos diferentes

ARCHIVO PARTICULAR.

Alberto Gómez Mejía

sábado, 25 julio 2026

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La especie botánica Attalea butyracea es una palma formidable, productiva y espléndida.

En la región central de Colombia se la llama principalmente palma de vino o palma de cuesco, pero
tiene otras 14 denominaciones en todo el país y 16 más en lenguas indígenas. Se da desde
México hasta Bolivia, en zonas cálidas, hasta los mil metros de altitud. En Colombia ocurre en
los bosques secos tropicales del Caribe, en los valles interandinos, en los llanos orientales y
algo en la región amazónica, entre otros lugares. Se adapta bien en climas templados. Alcanza
los 25 metros de altura y un grosor de tallo de 75 centímetros; las hojas pueden llegar a tener
12 metros de largo.

El nombre original de la palma fue Cocos butyracea Mutis ex L. fil., propuesto por José
Celestino Mutis, pero como el sabio gaditano bautizó varias especies, pero no describió
ninguna, debido a su desdén por el rigor científico formal, la tarea se la hizo Carlos Linneo, hijo.
(Eso es lo que significa el vocablo latino ex en los nombres de los autores de un taxón).

La corrección del género Cocos por Attalea fue realizada por el botánico y pteridólogo
neerlandés Jan Gerard Wessels Boer, denominación que corresponde al reconocimiento que el
renombrado botánico alemán Karl Sigismund Kunth le hizo a Atalo III, último rey de Pérgamo,
quien gobernó durante cinco años esta ciudad griega de Asia menor, pero que descuidó sus
deberes oficiales para dedicarse a la botánica, la jardinería y la medicina. El epíteto butyracea
proviene del griego βουτυρον, manteca, que puede interpretarse como de color amarillento y de
textura oleosa.

En el artículo “Palma de vino (Attalea butyracea)” escrito por Gloria Galeano e Ingrid Olivares
(In: R. Bernal & G. Galeano. Cosechar sin destruir. Aprovechamiento sostenible de palmas
colombianas. 2012) mencionan que se han documentado 36 usos diferentes para esta especie
a lo largo y ancho del país, por lo que la consideran una palma multipropósito por excelencia.

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Los usos más importantes están relacionados con la extracción de sus hojas expandidas para
la cobertura de techos, que son muy apreciados en la región Caribe, en el valle del Magdalena
y a lo largo del río Guaviare. Su duración en sitios secos, con un buen manejo, llega a los 10
años.

La elaboración de escobas, sombreros y otros artículos artesanales a partir de los cogollos de
la palma es una actividad importante en el Tolima. Con la pulpa de los frutos se prepara chicha
a escala doméstica. También han sido usadas para engordar cerdos. A partir de las semillas se
obtiene grasa y aceite de excelente calidad, con gran potencial para la elaboración de
margarinas y cosméticos.

Otro uso en la región Caribe es el de las inflorescencias femeninas para elaborar el musengue,
un utensilio con el que se espantan las moscas y que se hace soltando las fibras de la parte
basal del racimo, una vez cortadas todas las ramas. Los filamentos son suaves y muy
resistentes, comparables a las de la cabuya (Furcraea cabuya), y podrían tener perspectivas
interesantes en el mercado de las fibras naturales.

También se extrae savia del tronco para la producción de vino. En la región de Melgar, en el
valle medio del río Magdalena, una palma de unos 8 m de alto produce, después de ser
derribada, cerca de un litro de savia por día durante 20 a 30 días, con un contenido de
sacarosa de 11.7 %. Esta práctica destructiva de talarlas debería evitarse a toda costa.

El potencial de producción de azúcar y de etanol a partir de la savia es tan alto, que es urgente
explorar la forma de extraerla a partir de las inflorescencias, sin derribarlas, como se hace
tradicionalmente en Asia con otras especies de esta familia. La capacidad que tiene la palma de
producir savia con sacarosa es significativa: se ha calculado que la extracción por medio del
sangrado de las inflorescencias podría ser de 42.7 kg/palma/año, lo cual supondría un poco
más de 5 toneladas de azúcar anuales en plantaciones. Estas cifras son muy promisorias para
esta industria y para su utilización como biocombustible.

Concluyen las investigadoras que su cultivo y aprovechamiento podrían contribuir en gran
medida a incrementar el desarrollo económico de vastas áreas en Colombia, especialmente en
la región Caribe, el valle del Magdalena y la Orinoquia, integrándolos a sistemas silvopastoriles,
como lo ha sugerido el botánico Rodrigo Bernal.

Es además una portentosa palma ornamental nativa mucho más pintoresca que la palma real
(Roystonea regia) que fue importada de Cuba y que abunda en parques y avenidas de muchas
ciudades colombianas. Ya es hora de querer lo nuestro.

[1] Conforme a los códigos internacionales de nomenclatura, si al lado del nombre científico de una especie o de un
género, va un apellido, luego el vocablo latino ex y a renglón seguido otro apellido, ello significa “de acuerdo a”, lo
que quiere decir que se respetó la denominación propuesta por el primer autor para el taxón, pero que realmente
quien lo describió y lo publicó fue el científico del segundo apellido que aparece.

[2] La corrección del género de Cocos por Attalea fue realizada por el botánico y pteridólogo neerlandés Jan Gerard
Wessels Boer. El nombre Attalea corresponde al reconocimiento que el distinguido botánico alemán Karl
Sigismund Kunth le hizo a Atalo III, último rey de Pérgamo, quien gobernó durante cinco años esta ciudad griega
de Asia menor, pero que descuidó sus deberes oficiales para dedicarse a la botánica, la jardinería y la medicina. El
vocablo ex es un término previsto en el Código Internacional de Nomenclatura Botánica que significa ‘según’ o
‘validado por’, para indicar que el primer nombre, en este caso Mutis, simplemente le dio el nombre, pero no lo
publicó, tarea que sí hizo el hijo de Carlos Linneo y por ello se escribe ex L. f., que significa Linneus filius, el hijo de
Linneo. [1]