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Dos medallas de bronce en el Golden Bean, en 2025 y 2026, respaldan su apuesta por el café de especialidad y un modelo que integra la cría ovina.

Felipe Ramírez Echeverry, médico veterinario zootecnista de la Universidad de Caldas, encontró una manera de combinar dos actividades agropecuarias: cultivar café de especialidad y criar ovejas en la misma finca. Desde la vereda Villarazo, en Circasia, trabaja con su esposa, Estefanía Matheus Montes, en un modelo que busca aprovechar los recursos del predio y cuidar el suelo.

La pareja llegó al Quindío desde Manizales en 2015. En 2018 obtuvo la certificación orgánica para su café variedad Geisha, con alcance para los mercados de Estados Unidos y, posteriormente, de la Unión Europea. En 2021 compró la finca e incorporó ovejas de raza Dorper Blanco al cafetal. Un año después, el sistema recibió la certificación en Buenas Prácticas Ganaderas del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA).

El café también ha obtenido reconocimientos. En 2024 alcanzó 92 puntos en la escala de evaluación de la Specialty Coffee Association (SCA). En 2025 ganó el primer puesto del concurso Circasia Huele a Café y una medalla de bronce en el Golden Bean. Ahora, en octubre de 2026, consiguió otra medalla de bronce en la categoría de filtrados.

Un inventario realizado por Avistando Aves Andinas identificó 70 especies de aves en las cinco cuadras de la finca. La pareja también trabaja en la implementación de la norma ISO 9001, orientada a la gestión de calidad y la estandarización de procesos.

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¿Cómo nació la idea de integrar ovejas al cultivo de café y qué beneficios ha encontrado?

La idea surgió de nuestro propósito de reproducir algunas condiciones naturales en las que crece el café arábigo, originario de los bosques de Etiopía. Consideramos importante incorporar otros elementos al sistema productivo, entre ellos los animales.

Las ovejas ayudan a controlar las malezas y sus heces y orina aportan materia orgánica al suelo. Su pisoteo también es menos intenso que el del ganado vacuno. Además, sus excrementos se pueden recoger y aprovechar en la fertilización. Todo esto favorece la presencia de lombrices, escarabajos estercoleros y microorganismos que contribuyen a mejorar las condiciones del suelo.

Después de varios años de trabajo, ¿cuáles han sido los principales resultados?

Los resultados han sido mejores de lo que esperábamos. Lo más importante es comprobar que podemos mejorar las condiciones del suelo. En cualquier sistema agropecuario, la tierra es uno de los activos más importantes, porque de ella depende la producción de alimentos.

Un suelo sano favorece la actividad biológica y ayuda a que los cultivos aprovechen los nutrientes. Para quienes trabajamos en el campo, la responsabilidad consiste en producir alimentos y proteger los recursos que hacen posible esa actividad.

También nos llena de satisfacción el inventario de biodiversidad realizado con Avistando Aves Andinas. En una finca de cinco cuadras identificamos 70 especies de aves. Durante el recorrido, el observador registró una especie que nunca había visto en libertad, un hallazgo que en el mundo del avistamiento se conoce como lifer.

¿Qué importancia tienen los reconocimientos internacionales para demostrar que el modelo funciona?

Los reconocimientos permiten mostrar la continuidad del trabajo. En 2023 comenzamos a participar en espacios y concursos relacionados con el café de especialidad. Después obtuvimos 92 puntos en la escala de la Specialty Coffee Association, en 2024; el primer puesto en Circasia Huele a Café y una medalla de bronce en el Golden Bean, en 2025; y otra medalla de bronce en 2026.

También buscamos que los consumidores conozcan el origen del producto y cómo se produjo. La trazabilidad y las prácticas ambientales pueden aportar valor y diferenciarnos en el mercado.

¿Es rentable producir café mediante un sistema regenerativo o los costos son una barrera para los agricultores?

La agricultura es una actividad económica y debe ser rentable. Una motivación para pasar de un sistema convencional a uno regenerativo es la posibilidad de obtener mejores precios por productos con origen demostrable y trazabilidad.

También debemos prepararnos para los desafíos climáticos. Es importante que las fincas tengan materia orgánica en el suelo, sistemas de sombrío y procesos de compostaje que ayuden a enfrentar las temperaturas elevadas y las temporadas de sequía. Buscamos que cada predio funcione como un ecosistema capaz de resolver buena parte de sus necesidades y reducir la dependencia de insumos externos.

Estos cambios requieren paciencia y planificación, porque los resultados no siempre son inmediatos. Una ganancia a corto plazo no necesariamente compensa el daño que puede causar la degradación de un ecosistema ni el tiempo que toma recuperarlo.

¿Qué legado le gustaría dejar en el campo quindiano y cómo podrían sumarse otros productores?

Me gustaría que más productores conocieran estos procesos y comprobaran que es posible desarrollar sistemas agropecuarios rentables, cuidar la fauna silvestre y producir alimentos de calidad.

También considero fundamental trabajar con las nuevas generaciones. El campo necesita relevo generacional, pero muchos jóvenes no quieren dedicarse a la agricultura porque han visto a sus familias trabajar durante años sin mejorar suficientemente sus condiciones de vida.

Sería valioso que el Quindío consolidara una identidad regional asociada a una producción agropecuaria regenerativa y comprometida con la conservación ambiental.

Para mí, el mayor lujo es el campo. Allí está la base de nuestra alimentación y de muchos de los procesos que sostienen la vida. Podemos tener ciudades, tecnología y comodidades, pero dependemos de un entorno natural que haga posible todo eso.