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Un estremecedor testimonio de fe, resiliencia y esperanza tras superar una tragedia en La Línea.

Hace 30 años, el 2 de diciembre de 1996, la carretera que comunica a Ibagué con Armenia —llamada popularmente el paso de La Línea—, fue nuevamente el escenario trágico de uno de los dolorosos sucesos que suceden en la concurrida vía montañosa. Esa tarde noche, un bus intermunicipal que cubría la ruta Bogotá – Pereira se accidentó, provocando una de las noticias más desgarradoras de la época decembrina.

Para evitar el choque de frente con un camión que había invadido su carril en una curva, el conductor tomó la decisión de lanzar el automotor hacia un abismo de más de cien metros de profundidad. Los somnolientos pasajeros despertaban y solo se escuchaban los gritos del rápido volcamiento, golpeando árboles y rompiendo el terreno. Ello representó la muerte para la mayoría de los viajeros.

Pero dos vidas se salvaron de milagro. El trance que una madre y su hija debieron soportar, durante los segundos más inolvidables de su existencia, al sobrevivir al fatídico accidente, es el tema que aborda Martha Rincón en su libro. Ella es una quindiana que ahora reside en Estados Unidos y ha decidido relatar los duros momentos en la obra titulada ‘El milagro de sobrevivir y sanar vidas’, publicada en esa nación el pasado mes de abril de 2026.

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Como se escribe en la contraportada, un texto sencillo presenta una síntesis del contenido:

“Martha es una madre, mujer de fe y autora colombiana del libro, una obra basada en la historia real de su hija quien sobrevivió a un grave accidente en la infancia y hoy es doctora…

…Martha escribe impulsada por el amor, la gratitud y el profundo deseo de llevar esperanza a quienes atraviesan momentos difíciles. Decidió compartir su testimonio como una forma de honrar la vida, la fe y el propósito que puede surgir incluso en medio del dolor”.

Cuando Martha reaccionó, detenido el bus al borde de una quebrada, su hija de tres meses de edad, no estaba con ella. Así lo relata:

“…mi bebé salió de mis brazos, ese momento fue como si mi alma hubiese sido arrancada de mí, no veía nada, solo sentía un vacío desgarrador, creía que la estaba perdiendo”.

Se vió entre cuerpos de pasajeros fallecidos y otros gravemente heridos, para ella fue una escena catastrófica e indescriptible. Pero encontró a la niña, estaba a un metro de distancia de ella, viva, llorando suavemente.

El milagro de sus vidas apenas comenzaba. Fueron trasladadas al hospital de Armenia. Martha solo presentaba contusiones, pero la niña vomitaba sin parar y el diagnóstico de los médicos fue desgarrador, presentaba un trauma craneoencefálico.

La niña fue trasladada a Pereira para mejor atención médica, el 5 de diciembre, preciso el día del cumpleaños de Martha. En la capital de Risaralda, el médico neurólogo les informó que necesitaba extraer el coágulo del cerebro.

Esa noche fue de insomnio total, en su casa de Pereira, pues el médico les había ordenado a ella y a su esposo que regresaran al día siguiente para alimentarla. La bebé fue intervenida en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital San Jorge, esa noche.

Al día siguiente se les notificó que debía recibir otra intervención quirúrgica, lo que llenó de más incertidumbre a los padres atribulados. En la noche siguiente, la del 7 de diciembre, se repitió el procedimiento. Y después sucedió lo más esperado, como lo narra Martha:

“… Esta vez no vomitó… Gracias Dios mío.. Desde ese momento volví a sonreír, ella es y siempre será mi razón de vida”.

Las páginas siguientes narran con sencillez el desenvolvimiento de la vida posterior al milagro de ese 8 de diciembre, cuando ya la mejoría era extraordinaria. En esas condiciones pudieron celebrar la Navidad y comenzar la nueva oportunidad de vivir.

Cuando la niña tenía 13 años viajaron a Estados Unidos. Y lo que viene para ellos y para la hija es un compendio de relatos que muestran la realidad de la migración y el periodo de residencia en un país extraño. Y, también, el inmenso sacrificio de estudio, pues la hija se graduó como profesional en Medicina en la nación que los acogió.

Ahora ella, ya doctora, y quien se salvó de un aterrador accidente, no solo ha visto cumplido su sueño. Pues, como lo anuncia el título del capítulo 14, “sanar vidas” será su misión.

Una obra que deja lecciones de vida, de resiliencia y de dignidad, en un libro pequeño, de breves textos y sencillo, que se resume en el mensaje escrito en tres párrafos, por Martha, en la contraportada:

“Ver a mi hija luchar desde tan pequeña, aferrarse a la vida con una fuerza que superaba cualquier pronóstico, me enseñó el verdadero significado de la fe, fortaleza y el amor incondicional. Cada día que la vi crecer y sonreír fue un recordatorio que la vida es un regalo sagrado y que incluso en los momentos más oscuros, la luz puede abrirse paso…

… Su milagro no fue solo sobrevivir a un accidente; su milagro fue convertir la prueba en propósito, el sufrimiento en vocación y la adversidad en una misión de servicio. Hoy, verla convertida en doctora, ayudando a otros y ofreciendo esperanza, es la confirmación de que nada de lo vivido fue en vano…

..Hay milagros que cambian destinos, que transforman familias y que reescriben la historia de una vida entera”.