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Un mito lunar de los Barasana revela una historia de deseo, transgresión y renacimiento, pieza central de sus ceremonias sagradas y de su visión del mundo.

Los siguientes son fragmentos de un mito relacionado con la Luna, parte de la cosmogonía de un pueblo amazónico de Colombia:

“Luna (Muyhu) tenía una hermana que se llamaba Meneri-Ya. Luna enamoraba a su hermana y cada hora de la noche iba a dormir con ella. Meneri-Ya creía que era otro hombre el que iba a dormir con ella. Ella hacía lo que quería y sentía mucho placer… …Después ella pensaba: “¿quién será el que viene a acostarse conmigo?”. Después dijo: “esta noche voy a probar para descubrir quién es el que viene a acostarse conmigo”… …Ella se mojó en tinta negra. Cuando vino el que se acostaba con ella le dio una palmada en la cara para pintarlo y poderlo descubrir al día siguiente. En el día conoció que era su propio hermano. Por eso Luna tiene manchas negras pintadas. Esa pintura se llama We (usada para decorarse en el cuerpo en las fiestas sagradas)… …Cuando ya estaba amaneciendo, Luna salió al puerto del río a vomitar. En ese tiempo se acostumbraba vomitar como remedio. Entonces se vio en el río como en espejo y vio el reflejo y le dio mucha vergüenza, y se lavaba y la mancha no se quitaba. Después se metió entre el agua. Bajó y se quedó muerto, se acabó su vida. Se resbaló a la playa y ahí se pudrió su cuerpo y se volvió hueso… …El papá de Luna, Mení (que es un tigre bueno), mandó a los Abyaba —los que hicieron todo lo de la creación— a que buscaran a Luna. Llegaron y sacaron fibras de cumare y llamaron a las hormigas para que les ayudaran a juntar los huesos. Después de que los juntaron los amarraron con las fibras de cumare. Cogieron hojas de tabaco y con eso tapaban el cuerpo encima de los huesos. De esas hojas se formó otra vez el cuerpo. Después encendieron un tabaco y lo fumaban, y con ese humo soplaban el cuerpo y el alma volvió y quedó vivo“.

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El relato anterior corresponde a la tradición oral de uno de los pueblos amazónicos, los Barasana, que viven en las riberas del río Pirá Paraná, en el departamento del Vaupés. Son solo unos apartes del mito indígena de la Luna, que el antropólogo Alfonso Torres Laborde rescató y publicó en El Tiempo el 18 de julio de 1969, en la página 5.

La publicación se hizo dos días antes de la llegada del primer hombre a la Luna. Para Torres Laborde era importante porque evocaba la trascendencia de esa fecha para la humanidad, pero también porque el mito es central para este grupo étnico, que realiza sus fiestas tradicionales de tres días y dos noches dentro de sus malocas. Allí no solo recitan la historia, sino que rememoran los detalles de sus orígenes. Lo hacen especialmente antes de la medianoche y al amanecer del segundo día, cuando han tomado pequeñas porciones de yagé, el enteógeno preparado de la planta sagrada, que los lleva al trance y les permite conexión con los espíritus ancestrales.

El ambiente rojizo de la fiesta al interior de la maloca amazónica.

El pasado 27 de agosto de 2026 sucedió un eclipse de luna. Ese evento me recordó que, en la misma fecha pero de 1983, en una comunidad Bará llamada Caño Colorado (un pequeño afluente del Pirá Paraná), tuve mi primer contacto con la vida ceremonial de esas poblaciones, hoy inscritas en la Lista de la UNESCO como los Chamanes Jaguares de Yuruparí, Patrimonio Inmaterial colombiano y de la Humanidad, aunque poco conocido por la mayoría de colombianos.

La noche del 27 de agosto de 1983 será doblemente recordada por mí. Porque por primera vez veía la acción del chamán amazónico, sentado en su banquito, recitando el mito mientras los demás oficiantes lo rodeaban. Y porque, 43 años después, a la misma hora de aquella experiencia (antes de las 12 de la noche), la luna comenzaba el proceso del eclipse, enrojeciéndose. Lo curioso es que dentro de aquella maloca, en ese momento inolvidable, también percibí un rojo intenso, producido por una madera llamada turí, que se quema por trozos cuando, en plena ceremonia ritual, los hombres danzan con sus plumajes y aderezos tradicionales.

En su escrito, Torres Laborde se refirió a la importancia del mito para los Barasana, pues “cada noche, durante varias semanas narran un episodio que interesa y anima a todo el grupo”. Además, el mito desarrolla el tema del incesto y deja una lección: el castigo de la Luna (que se personifica en el Sol, su hermano mayor) y la historia del nacimiento de un héroe.

Entre los indígenas del Vaupés, las personas pertenecientes al mismo grupo son consideradas hermanas; por lo tanto, toda unión matrimonial dentro de la misma comunidad se considera incesto.

Ceremonia dentro de la maloca amazónica.