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A sus 14 años, la deportista quindiana integra la Selección Colombia de Porrismo y en abril hizo parte del equipo que ganó el oro en la categoría Youth Coed Median del campeonato mundial de la International Cheer Union, en Orlando. Ahora se prepara para una nueva competencia internacional en México.

Para Ana Sofía Arbeláez Torres, el porrismo comenzó como una actividad que quiso probar junto con su hermana. Una invitación de su tío, entrenador del Club Cheer Xtreme, la llevó hace cerca de siete años a un entrenamiento. Desde entonces, aquella primera experiencia se convirtió en una actividad que combina estudio, entrenamiento y competencia.

A sus 14 años, la deportista quindiana integra la Selección Colombia y en abril viajó a Orlando, Florida, para participar en el ICU Junior World & World Cheerleading Championships 2026. El equipo nacional obtuvo el primer lugar en la categoría Youth Coed Median, por delante de Inglaterra y Ecuador. 

El resultado hizo parte de un proceso de preparación de ocho meses de la selección. Para Ana Sofía, llegar a ese escenario también implicó organizar sus horarios alrededor del colegio y los entrenamientos. Estudia en el Colegio del Sagrado Corazón Bethlemitas de Armenia y distribuye el resto de su tiempo entre las tareas, la preparación de sus implementos y las sesiones de práctica.

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Su vínculo con el deporte también viene de su familia. Su tío, con más de dos décadas de experiencia en el porrismo, fue quien la acercó a esta disciplina. Antes había practicado baloncesto, deporte relacionado con la trayectoria de su mamá, Mary Yolene Torres, quien integró la Selección Colombia de esa disciplina.

En los entrenamientos, Ana Sofía no solo trabaja sus propios movimientos. También ayuda a sus compañeras con posturas, conteos y ejercicios. Esa dinámica, dice, le ha permitido entender el deporte como una actividad colectiva en la que la coordinación y la confianza son tan importantes como la preparación individual.

Ahora tiene otro compromiso internacional. En septiembre viajará a Ciudad de México para participar con Colombia en el campeonato Panamericano de Porrismo, nuevamente en la categoría Youth Coed Median.

Mientras continúa con el deporte, también piensa en su futuro académico. Le interesan la ingeniería civil y la arquitectura, aunque no contempla dejar el porrismo, una actividad que practica desde niña.

¿Qué ha significado para usted hacer parte de la Selección Colombia y haber sido campeona mundial en Orlando?

Ha sido un gran logro para mí, porque no cualquiera puede llegar a ese nivel de Selección Colombia. Hay que tener los recursos y las habilidades para poder hacerlo. No es igual que las otras competencias que tenemos acá en mi ciudad, en el departamento o incluso en Medellín, que también son importantes, pero en una competencia internacional estoy representando a un país entero. En Estados Unidos competimos contra Inglaterra, Ecuador, Grecia, Corea, Argentina y todos los equipos eran muy buenos. Cada uno tenía sus habilidades y lo que representaba.

¿Cómo combina las ocho horas de estudio con los entrenamientos y la preparación para las competencias?

Estudio ocho horas, desde las 6:45 de la mañana hasta las 2 de la tarde. Los miércoles y viernes tengo entrenamiento a las 4. Trato de apurarme para hacer las tareas, almorzar rápido, preparar lo que tengo que llevar al colegio al día siguiente y después voy a entrenar. Si me falta algo, lo termino en la noche.

Los otros días tengo un poquito más de tiempo porque los entrenamientos son de dos horas, mientras que los miércoles y viernes son de cuatro. Entonces puedo hacer las tareas más tranquilamente y trato de adelantar cosas que no son obligatoriamente para ese día, para estar más tranquila después.

¿Qué ha aprendido como persona gracias al porrismo, más allá de las acrobacias y las competencias?

Aquí he aprendido mucho del trabajo en equipo. Eso me ha ayudado con la solidaridad, porque puedo ayudar a alguien que no tiene un elemento, corregir la postura, ayudarle con los conteos o a subir. Eso contribuye a todo el grupo. Ya somos muy amigas y también podemos incluir a las personas nuevas que ingresan al club.

El deporte me ha formado con valores como la empatía, la solidaridad y la responsabilidad: llegar temprano a los entrenamientos y dar lo mejor de mí. También me ha enseñado a valorar el esfuerzo que hacen nuestras familias en cada actividad para recaudar fondos que necesitamos para competir.

¿Qué significa volver a representar a Colombia, esta vez en el campeonato Panamericano en Ciudad de México?

Me he preparado mucho para la Selección Colombia, porque no es tan fácil. Hay que entrenar y entrenar, porque el cuerpo termina sintiendo todo lo que uno hace. En las concentraciones, cuando nos reunimos todos los de la Selección Colombia durante tres o cuatro días, trato de mejorar mi gimnasia y mis acrobacias, porque a veces aumenta la dificultad.

México también es importante para mí porque es otra presentación con las niñas del grupo. Es mi última concentración con ellas juntas, porque varias se van a ir o pasan de nivel y el equipo no vuelve a ser el mismo. Entonces quiero dar lo mejor de mí y representar a mi país por lo alto.

¿Cómo se financia su participación en las competencias y qué tipo de apoyo recibe?

Mi mamá trata de hablar con las diferentes organizaciones, pero no nos dan como tal un apoyo económico. Entonces el dinero sale de ella para pagar los tiquetes, los viajes a Bogotá y todo lo que se necesita para las competencias. Desde el club tratamos de vender cosas, especialmente alimentos para las mamás que esperan a sus hijas o para las niñas durante los descansos de los entrenamientos, y así ayudamos un poco.

De pronto no es tanto el apoyo económico que recibimos y esperamos, pero sí tenemos mucho apoyo emocional. Acá me dicen que puedo hacerlo, me animan a seguir y siempre están pendientes de mí. Valoro mucho ese apoyo porque, cuando a veces me siento mal o pienso que no quiero continuar, recuerdo a todas las personas que me apoyan, a mi familia y a mis amigas, y pienso que quiero hacerlo también por ellas.