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La asociación reúne a 28 artesanos y busca mantener los oficios tradicionales ante la industrialización y la falta de relevo generacional.

La Asociación de Artesanos de Calarcá, Asarteca, cumple 50 años de actividad en un oficio que ha cambiado con el paso del tiempo. La organización nació en 1976, cuando un grupo de artesanos decidió crear en el municipio un espacio para reunirse, gestionar oportunidades y dar visibilidad a sus trabajos.

Hoy, 22 mujeres y seis hombres integran la asociación y reúnen cerca de 30 oficios relacionados con la artesanía, entre ellos tejido, pintura, madera, bisutería, macramé, arte country, cerámica y torno.

Su sede está en el barrio El Jardín, en una casona de estilo republicano donada por Lucelly García de Montoya. El terremoto de 1999 derribó la construcción, que posteriormente los propios artesanos reconstruyeron. Allí funciona actualmente la sede, el taller y un punto de encuentro para los asociados, quienes se reúnen el primer martes de cada mes.

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Con motivo de sus 50 años, Asarteca realizará una feria artesanal el 3 y 4 de octubre en el parque Bolívar de Calarcá. José Jaiber Tirado Romero, uno de sus socios fundadores; Luz Adriana Rojas González, representante legal, y Ruby Lozano Henao, fiscal, hablaron con La Crónica del Quindío sobre el origen de la asociación, los cambios del oficio y las dificultades para garantizar su continuidad.

¿Cómo nació Asarteca?

José Jaiber: Éramos pocas personas y la artesanía era incipiente. Cada uno trabajaba en su casa, sin visibilidad, y todavía no existían las ferias artesanales. Yo iba a la asociación de Armenia, que se fundó primero, pero trasladarnos era muy difícil. Fue el señor Cardona quien dijo: “¿Por qué no hacemos una aquí?”. Él tenía experiencia en trámites con la Gobernación y nos ayudó a legalizarla. No había recursos; la papelería y los gastos salían de nuestro bolsillo. Nos reuníamos en la casa de Lesbia Trujillo, la primera secretaria.

¿Cómo fueron los años de mayor actividad de las ferias?

José Jaiber: La primera la hicimos en la Plaza de Bolívar, con ayuda de la Alcaldía, hacia 1979 o 1980, y fue un éxito total. Llegamos a reunir 220 artesanos y llenábamos hasta tres cuadras alrededor del antiguo Colegio San José, con invitados provenientes del Tolima, de la Costa y de Buenaventura. Vivíamos de lo que se cobraba por los puestos, hasta que una administración vio que era un negocio rentable y nos la quitó.

Hoy las ferias se mezclan con emprendedores y vendedores, y los verdaderos artesanos se desmotivaron. A mí también me tocó la industrialización: hacía calados y muñequería, y llegaron los productos importados y el corte láser, con el que una máquina hace en segundos lo que uno hacía a mano.

Sin apoyo económico de entidades públicas ni privadas, ¿cómo han logrado sostenerse todo este tiempo?

Luz Adriana: Con perseverancia. Somos 22 mujeres y seis hombres, y la junta directiva es en su mayoría femenina. Las ferias siguen siendo rentables, aunque ya no como antes, y en la asociación hay familias con hijos profesionales gracias a la artesanía.

Además, abrimos brecha con el acuerdo municipal que garantiza cuatro ferias al año: Semana Santa, junio, octubre y diciembre.

Hoy en Calarcá ya hay cuatro asociaciones y todas tienen derecho a esos espacios. También creamos la experiencia “Artesano por un día”, donde los turistas recorren los talleres del ceramista, el tornero y quien ensambla y, en medio de la experiencia, arman su propio balcón quindiano para llevárselo. Este año, por nuestro aniversario 50, la experiencia la viven los tinteros de Calarcá.

¿Todavía se valora el trabajo hecho a mano?

Ruby: Se ha desvalorizado mucho. La artesanía la aprecian más los extranjeros que los propios, y por eso las ferias con visitantes de afuera nos favorecen. Muchas veces la gente no quiere pagar lo que cuesta algo pintado a mano frente a lo comercial, y a veces nos miran por encima del hombro.

Ahora los hijos prefieren estudiar y no ven rentable “matarse todo un día pintando”. Si el tornero falta, se acaba el torno. Pensamos en llevar talleres a colegios y escuelas, pero esto tiene que ser un trabajo entre todos, también desde la educación.

¿Qué es ser artesano?

José Jaiber: Es quien trabaja con recursos de la naturaleza, o reciclando lo que ya no sirve, y lo transforma. Existe la artesanía tradicional, la que se hereda en las familias, como el ceramista que enseña a sus nietos, y la contemporánea. Ambas son válidas porque se hacen con las manos.

Luz Adriana: Nuestro mensaje es que la gente apoye a los pocos que quedamos y que los jóvenes no dejen morir el legado. Ojalá cumplamos otros 50.

Ruby: Es tener magia en las manos. Detrás de cada pieza hay una historia, y por eso no vendemos un pocillo sino “un sorbo de paisaje”, que le recuerda a uno a la abuela y el café en el colador. Para nosotros, Asarteca es una segunda familia.