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La experiencia de una familia frente a la discapacidad dio origen a una fundación que ha atendido a más de 12.000 familias.

La Fundación Social Somos Constructores de Vida, Covida, cumple 35 años de actividades en el Quindío. La institución ofrece terapias ocupacional, de lenguaje, psicológica y fisioterapia, incluida la modalidad hídrica, para población infantil y adulta.

Su historia comenzó a partir de una experiencia familiar. Gladys Amanda Ramírez Ríos, terapeuta ocupacional, decidió emprender un proceso de rehabilitación con su hijo Juan Sebastián Meneses Ramírez, quien nació prematuro y, según el relato de la familia, presentó una hipoxia cerebral después de un accidente en la incubadora.

Ramírez Ríos había trabajado en Bogotá con el Instituto Roosevelt, donde desarrolló interés por la rehabilitación de niños con parálisis cerebral. Cuando otras familias conocieron el proceso de su hijo, comenzaron a acercarse a ella. De esa experiencia surgió una escuela de formación para padres coterapeutas, que posteriormente se convirtió en uno de los pilares de Covida.

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Según cifras entregadas por la fundación, durante estos 35 años más de 12.000 familias han recibido atención. Entre los diagnósticos y condiciones asociados a sus procesos están el trastorno por déficit de atención, el autismo, el síndrome de Down, la parálisis cerebral y algunas condiciones que afectan a adultos mayores.

La trayectoria de la institución también recibió recientemente la Orden de la Democracia Simón Bolívar, en el grado de Cruz Comendador, distinción otorgada por el Congreso de la República.

La Crónica del Quindío dialogó con Santiago Meneses Ramírez, hijo menor de Gladys Amanda, hermano de Juan Sebastián y director financiero de Covida, sobre el origen de la fundación, el reconocimiento recibido y la continuidad del proyecto familiar.

¿Cómo nació la Fundación Social Covida y qué historia familiar hay detrás de este proyecto?

La fundación nació de la experiencia de vida de mi mamá, Gladys Amanda Ramírez Ríos, quien es terapeuta ocupacional. Ella llegó a Armenia con mi papá y sus hijos en 1990. Mi hermano Juan Sebastián nació prematuro y tuvo un accidente en la incubadora que le produjo una hipoxia cerebral y una lesión muy grande.

Los médicos dieron un pronóstico muy fuerte. Decían que no iba a caminar, hablar ni pensar y que iba a quedar completamente dependiente. Mi mamá decidió no aceptar ese pronóstico y comenzó a trabajar con él en un proceso de rehabilitación integral e intensivo.

A partir de esa experiencia, otras familias empezaron a acercarse a ella porque conocían el proceso de Juan Sebastián. Mi mamá les decía que no iba a rehabilitar sola a sus hijos, sino que les iba a enseñar a hacerlo junto con ellos. Así nació una escuela de formación de padres coterapeutas que posteriormente se convirtió en uno de los pilares de Covida.

¿Qué significa para ustedes que la experiencia de Juan Sebastián se haya convertido en el origen de una fundación que ha acompañado a miles de familias?

Para mí es algo muy especial porque nací dentro de la discapacidad. A mi familia le llegó un diagnóstico y un pronóstico, pero personalmente nací cuando esa realidad ya estaba presente. Por eso, para mí siempre fue normal ver a mi hermano desplazarse gateando, subir las escaleras sentado o necesitar ayuda para algunas cosas.

Eso hizo que nuestra relación fuera muy natural. Él es mi hermano mayor y siempre ha tenido ese papel de cuidar al niño de la casa, en este caso, a mí. También me siento orgulloso de mi familia, de mi hermano y de lo que hemos construido con la fundación. En estos más de 30 años han pasado por Covida más de 12.000 familias y hemos conocido muchas historias de rehabilitación.

¿Cuál considera que es el principal diferencial de Covida frente a otros procesos de rehabilitación?

La Escuela de Formación a Padres. Nosotros entendemos que no basta con que una persona venga tres veces a la semana a recibir terapia durante algunas horas. El resto de la semana también tiene que ser una oportunidad de rehabilitación.

Por eso formamos al cuidador y no le cobramos por ese entrenamiento. Puede ser el papá, la mamá, un tío, una abuela o cualquier persona que asuma esa responsabilidad. Queremos que el cuidador haga parte de las sesiones y aprenda cómo continuar el proceso en casa. Ese es nuestro factor diferencial: entender que la rehabilitación no termina cuando el paciente sale de la terapia.

Después de 35 años, ¿qué significó para ustedes recibir la Orden de la Democracia Simón Bolívar?

Fue algo muy significativo porque es un reconocimiento a todos estos años de trabajo. Fuimos toda la familia y tuvimos la oportunidad de contarle al país nuestra historia.

Para mí fue muy bonito que mi mamá recibiera este reconocimiento en vida, porque normalmente uno ve este tipo de homenajes cuando las personas que fundaron las instituciones ya no están. También sentimos que el reconocimiento ayuda a que más personas conozcan lo que hacemos.

Queremos que la gente entienda que en Armenia y en el Eje Cafetero existe una institución donde una familia que recibe un diagnóstico difícil puede encontrar acompañamiento y entender que no está sola. Hoy Covida continúa como un proyecto familiar y social.

La fundación también mantiene programas dirigidos a la comunidad. Durante el terremoto que afectó al Quindío, sus profesionales ofrecieron atención psicológica gratuita a vecinos del sector.