Saltar al contenido

Cuadernos negros, resistencia cultural

ARCHIVO PARTICULAR.

José Nodier Solórzano Castaño

jueves, 2 julio 2026

COMPARTIR LA NOTICIA:

Durante más de medio siglo, Umberto Senegal ha sido uno de los protagonistas de la gestión cultural del Quindío.

Desde Calarcá ha impulsado revistas, editoriales, investigaciones y proyectos literarios que han fortalecido la memoria cultural de la región.

Hay historias culturales que nacen en los grandes centros editoriales y otras que florecen lejos de ellos, impulsadas únicamente por la convicción de quienes creen que los libros siguen siendo una forma de resistencia cultural, necesaria para construir territorio. La historia de Cuadernos Negros pertenece a este último grupo.

Su origen está estrechamente ligado a otra experiencia editorial que dejó una profunda huella en la cultura quindiana: Ediciones Kanora, fundada y dirigida por Umberto Senegal. Durante cerca de treinta años ese sello publicó autores, rescató textos y alimentó una actividad editorial constante desde Calarcá.

Mientras Kanora llegaba a su fin, otro trabajo comenzaba a despertar interés entre los lectores. Se trataba de Minificciones, una revista especializada exclusivamente en el minicuento, coordinada por Umberto Senegal junto con la entonces joven estudiante Leidy Bibiana Bernal.

La publicación resultaba novedosa para el panorama literario colombiano. En un momento en que la minificción apenas comenzaba a consolidarse como un género reconocido, una revista dedicada por completo al relato hiperbreve representaba una apuesta poco común.

Poco a poco, aparecieron nuevos números hasta completar cerca de noventa ediciones consecutivas. Los ejemplares circulaban por distintos municipios del Quindío y llegaban igualmente a lectores de otras regiones del país interesados en una modalidad narrativa que ganaba cada vez más prestigio en Hispanoamérica.

Senegal y Bernal comenzaron a pensar que los cuentos breves podían convivir con pequeños libros igualmente sobrios, económicos y de cuidada presentación. La intención era editar cuadernos de reducido paginaje que conservaran una identidad visual permanente y pudieran convertirse en una colección reconocible para los lectores.

Lea también: Tintortulia “La No Violencia de Gandhi”, una experiencia cultural, esta semana en Teatro Azul

No se trataba únicamente de imprimir libros. Se buscaba construir un sello editorial. Así nació Cuadernos Negros, nombre que terminaría identificando toda una trayectoria dentro de la edición independiente colombiana.

El primer volumen publicado fue Cuentos atómicos, de Umberto Senegal, impreso en Calarcá en 1995. Ese libro marcó el inicio de un proyecto que desde el comienzo tuvo en Leidy Bibiana Bernal a su directora y principal impulsora.

La joven editora asumió una responsabilidad que muy pronto empezó a recibir reconocimiento nacional. Su trabajo demostró que era posible producir libros de excelente factura desde una ciudad intermedia.

Los primeros años estuvieron dedicados a consolidar una colección coherente. En esa etapa inicial Cuadernos Negros publicó más de cincuenta títulos pertenecientes a escritores de diferentes regiones colombianas y también de otros países.

Desde sus comienzos buscó abrir espacio tanto para autores emergentes como para escritores de trayectoria, privilegiando la calidad literaria sobre cualquier otra consideración.

Con el tiempo, la relación profesional entre los fundadores siguió caminos distintos. Umberto Senegal se retiró del proyecto y Bibiana Bernal decidió darle continuidad, iniciando una segunda etapa que conservó el color negro característico de la colección, aunque introdujo cambios en el formato físico de los libros.

Durante ese período desempeñó igualmente un papel importante el escritor Felipe Orozco, cuyo trabajo contribuyó al fortalecimiento editorial del sello. Lejos de disminuir su actividad, Cuadernos Negros amplió progresivamente su catálogo y terminó superando el centenar de títulos publicados.

