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Una semana después del aterrador terremoto de 2026 la arquitectura vernácula del Eje Cafetero entra en una etapa difícil.

Resulta irónico pero hace 30 años, en 1996, para celebrar las tres décadas de creación del departamento del Quindío, la Dirección de Cultura, Artesanía y Turismo de la Gobernación del Quindío (nombre que por esa época tenía la hoy Secretaría Departamental de Cultura) lanzó el Concurso de “El pueblo más lindo del Quindío”.

Irónico porque, 30 años después, el espíritu de dicha convocatoria riñe con el estado actual de la arquitectura de la colonización en varios pueblos del Quindío. Las razones son variadas pues el estado que, en ese momento, presentaban las casas tradicionales de bahareque dista mucho de sus condiciones actuales.


Apenas se comentaba, desde 1995, de la posibilidad de tener una población de la región en la Lista de Patrimonio de la Humanidad, ya que eso apuntaba a Salamina en el departamento de Caldas. Fue a partir del año 2000, y a raíz de la ocurrencia del terremoto de 1999, cuando se amplió la posibilidad de esa consideración y se tuvieron en cuenta a todos los municipios del Antiguo Caldas, sur de Antioquia, Norte del Valle del Cauca y oriente del Tolima. Lo que desembocó, en 2011, en la inscripción de gran parte de ese territorio en la Lista de Patrimonio de la Humanidad como Paisaje Cultural Cafetero Colombiano, identificado con la sigla PCCC.

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La ocurrencia de otro sismo, el del 10 de agosto de 2026 (más fuerte y prolongado que el ocurrido en 1999), más los cambios que ha sufrido la arquitectura de la colonización del Eje Cafetero, por cuenta de un turismo desbordado, nos pone a pensar en el riesgo que están sufriendo las casas más antiguas de la región, que han conformado históricamente la resistente arquitectura del bahareque, elemento único y singular de la fortaleza del PCCC.

Una semana después del aterrador terremoto de 2026 la arquitectura vernácula del Eje Cafetero entra en una etapa difícil, pues municipios enteros han sido afectados, como El Cairo (Valle del Cauca), Marsella (Risaralda) y Génova (Quindío), para mencionar solo tres de este gran conjunto de pueblos del bahareque. Esas casas hermosas entran en una etapa de evaluación de sus estructuras y es probable que se tomen decisiones extremas como la demolición de muchas.

Por eso es importante recordar los aspectos que llevaron, en 1996, a lanzar la convocatoria de “El pueblo más lindo del Quindío”, para renovar nuevamente el lema que se tuvo en cuenta en ese momento, y que debería ponerse otra vez en valor en este año 2026, después de la tragedia. La frase que caracterizó al concurso,hace 30 años, fue la siguiente:

“Para recuperar sentimientos de solidaridad, el conocimiento y protección del Patrimonio cultural”.

En 1996 se editó un plegable sencillo que anunciaba las condiciones y las bases del concurso ‘El pueblo más lindo del Quindío’. Se incluyó una acuarela del artista calarqueño Hernando Jiménez en la que aparece la plaza de Bolívar de Armenia en el año 1936. En los siguientes términos se difundió ese concurso a las comunidades:

“Cada región o país posee acontecimientos, conocimientos, costumbres, manifestaciones del espíritu, elementos de la vida diaria que conforman el Patrimonio cultural de sus gentes…

… Todo aquello que muestre cómo se vive es un bien cultural y es la arquitectura doméstica uno de los más importantes…

… El legado que hemos recibido de nuestros mayores tiende a transformarse en un recuerdo vago ante el desarrollo acelerado de nuestros pueblos, el desconocimiento y desamor de las costumbres y el avasallamiento de otras culturas…

… Es objetivo del gobierno departamental fomentar y ayudar a la defensa de los bienes culturales promoviendo a través de este concurso la identidad cultural y las raíces de las nacionalidad”.

Los objetivos del concurso se dirigieron a motivar una acción cívica de los habitantes de los municipios del departamento para el mejoramiento del aspecto físico de sus pueblos, lo que llevó a que por lo menos cuatro, Salento, Filandia, Pijao y Quimbaya, recuperaran el sentimiento de solidaridad, despertaran el trabajo comunitario e impulsaran campañas de mejoramiento urbano desde el punto de vista físico, traducido en el embellecimiento de sus fachadas, antejardines, aseo y armonización de sus calles.

El concurso contó con asesoría de especialistas en arquitectura, paisajismo, restauradores y profesionales de las Ciencias Sociales. Se constituyó un Grupo Asesor central, donde se destacaron los arquitectos René Antonio Flórez y Enrique Barros, el artista Hernando Jiménez y la gestora cultural Nora Cecilia Garay. La organización corrió por cuenta de la entonces gobernadora Belén Sánchez Cáceres, Teresa Restrepo de Sabogal como directora de la Oficina de Cultura Artesanía y Turismo y María del Pilar Ocampo Maya de la División de Turismo.

Los aspectos a calificar fueron los siguientes:

– Mantenimiento de los inmuebles, entendiéndose como el cuidado del municipio en cuanto a pintura, arreglo de calles, andenes y otros aspectos urbanísticos.

– Embellecimiento, entendido como lo relacionado con la decoración, buen estado de las zonas verdes, jardines, antejardines y arborización, en el que se daba mayor importancia a las especies nativas.

– Aseo, traducido en la limpieza de las calles, los antejardines, las fachadas del parque principal, estado de su Plaza de Mercado, entre otros elementos.

Pero el aspecto más importante a tener en cuenta fue el arquitectónico. El plegable estipuló lo siguiente:

“…Se calificará la armonía del municipio, independientemente de la época de su fundación. La conservación de sus casas originales o la construcción en armonía con las ya construidas.Se recomienda una buena presentación de las obras de bien común”.

El último aspecto anunciado fue señalado como el del espíritu cívico. Se refería a “las buenas relaciones existentes entre la comunidad en general,su colaboración demostrada en beneficio del municipio para el presente concurso, más la información que la comunidad tenga de su propia historia y geografía”.

Dos localidades fueron seleccionadas como “el pueblo más lindo del Quindío”, en dos años consecutivos. La primera fue Pijao y la segunda fue Filandia.