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El jefe de la rotativa cuenta cómo aprendió el oficio de prensista y cómo vive la transformación del periódico impreso.

Detrás de cada edición impresa de La Crónica del Quindío y El Diario del Otún hay un proceso que el lector pocas veces conoce. Hoover Jaiver Quintero Castro, jefe de la rotativa donde se imprimen ambos periódicos, lleva 14 años en un oficio que aprendió directamente de sus compañeros y que combina conocimiento técnico, experiencia y trabajo manual.

A sus 39 años, recuerda cómo llegó a la planta como auxiliar, las dificultades de aprender un oficio que sus primeros compañeros habían ejercido durante décadas y el accidente que le dejó secuelas en un dedo. También habla de la transformación de los hábitos de lectura y de su deseo de continuar trabajando en la impresión.

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¿Cómo llegó al oficio de prensista y qué fue lo más difícil de aprender?

Por mi suegra. Ella era aseadora en el periódico y, cuando se pensionó, me recomendó para la máquina. Entré, me gustó el trabajo y fui ascendiendo: empecé de auxiliar y fui subiendo hasta que, gracias a Dios, llegué a prensista. Entré a los 25 años; ahora tengo 39.

Esto es un arte que no se aprende en cualquier lado. En ese momento, los compañeros eran señores de mucha edad y a veces eran un poquito recelosos con el conocimiento. Uno iba llegando a ellos, analizando cómo trabajaban, y así fue aprendiendo mucho. Pero sí fue complicado el tema del compañerismo, porque yo entré con 25 años y el menor tenía 50.

¿Por qué le gusta trabajar en este oficio?

Me parece muy bonito. Uno ve una imagen en un computador y, con una máquina tan rústica, la transmite a un papel a base de agua, papel y tinta. Cada día me gusta más y me esfuerzo para que la imagen llegue a ese tono tan bonito, cuando la foto sale con vida, con realce. Me parece muy apasionante porque es totalmente manual: pasar del computador a una hoja. Me gusta mucho ese arte.

¿Cómo es el proceso para llevar el periódico del computador al papel y cuánto tarda?

Los diagramadores hacen su trabajo y nos mandan una parte que se llama CTP, donde están las planchas metálicas. Allá se pasa el diseño, como una fotocopia, a una plancha metálica. A mí me las entregan por colores, por unidad: azul, magenta, amarillo y negro. Cada plancha trae un porcentaje de grosor y con eso vamos dando los tonos.

Ajustamos en la máquina para que todos los colores queden alineados, tanto en altura como lateralmente, y ya podemos pasar esas imágenes al papel. Ese es el periódico que todos los días el lector puede tomar en sus manos y leer.

La impresión como tal es muy corta; el proceso en CTP toma más tiempo que el de la máquina. En el plegado de planchas debo doblar las planchas metálicas que traigo de allá y me demoro 10 minutos. Luego las montamos en la máquina, otros 8 o 9 minutos, y después de que arrancamos a imprimir son 20 minutos. Estamos hablando de 35 a 40 minutos de impresión del periódico como tal.

¿Qué anécdota lo ha marcado en este trabajo?

Una mala: cuando uno está más joven, muy enérgico, metí la mano donde no debía y me estallé un dedo. Estuve 45 días incapacitado y, gracias a Dios, no lo perdí, pero sí me quedaron las secuelas. Fue solo por descuido y por acelerado, porque la máquina avisa cuando está en movimiento y cuando está quieta. Casi pierdo un dedo, pero por fortuna lo tengo completico.

Y una buena: las grandes amistades que hice. Aquellos señores que al principio me hacían el feo y me miraban como “el pelao”, “el pollo”, después de 14 años tenemos una buena relación. Uno se encuentra con alguno en un periódico de Manizales y la amistad sigue. Más que un grupo de trabajo, quedó como una familia, a pesar de la distancia.

¿Qué piensa de que el periódico impreso tienda a desaparecer y qué quiere hacer hacia adelante?

Es triste, da mucha tristeza. El señor de más edad es al que le gusta leer, llenar su crucigrama, y ver que el joven ya desprecia un arte tan bonito, porque todo lo ve en un celular o en un computador. Da tristeza ver que todo este trabajo que se hace día tras día lo aprecian cada vez menos.

Realmente sería un sueño pensionarme en este periódico, en esta planta que imprime tan buen periódico, pero se ve muy difícil: faltarían 20 y algo de años y, por la duración del periódico, no le veo tanta. Me gustaría algún día llegar a imprimir en la Imprenta Nacional, avanzar, llegar a empresas mucho más grandes en el tema de impresión