Uno de los aspectos que mejor explica su permanencia ha sido la claridad de su propuesta editorial. Desde un principio la editorial se caracterizó por el cuidado del diseño gráfico, el pequeño formato de sus publicaciones, una rigurosa selección de originales y un permanente interés por la poesía y la minificción.

La narrativa breve dejó de ser el único centro del catálogo y aparecieron colecciones dedicadas a la poesía, el cuento, la novela, el ensayo, la literatura infantil, las antologías y los estudios de investigación literaria.

Ese crecimiento convirtió a Cuadernos Negros en una editorial abierta a distintas formas de creación. Entre las publicaciones más representativas sobresalen los volúmenes dedicados a Fernando Pessoa, realizados en colaboración con el estudioso y traductor colombiano Carlos Ciro. Aquellos homenajes al  poeta portugués constituyeron una iniciativa inédita en la región y evidenciaron el interés de la editorial por establecer puentes entre la literatura universal y los lectores colombianos.

La historia del sello dio un salto cuando pasó a convertirse en la extensión editorial de la Fundación Pundarika, organización cultural presidida por Bibiana Bernal. Desde entonces el trabajo dejó de concentrarse únicamente en la publicación de libros. La fundación impulsó investigaciones, talleres de creación, festivales, concursos literarios y diversos proyectos de circulación internacional.

En asocio con el diario El Espectador hizo algunas versiones de un concurso de novela breve, de donde salieron premiadas obras como Otra Menos, de Santiago Jiménez Quijano, en 2018, y Umbral, de Juan Carlos Pino en 2020.

Quizá uno de los mayores aportes de Cuadernos Negros haya consistido precisamente en contribuir a la consolidación de la minificción como un género plenamente reconocido. Con el paso de los años el catálogo comenzó a incorporar escritores procedentes de todo el país y posteriormente autores latinoamericanos y europeos. Esa apertura convirtió al sello en un espacio de encuentro entre generaciones, estilos y geografías distintas. Hoy su catálogo supera ampliamente el centenar de títulos.

Cada uno representa una apuesta por la bibliodiversidad, entendida como la posibilidad de que existan múltiples voces, distintas formas de escribir y diferentes maneras de editar.

Como ocurre con buena parte de las editoriales independientes colombianas, Cuadernos Negros ha debido enfrentar dificultades financieras permanentes y una reducida presencia en los medios digitales de promoción editorial. No obstante, esas limitaciones nunca impidieron consolidar un prestigio construido sobre la calidad de las publicaciones y la seriedad de su trabajo editorial.

En el panorama cultural del Quindío resulta difícil encontrar una experiencia semejante. Hoy la editorial tiene su sede en Armenia, ciudad donde reside Bibiana Bernal, aunque su historia continúa profundamente vinculada con Calarcá, lugar donde nació la idea y donde comenzaron a imprimirse los primeros cuadernos.

Allí permanecen también las raíces de una experiencia que ha demostrado que la cultura no depende exclusivamente de los grandes presupuestos, sino de la persistencia de quienes creen en ella. En una época marcada por la concentración editorial y por las dificultades que enfrentan los pequeños sellos para sobrevivir, Cuadernos Negros constituye una prueba de que la independencia sigue siendo posible.

Su trayectoria confirma que desde una ciudad como Calarcá puede construirse un proyecto con reconocimiento nacional e incluso internacional, capaz de abrir oportunidades a escritores de diversas generaciones y de enriquecer el patrimonio bibliográfico colombiano.

Más que una editorial, Cuadernos Negros representa una forma de entender la cultura. La certeza de que cada libro publicado amplía el territorio de la literatura y de que, detrás de cada volumen de tapas negras,  permanece intacta la voluntad de quienes decidieron convertir la edición independiente en un ejercicio de resistencia cultural.

Esa es su mayor contribución a la historia literaria del Quindío y una de las razones por las cuales su nombre ocupa hoy un lugar propio en Colombia.

*La autoría de este texto se comparte con la información dada por Umberto Senegal, la propia y la gestionada con inteligencia artificial.