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Ilustre patricio y ciudadano emérito nacido en la Colina Iluminada el 31 de diciembre de 1915 y fallecido en su ciudad natal el primero de febrero de 2012, sus padres Antonio María Brito y Zoila Rosa López, oriundos de Filandia Quindío, en dicho hogar cuatro hermanos: Rosa Amelia, Edelmira, Bernarda y Luis Arturo.

Cursó sus estudios básicos hasta primero de bachillerato, el nivel de estudios de la época en el afamado colegio de la Santísima Trinidad que funcionó en el recordado lote de Faro, que albergará próximamente la ciudadela de vivienda Suiza I, apartamentos que serán construidos por el gobierno departamental y la alcaldía de la colina iluminada.

Contrajo matrimonio con la distinguida dama Olga Zuluaga Brito, oriunda de la vereda El Congal, ya fallecida, en dicha unión ocho hijos: 1) Nubia, casada con el recién fallecido dirigente, líder cívico y ex alcalde Álvaro Urrea Montoya, un hijo Álvaro, 2) Irma, soltera, 3) Lucila, soltera, 4) Miriam, soltera, 5)  Lucero, soltera, 6) Carlos Alberto, 7) Gladis, casada con Iván Giraldo, ya fallecido, 8) Jairo Antonio casado con Claudia Lorena Marín, dos hijos: Juan David y Alejandro.

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Empresario y emprendedor

Desde muy joven comenzó sus actividades económicas y agropecuarias en la finca de sus padres llamada El Recreo en la vereda Maravélez de Alcalá, tierra que aún conserva la familia, donde el joven Luis Arturo comenzó su aprendizaje en la cría de ganado y en otros negocios que desarrolló en su dilatada existencia.

Desde niño aprendió el oficio de la montura y manejo equino y se fue convirtiendo en un magnífico jinete y reconocido domador y amansador, paralelamente fue peluquero, barbero, tendero, sin descuidar sus negocios constantes de ganadería, que lo fueron convirtiendo en un exitoso emprendedor. No fue ajeno a los negocios de café y en menor escala plátano.

Carrera pública y de servicio social

Concejal durante varios períodos, en los tiempos de verdadero civismo y colaboración con su amada aldea, igualmente fue miembro durante varios períodos del Comité Municipal de Cafeteros, miembro de la junta directiva de la antigua y servicial Caja Agraria, que dio paso al actual excelente Banco Agrario, de inmensa utilidad para los campesinos. En diversas oportunidades fue llamado como alcalde ad- hoc por su honorabilidad y personalidad sin tacha.

Con Carlos E. Restrepo Ramírez

Cultivó amistad con el ilustre y benemérito patricio, médico y político, tronco de la una familia de ilustres profesionales que han servido en distintos campos del saber a la nación colombiana, el inolvidable Carlos E. Restrepo Ramírez. Una hermana de Luis Arturo, Rosa Amelia, contrajo matrimonio con Horacio Ramírez, tío de los ilustres hijos de Carlos E. Rosa Amelia era una enfermera empírica y una reconocida partera de la aldea y, a su vez, asistía al médico Carlos E. en las visitas que hacía a los campesinos en sus fincas. En el museo La casa de los abuelos, se conserva con especial afecto, el maletín que usaba el médico samaritano en sus constantes visitas médicas a los más pobres de la población. El tío Horacio fue asesinado vilmente, pero su diligente esposa continuó sus labores al servicio de la comunidad, levantando y atendiendo su familia.

Arquitectura tradicional

Es necesario observar que las casas que mejor conservan la bella y exquisita arquitectura son las pertenecientes a la familia Brito. Tres de sus hijas viven todavía en una de ellas, en la inolvidable calle del tiempo detenido, conservando las ventanas auténticas de la arquitectura original filandeña.

La casa donde vive la hija mayor Nubia, en la plaza principal, constituye un tesoro histórico y arquitectónico, con sus hermosos ventanales antiguos que han resistido el paso del tiempo. De igual manera Jairo Antonio Brito ilustre comerciante, vive en la calle del tiempo detenido en una de las casas que heredó.

Otra de las hermanas de Don Luis Arturo llamada Edelmira, alcanzó la edad de 103 años y vivió en otra de las casas antiguas del tiempo detenido, estaba casada con el señor Salvador Arias inmigrante de Aguadas.

Habitantes de la vieja aldea que se fue

Con añoranza los últimos guardianes de la tradición histórica recuerdan las hermosas construcciones de la colina iluminada, a pesar que algunos habitantes se niegan a destruir el legado arquitectónico, la fuerza de las oleadas de turismo, el afán comercial y el interés económico, van dejando atrás el hermoso y valioso patrimonio de la región y el país. Por fortuna, aún supervive el amor de algunos habitantes como la familia Brito, que se niegan a su extinción y son guardianes insomnes del valioso legado. En buena hora.

Albergado como hijo adoptivo a finales del siglo XX, con mi familia tuve la suerte de vivir en la hermosa ciudad norteña, tranquila y sosegada, el mejor café mañanero y casi siempre con la neblina al frente de los ojos admirados, excelente calidad de vida y aldea tranquila para la vida feliz. En el parque de Bolívar rodeado de jardines y de campesinos, conocí a Don Luis Arturo, un personaje sencillo, bonachón, provisto de largas historias de colonización y negocios. Un ser humano hecho a pulso, digno padre de familia y ciudadano sin tacha. Con esta semblanza rindo testimonio de admiración a miles de agricultores que , como el señor Brito, supieron crear riqueza y trabajo e hicieron grande nuestro hermoso Quindío del alma, un ser humano que hizo de su trabajo denodado un homenaje a las mejores costumbres campesinas. En buena hora. Bravo.

 

Olga Lucía Zapata Brito, esposa. CORTESÍA.