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A sus 75 años, Dan Dan Metamorfosis continúa recorriendo las calles de Armenia con su guitarra, su filosofía de vida y un mensaje de paz que conserva intacto desde los años 60.

El movimiento hippie de la década de los 60 del siglo XX todavía ronda en la presencia de un habitante de Armenia. Es un personaje singular. Su nombre no importa tanto como su mote, Dan Dan Metamorfosis, como prefiere que le llamen.

Aunque la inquietud por conocer más detalles sobre su presencia ciudadana nos llevó, en el año 2010, a tener en cuenta la primera reseña que sobre él se hizo en publicaciones del Quindío. La revista institucional “Así somos” de Comfenalco Quindío (la número 56), correspondiente al trimestre octubre-diciembre de 2004, sacó a la luz una nota que dio información sobre sus datos personales:

“…Los documentos dicen que nació un 20 de diciembre de 1951. Es bachiller del colegio Carlomagno de Armenia y Técnico Agropecuario del SENA. Ha dado miles de conciertos gratuitos y sólo aspira a la bondad de un aplauso, porque el dinero es para él, el origen de todos los males”.

Mucha inquietud despertó conocer sobre este ser tan especial en dos de las estudiantes de mi curso de antropología en una universidad de la capital del Quindío. Desde la dinámica de la Formación Humana, buscaba dicho centro universitario que sus alumnos conocieran mejor la ciudad, recorrieran e interactuaran con los habitantes en sus sitios de encuentro y se percataran de cómo son sus hombres y mujeres de la cotidianidad histórica.

Nos pusimos en la tarea, entonces, de hacer contacto con “el último hippie”, como lo tituló dicha revista, en aquella corta pero significativa semblanza.

Encontramos a Dan Dan en el año 2010, recorriendo las calles de la ciudad y, en efecto, al hacer contacto con él, en son de buena charla, constatamos lo que se había divulgado. Tranquilo, pausado, un ser de profunda convicción sobre el bienestar de la humanidad, que no se preocupa por lo que el agitado ajetreo de las calles que recorre a diario pueda afectarlo en su integridad personal.

Más bien se da con amabilidad al ciudadano que lo aborda. Se detiene varias veces, desde el sitio donde vive en Armenia -una urbanización del sur- para descansar y tocar una melodía con su guitarra, la que siempre lleva consigo. Lo invade, como lo pregona la canción famosa, el espíritu del caminante que “hace camino al andar”.

Todos dicen que nunca lo han visto abordar un vehículo de transporte urbano, porque en el trasegar de su cuerpo delgado, también entiende que caminar es fuente de salud.

María Alejandra Vélez C., una de las estudiantes, lo describió así en el texto de un pequeño informe de terreno, el que conservo con mucho celo, porque es la impresión escrita de alguien que encuentra en el resto de las personas el tesoro de las personalidades populares.

Dan Dan Metamorfosis es un nombre adoptado porque, como el entrevistado le transmitió a la inquieta pesquisadora, ello “significa, en japonés, “Lento Lento, sin afanes”. Y añade el importante texto consignado por María Alejandra:

“…Sin prisa vive pasiva y profundamente, escucha atentamente y piensa cada una de las palabras que va a decir, con la parsimonia y serenidad que lo caracteriza…

… A pesar de estar en el 2010, es un ser humilde, humano con gran capacidad de asombro por las mínimas cosas de la cotidianidad, un ser original que para cualquier forastero sería muy fácil identificar. Sus tradicionales atuendos no lo hacen menos invisible y para una persona contemporánea a él, posiblemente evocará recuerdos de los años 70 ya que él aún vive en esa época…

… Gafas redondas, largos rizos en su cabeza aunque algo escaso en la frente, camisas manga sisa, pues detesta las mangas cortas o largas, jean por lo general con alguna flor o algún animal silvestre pintadas por él en sus momentos de inspiración, botas amarradas años 70, su portafolio ejecutivo, la “mochila”, y dentro de ella dos artículos inseparables: una sombrilla y una flauta con la cual encuentra momentos de relajación”.

