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Llegó al Quindío como practicante en 2004 y encontró en la atención de emergencias una forma de ejercer su vocación. En 2010 participó en la creación de la Fundación SOS Internacional, desde donde trabaja en capacitación, prevención, rescate y atención de emergencias.

Para David Fernando Mora Andrade, el servicio a los demás comenzó mucho antes de convertirse en su actividad profesional. Su acercamiento a la atención de emergencias empezó en la infancia, cuando ingresó como voluntario a la Cruz Roja, y tuvo uno de sus primeros grandes escenarios en el Quindío durante el terremoto de 1999.

Nacido en el Valle del Cauca y criado entre Cali, Palmira y otros municipios de ese departamento, llegó  al Quindío en 2004 para realizar su práctica como técnico en urgencias médicas en el Hospital La Misericordia de Calarcá. Después trabajó allí como instructor hasta 2008. Tras una etapa de estudios en el exterior, regresó en 2010 y participó, junto con otras cuatro personas, en la creación de la Fundación SOS Internacional.

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Desde entonces, la organización ha desarrollado labores de capacitación, prevención y respuesta ante emergencias. También cuenta con Arca, un grupo dedicado a la atención, rescate y cuidado animal. Tras el sismo del 10 de agosto de 2026, Mora y su equipo desplegaron personal en diferentes municipios del Quindío y Risaralda y mantienen actividades relacionadas con la atención de las comunidades afectadas.

¿Cómo nació la Fundación SOS Internacional?

Cuando regresé de estudiar en el exterior en 2010, la escuela, la Fundación Nacional de Especialistas en Rescate de Urgencias Médicas (ERUM), de paramédicos con la que trabajaba en Calarcá, ya no existía, pero la gente me seguía buscando para capacitaciones. Ahí fue cuando, gracias a unos contactos que había dejado en Estados Unidos, creamos la Fundación SOS Internacional bajo una estructura similar a la que habíamos trabajado antes. Iniciamos cinco personas, tres fundadores y dos de apoyo, y en cuestión de dos semanas ya teníamos un grupo de 20, integrado por egresados de la antigua escuela.

Más allá de la capacitación, ¿cuáles son las líneas de trabajo de la fundación?

El pilar más grande es el componente académico y de investigación, que fue lo que nos dio a conocer en el Quindío. También tenemos una parte operativa que trabaja en prevención y control de incendios, búsqueda y rescate en estructuras colapsadas y atención inicial de pacientes.

Desde 2016, cuando se reconoció a los animales como seres sintientes, creamos Arca, un grupo de atención, rescate y cuidado animal que trabaja tanto en emergencias como en campañas preventivas de bienestar animal.

¿Qué representó para la fundación el sismo del 10 de agosto de 2026?

Fue la primera vez que tuvimos que desplegarnos simultáneamente en varios municipios, porque el mismo día del sismo sucedieron los incendios de cobertura vegetal que afectaron a Pijao y llegaron hasta Génova. Antes siempre trabajábamos como un solo grupo; esta vez nos dividimos en tres o cuatro equipos y eso nos demostró que podíamos atender varias situaciones al mismo tiempo.

Hoy seguimos trabajando en los efectos secundarios del terremoto, sobre todo en el área rural, con quienes perdieron su sustento diario, como recolectores de café y jornaleros.

¿Qué le hace falta al Quindío para estar mejor preparado ante un desastre natural?

Creo que nos falta sensibilización. Muchas personas piensan que, como no les ha pasado, no les va a pasar. Además, tercerizamos la responsabilidad: pensamos que para eso están los bomberos, las ambulancias y las instituciones de socorro.

Pero el primer respondiente en una emergencia es la misma comunidad: el compañero de trabajo, el taxista, el profesor o el vecino. Después de un desastre hay un segundo desastre, que es la falta de preparación de la propia comunidad.

¿De dónde nace su vocación de servicio?

Esta vocación nace en la casa. Mi mamá estudió algo de enfermería y yo la veía aplicar inyecciones y hacer curaciones. Ayudar a alguien que lo necesita es una satisfacción indescriptible.

También pesa mucho mi formación católica y cristiana, porque la fe sin obras es una fe muerta, y eso me lleva a actuar, no solo a tener la intención. Y, en tercer lugar, ser papá. Tener una hija lo hace a uno preguntarse qué quiere heredarle a la sociedad, no solo en lo laboral, sino también en lo social.