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La película colombiana sigue a una madre que busca respuestas sobre su hijo desaparecido durante el conflicto armado.

El dolor de las madres que durante años han buscado a sus hijos desaparecidos llega a la pantalla grande con ‘Cinco años, cuatro meses’, una película colombiana dirigida por Juan Miguel Gelacio y Esteban Hoyos García que participa en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián 2026. La cinta aborda desde la ficción las consecuencias humanas de la desaparición de personas durante el conflicto armado colombiano.

La producción, una coproducción entre Colombia y Estados Unidos de 84 minutos, tiene como protagonista a Martha, una mujer que perdió el rastro de su hijo y que, después de agotar diferentes caminos institucionales, se acerca a un grupo de mujeres que también buscan respuestas sobre sus familiares.

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El filme llega a San Sebastián después de su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, donde hizo parte de la competencia por el Globo de Cristal. Antes de convertirse en largometraje, el proyecto participó en el Work in Progress Latinoamérica de San Sebastián bajo otro título y recibió un reconocimiento de la industria.

Una historia centrada en las madres buscadoras

La película sigue a Martha, interpretada por Jenny Nava, quien recibe la noticia de que en una exhumación no fue encontrada una coincidencia ósea que permitiera avanzar en la identificación de su hijo. Ante la falta de respuestas, termina recurriendo a otras mujeres que atraviesan situaciones similares.

De acuerdo con la sinopsis oficial del Festival de San Sebastián, Martha conoce a Sandra, quien le habla de un rumor relacionado con un pueblo remoto de las llanuras donde, según la historia, se puede pedir un favor a un muerto. Ambas emprenden entonces un viaje en busca de respuestas.

Para sus directores, el objetivo no es únicamente reconstruir los hechos relacionados con las desapariciones, sino acercarse al impacto que estas situaciones tienen sobre las familias. Juan Miguel Gelacio explicó a EFE que la película tiene una carga política, pero que su intención principal es presentar un retrato humano marcado por el dolor y la vulnerabilidad.

El proyecto nació, según lo relatado por sus realizadores, a partir de la experiencia de Gelacio en la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD). La intención inicial era convertir las cifras de desaparecidos en historias que permitieran al público comprender las consecuencias de la desaparición para las familias.

El trasfondo de los llamados ‘falsos positivos’

La historia también pone el foco en los llamados ‘falsos positivos’, término utilizado para referirse a ejecuciones extrajudiciales de civiles que fueron presentados como integrantes de grupos armados muertos en combate.

Los directores explicaron a EFE que, al comenzar el proyecto, buscaban preservar la memoria de las víctimas. Posteriormente, según su propio relato, consideraron que el contexto político del país daba una nueva dimensión a la película.

Las afirmaciones de Gelacio y Hoyos sobre el actual Gobierno y sus políticas de seguridad corresponden a la interpretación de los propios realizadores. El presidente Abelardo de la Espriella asumió el cargo el 7 de agosto de 2026 y su Gobierno ha anunciado una política de confrontación directa contra grupos armados y el cierre de las mesas de diálogo y conversaciones sociojurídicas creadas durante la administración anterior.

En entrevista con EFE, los cineastas relacionaron ese contexto con la necesidad que, desde su perspectiva, existe de recordar los hechos ocurridos durante el conflicto. Sus declaraciones hacen parte de la lectura política que los realizadores hacen sobre el momento en que llega la película a las salas y festivales.

137.000 personas desaparecidas

El trasfondo de la película está relacionado con una problemática que continúa teniendo una dimensión nacional. La UBPD registra actualmente un universo de 137.000 personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado colombiano. La entidad señala además que el 48,5 % de esos casos corresponden a desapariciones ocurridas durante la década de 2000.

Las cifras permiten dimensionar la situación que sirve como contexto para la película. Detrás de cada registro existen familias que continúan buscando información sobre el paradero de sus seres queridos.

La UBPD desarrolla una búsqueda humanitaria y extrajudicial destinada a establecer la suerte y el paradero de las personas desaparecidas. La entidad mantiene equipos territoriales y procesos de investigación en diferentes regiones del país, mientras las familias participan en la entrega de información y en distintas etapas de la búsqueda.

Cuatro años de trabajo para llevar la historia al cine

‘Cinco años, cuatro meses’ comenzó como un cortometraje y posteriormente se transformó en un largometraje. De acuerdo con sus directores, el proceso de desarrollo tomó cerca de cuatro años.

La película fue seleccionada inicialmente para espacios de industria del Festival de San Sebastián. En 2025, cuando todavía llevaba el título ‘A la hora de poner la mesa ya no éramos cinco’, recibió el Premio EGEDA Platino Industria al Mejor WIP Latam. Posteriormente adoptó su título actual y continuó su recorrido internacional.

En julio de 2026 tuvo su estreno mundial en Karlovy Vary y posteriormente fue incluida en la programación de Horizontes Latinos de San Sebastián. El festival confirmó que la cinta fue dirigida por Gelacio y Hoyos García, producida por Selva Producciones y coproducida con Estados Unidos.

Con su paso por San Sebastián, la producción colombiana continúa su recorrido internacional con una historia de ficción que toma como punto de partida la búsqueda de una madre y la convierte en una aproximación al duelo, la memoria y la ausencia que viven miles de familias colombianas.

La película, más que reconstruir un expediente judicial, centra su relato en la experiencia de quienes siguen buscando. En ese sentido, sus realizadores plantean el cine como una herramienta para acercar al público a una problemática que durante décadas ha dejado cifras, expedientes y, sobre todo, familias a la espera de respuestas.