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La ciencia ciudadana se une para evitar una problemática que ya está siendo documentada en Armenia.

Colombia es el país de las aves: alberga cerca de 2000 especies, el 20 % del total mundial. El Quindío, un departamento pequeño en extensión, pero enorme en biodiversidad, concentra aproximadamente 600 especies, lo que representa cerca del 30 % de las aves del país. Sin embargo, esa riqueza enfrenta una amenaza: las colisiones contra ventanas.

A nivel global, el problema es alarmante. Investigaciones lideradas por el ornitólogo Daniel Klem Jr., del Muhlenberg College, estiman que entre 1,28 y 3,46 mil millones de aves mueren cada año por colisiones contra vidrio –solo en Estados Unidos–. Los resultados, publicados en 2024 en The Wilson Journal of Ornithology, sugieren que las cifras históricas de mortalidad habían sido ampliamente subestimadas, alcanzando estimaciones hasta un 350 % superiores a las planteadas en 2014. En el Quindío, hasta hace pocos años no existían registros sistemáticos sobre esta problemática; sin embargo, gracias a procesos de investigación y ciencia ciudadana, el fenómeno comienza a documentarse en la región.

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Un proyecto que nace de una biblioteca biológica

El trabajo es liderado por la Colección Ornitológica de la Universidad del Quindío (COUQ), creada hace cinco años y certificada ante el Registro Nacional de Colecciones en 2021 (es la número 264). Alberga pieles de estudio, esqueletos, alas, plumas y cantos, con el propósito de constituir una biblioteca de las especies del territorio. Su curador y docente del programa de Biología, Albert Ospina Duque, explica que la colección no solo preserva, sino que busca “generar información científica que permita tomar decisiones más acertadas”.

Uno de los proyectos referentes es Amenaza Invisible: Analizando el Fenómeno de las Colisiones de Aves contra Ventanas en Armenia, que se ejecuta actualmente en las comunas 7, 8, 9 y 10 de la ciudad. En él participan los pasantes de Biología Valeria Arias Marín y Joan Alejandro Castaño Osorio (quienes realizan sus trabajos de grado), junto con Paola Andrea Cardona Jiménez (técnica de la colección) y Sebastián Pérez Barrera (auxiliar).

Cifras que alarman: ave migratoria boreal lidera las víctimas

Hasta el momento, se han recopilado 155 registros de colisiones correspondientes a 51 especies de aves. La especie más afectada es el zorzal buchipecoso (Catharus ustulatus), una migrante boreal que viaja miles de kilómetros desde Norteamérica. Le siguen otras aves migratorias y residentes, como tórtolas y colibríes.

El equipo ha identificado patrones clave: las colisiones ocurren principalmente en zonas periurbanas cercanas a fragmentos de bosque, donde el vidrio refleja el paisaje y confunde a las aves. Además, las aves grandes (como el tucancito rabirrojo) chocan en ventanales de zonas con vegetación.

De igual forma, las aves migratorias enfrentan mayores riesgos durante sus periodos de desplazamiento. Las especies migratorias boreales, provenientes de Norteamérica, suelen llegar al país entre septiembre y noviembre y emprenden su retorno entre marzo y abril. Por su parte, las migratorias australes, procedentes del sur del continente, realizan desplazamientos menos conocidos hacia el norte de Suramérica durante ciertas épocas del año. Factores como la iluminación artificial nocturna, la desorientación y el agotamiento asociado al viaje incrementan significativamente el riesgo de colisión contra estructuras urbanas.

De las cerca de 600 especies de aves registradas en el Quindío, 34 se encuentran bajo alguna categoría de amenaza y más de 60 corresponden a especies migratorias, tanto boreales como australes. Esto convierte al departamento no solo en un punto caliente de biodiversidad, sino también en un corredor biológico estratégico cuya conservación resulta fundamental.

Ciencia ciudadana: el principal aliado

Frente a la imposibilidad de que los investigadores puedan cubrir todos los sectores de la ciudad de manera permanente, el proyecto se fortalece mediante los reportes realizados por la ciudadanía. “La ciencia ciudadana constituye una herramienta fundamental para ampliar el alcance del monitoreo —señala Ospina Duque—. El conocimiento y las observaciones de las personas, cuando se sistematizan adecuadamente, pueden aportar información valiosa para la generación de datos y la toma de decisiones en conservación”.

Para fortalecer la recolección de información, el proyecto ha implementado un protocolo estandarizado de reporte ciudadano que puede ser utilizado por cualquier persona que encuentre un ave colisionada. Los reportes pueden realizarse a través del correo coleccionornitologica@uniquindio.edu.co o mediante la cuenta de Instagram @couq_1. Es fundamental registrar datos como la localidad, fecha y hora del evento, altura aproximada o número de pisos de la estructura y, especialmente, una fotografía del individuo afectado que permita su correcta identificación taxonómica. De manera complementaria, se recomienda incluir información sobre el tipo de vidrio involucrado, condiciones de iluminación y una breve descripción del evento, en caso de haber sido observado directamente. Estos datos permiten identificar patrones espaciales y temporales de colisión, así como establecer zonas prioritarias para la implementación de medidas de mitigación en la ciudad de Armenia.

Este proceso de monitoreo participativo ha sido posible gracias a la articulación con juntas de acción comunal, conjuntos residenciales y, especialmente, con personal de aseo y vigilancia, quienes, debido a su permanencia constante en el territorio, se han convertido en actores clave para la detección y reporte oportuno de los eventos de colisión.

Soluciones concretas e incidencia política

El proyecto no sólo diagnostica, sino que propone acciones. Entre las medidas de mitigación destacan: el uso de patrones adhesivos en ventanas (stickers o papel contact con diseños específicos) para que las aves perciban el vidrio, y la reducción de luces innecesarias durante las noches de migración.

Además, el equipo ha comenzado a llevar los resultados a escenarios de decisión pública. El pasado jueves 30 de abril fueron invitados por la Asamblea Departamental del Quindío a socializar sus hallazgos, con el objetivo de que esta evidencia científica se incorpore en los planes de ordenamiento territorial y en diálogos con el sector de la construcción.

“Queremos demostrar que esta es una problemática real que afecta a las aves. Muchas veces, cuando sobreviven al choque, pueden quedar con trauma craneoencefálico o ser presas fáciles para depredadores, lo que disminuye su población”, indica Valeria Arias.

Una red nacional y proyección futura

La COUQ ha logrado articular su base de datos con la Red Bogotana de Colisiones de Aves en Ventanas (Rebeca), lo que permite comparar el fenómeno a escala nacional. El proyecto ya se ha extendido y se espera ampliar el monitoreo a otras zonas de expansión urbana de Armenia y a municipios del sur del Quindío. “Necesitamos conocer este fenómeno, entender la realidad local y dar a conocer los protocolos a seguir”, enfatiza Joan Castaño.

Si vive en Armenia o en cualquier municipio del Quindío y encuentra un ave colisionada, reportar el evento puede marcar la diferencia. Cada registro contribuye a la construcción de mapas de riesgo, la identificación de puntos críticos de colisión y la formulación de estrategias orientadas a reducir el impacto de la infraestructura urbana sobre la avifauna. Como señala Albert Ospina: “Estos especímenes que estamos preservando no son para ahora, sino para las generaciones venideras”. En este sentido, la colección biológica no representa un depósito de individuos, sino una herramienta científica y educativa que aporta al conocimiento, la conservación de la biodiversidad y la construcción de ciudades más sostenibles y responsables con su entorno natural.