Saltar al contenido

El artista caribeño lleva cerca de 15 años en Filandia, donde ha desarrollado obras en espacios comerciales, turísticos y comunitarios.

Hace cerca de 15 años, Reimon Guerrero llegó a Filandia después de recorrer distintos lugares del Caribe y otros países de Latinoamérica. Desde entonces, el municipio se convirtió en el lugar donde desarrolla buena parte de su trabajo artístico.

Guerrero tiene 60 años y cerca de cuatro décadas de trayectoria. Es pintor, escultor y muralista, y combina formación académica con aprendizaje empírico y una exploración permanente de materiales, técnicas y colores.

A los 19 años viajó a México, donde estudió en una escuela de Bellas Artes. Más adelante estuvo en Venezuela, donde trabajó en el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber y continuó su formación como escultor. También recorrió territorios del Caribe como Aruba, Curazao, Bonaire, Martinica y San Martín.

Lea también:“Se debe poner en marcha el Fondo Milagro”

Cuando llegó al Quindío encontró un paisaje diferente al de los lugares donde había vivido. Las montañas, la arquitectura y la tranquilidad de Filandia influyeron en su decisión de permanecer en el municipio.

Desde entonces ha realizado murales e intervenciones en establecimientos comerciales, restaurantes, hoteles y otros espacios. Actualmente trabaja en la Calle del Arte, donde interviene las aceras mediante una propuesta de muralismo que busca conectar visualmente el piso con las paredes. Para ello utiliza pinturas acrílicas, pigmentos y productos destinados a mejorar la duración y facilitar el mantenimiento de las obras.

Su trabajo también incluye materiales reciclados y materia orgánica, con los que ha elaborado piezas utilitarias y decorativas. Además, manifiesta interés por proyectos relacionados con la protección de la naturaleza, la construcción ecológica, el aprovechamiento del agua y la energía solar.

Para Guerrero, Filandia también representa un espacio de trabajo comunitario. Desde su actividad artística busca participar en el embellecimiento de algunos lugares del municipio y mantener una relación cercana con sus habitantes.

¿Qué encontró en Filandia para decidir quedarse durante tantos años?

Cuando llegué a esta parte andina, a las tierras de la cordillera, encontré algo diferente a todo lo que había conocido. Es un mar verde demasiado hermoso. Filandia me cautivó. Hoy puedo decir que me he casado con Filandia, aunque soy soltero. Lo digo porque este pueblo es muy agradable, hermoso, tranquilo y sano. Aquí puedo trabajar en paz y eso para mí no tiene precio. Después de haber estado en tantos lugares, este ha sido uno de los sitios más espectaculares que me han pasado.

¿Cuáles son las principales técnicas y materiales que utiliza en sus obras?

Trabajo mucho el surrealismo y el realismo, aunque también tengo algo de abstracto. Utilizo óleo, acrílicos y materiales provenientes del reciclaje de materia orgánica. Me gusta mucho trabajar con el color y trato de aplicar diferentes técnicas de pintura. Siempre estoy ensayando cosas nuevas. Actualmente me he basado más en pinturas acrílicas con pigmentos y productos que permitan garantizar una mayor duración, especialmente en los trabajos que hago para el pueblo y para la gente.

¿Cuánto de Filandia hay en su obra y cuáles son algunos de los trabajos que ha realizado allí?

He realizado alrededor de 50 obras, aunque pueden ser más. Tengo un mural en el hospital mental, trabajos en la entrada de algunos establecimientos, paisajes con mariposas, decoración en Café Encanto, obras en la Casa del Mirador, en la Colina Iluminada y en diferentes restaurantes y negocios. Ahora estoy trabajando en el embellecimiento de la Calle del Arte, especialmente en las aceras. Es una forma de muralismo que busca comunicar el piso con la pared mediante una secuencia de imágenes y colores.

¿Qué significa para usted el arte y qué le ha enseñado la vida durante estos 40 años de trayectoria?

El arte hace parte de mi vida y también de mi manera de ayudar. Yo hago trabajos económicos para los negocios porque vivo en el pueblo y quiero verlo bello, quiero embellecerlo y colaborar con la comunidad. La tranquilidad no tiene precio. También pienso que la vida es una bendición y que debemos aprender a ser felices y hacer felices a los demás. Primero tenemos que ayudarnos espiritualmente, psicológicamente y también económicamente, pero debemos hacerlo por los caminos correctos, sin juzgar ni meternos en la vida de los demás. Hay que dar ejemplo porque el ejemplo vale mucho.