Al acercarme a él, en el parque de Los Fundadores de Armenia, en medio de su pausa, me recibió con su especial saludo, “shalom” (que significa paz), más un choque de la palma de la mano para, según él, cuidar las manos, su herramienta de trabajo, pues es “lo más importante que tiene el ser humano, ya que se evita que la energía de cada uno se pierda al dar un simple apretón”. Me permitió, además, registrar dos fotografías, una de ellas en su compañía, que conservo con mucho aprecio.

La otra estudiante, Esperanza Fuentes, hoy psicóloga de profesión, como lo es también María Alejandra, quiso ir más allá de la entrevista que emprendió, como cualquier etnógrafo que se interesa por el ser humano. Y así lo muestra en su informe universitario que tituló “Historia de Dan Dan Metamorfosis”:

“… Dan Dan es un hombre de 58 años, con profesión músico, filósofo, pintor y yoga, hace 40 años protesta haciendo canciones y poemas en contra de la guerra. Es un hombre muy espiritual. Toca la flauta todas las mañanas como una forma de orar y cree que la palabra que uno lanza hacia el otro tiene una gran fuerza hacia uno mismo…

… Su historia comienza cuando al terminar su bachillerato uno de sus docentes le pregunta: Qué piensas hacer ahora? Él muy seguro le contesta. Hippie. Y es así como desde ese momento empieza a luchar por su sueño, sueño que inicia con tomar la dura decisión de irse de la casa, cuando su padre le dice: Te cortas el pelo o te vas? Él muy firme de lo que quiere le contesta: me voy, y se va…

… Es entrar en un mundo que hasta hoy le ha regalado toda clase de experiencias, unas muy buenas como haber podido llegar a la Sierra Nevada de Santa Marta y poder compartir con la cultura indígena de los kogi y vivir allí momentos hermosos”.

Pero no todo fue para él color de rosa. Sufrió persecución por la policía, por su pinta de hippie, fue encerrado en un calabozo y maltratado. Y sigue acotando el texto de Esperanza:

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“…Este significativo hecho lo lleva a lanzar voces de protesta, a componer 17 canciones donde canta en contra de la guerra. Una de ellas dice lo siguiente: “Si me llaman a la guerra no voy. Si me llaman a la guerra, al paredón… De quién es la tierra, de quién es el mar, somos luz al despertar, por los niños, si de verdad aman la paz, sin banderas, sin fronteras, sin bombas atómicas que nos hacen llorar, que nos digan la verdad. De quién es la tierra y el mar?”.

Pero la vida de Dan Dan también se ha movido en el arte. Es pintor y dos de sus obras fueron exhibidas en Armenia. Una de ellas, en el proyecto vial que una entidad oficial nacional cristalizó en la Avenida del Café. Allí, durante muchos años, se pudo apreciar, llevaba por título “Después de la guerra?” (1990). La otra, un mural titulado “Un cisne, volando al sol”.

Dan Dan todavía está activo y camina por las calles de Armenia, solo con su hippismo, mantiene la serenidad de siempre y el deseo de vivir en un mundo donde se respire paz y unidad, y donde pueda entregar todo ese potencial que lleva adentro. Para lograrlo se ha refugiado en el yoga y así ha logrado llevar una vida más espiritual y profunda.

Tal vez Armenia sea la única ciudad de Colombia donde encontramos a un personaje tan especial, que encarna el pensamiento libre de finales de los 60 del siglo XX, cuando la humanidad se revolucionó con las noticias de los festivales musicales de tipo hippie, los que lograron reunir a miles de jóvenes que llevaban sus guitarras eléctricas. Se convirtieron ellos en un fenómeno social y esporádico que marcó un momento de la humanidad. Estos muchachos llegaban a remotos lugares y formaron el movimiento contracultural más famoso, el hippismo, un simple acto de grupo juvenil que encarnó un hecho de innegable importancia, porque se situó en un plano de la realidad, el de protestar, pero sin fines políticos, y con absoluto desprecio por todas las formas normales de sociedad y tradición que, irónicamente, pudieran llevar a la guerra.

Dan Dan Metamorfosis no estuvo en Woodstock, el pueblo de Estados Unidos donde se congregaron medio millón de jóvenes, durante cuatro días, en el mes de agosto de 1969. Y tampoco estuvo en otros países, donde la rebeldía se expresó, pero sí conservó su espíritu. El que hoy, a sus 75 años, todavía vive con plenitud, el de querer vivir en un mundo sin conflictos.