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A sus 17 años, el futbolista calarqueño continúa su formación en Bucaramanga tras superar una lesión y adaptarse a vivir lejos de su familia.

A sus 17 años, Santiago Marulanda Arellano atraviesa una nueva etapa de su formación como futbolista. El calarqueño dejó el Quindío para vincularse a la categoría Sub-20 del Atlético Bucaramanga, luego de pasar por otros equipos, superar una fractura de rodilla y afrontar por primera vez una larga separación de su familia.

Su relación con el fútbol comenzó desde niño, cuando sus padres y su abuelo lo acompañaban a los entrenamientos. Con el paso de los años buscó opciones para continuar su proceso y encontró en Bucaramanga una oportunidad para avanzar hacia el fútbol profesional.

“Desde pequeño mi vocación era la que me llevaba a los entrenamientos, partidas. Mi papá, mi abuelo y mi mamá siempre me han apoyado. Desde pequeño me fue gustando y hemos trabajado duro”, contó Marulanda.

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Antes de llegar a Santander, el joven tuvo una experiencia en Envigado. El técnico Wilber Peña, quien conocía su proceso y posteriormente asumió la dirección del equipo, lo contactó en diciembre para invitarlo a realizar pruebas con el Atlético Bucaramanga.

Santiago llegó a la ciudad el 5 de enero y comenzó esta nueva etapa en la categoría Sub-20. Ahora combina los entrenamientos y las exigencias de la competencia con el reto de adaptarse a una ciudad diferente y vivir lejos de su entorno familiar.

¿Cómo se presentó la oportunidad de llegar al Atlético Bucaramanga?

La posibilidad surgió luego de una experiencia previa en Envigado. El técnico Wilber Peña, quien conocía mi proceso y actualmente dirige al equipo, fue quien me contactó en diciembre para invitarme a realizar las pruebas.

Llegué a Bucaramanga el 5 de enero y desde entonces comenzó una nueva etapa en mi carrera deportiva, esta vez en la categoría Sub-20.

¿Qué ha sido lo más difícil de este nuevo camino como futbolista?

El principal desafío no está en los entrenamientos ni en las exigencias físicas que implica ser deportista de alto rendimiento. Lo más difícil ha sido la distancia y estar lejos de mi familia. Nunca me había separado tanto, pero poco a poco he tenido que adaptarme a esta nueva realidad.

El fútbol también me ha enseñado a sobreponerme. Una fractura de rodilla me mantuvo durante más de ocho meses sin poder jugar y convirtió la recuperación en otra prueba. Las terapias hicieron parte del proceso que finalmente me permitió regresar a las canchas.

¿Cuál es su posición dentro del campo?

Juego como extremo derecho. Combino velocidad y disciplina. Mi objetivo es continuar trabajando para convertirme en futbolista profesional y, aunque todavía tengo mucho camino por recorrer, tengo claro que la constancia será determinante.

¿Cuál es el sueño que quiere alcanzar y qué mensaje les deja a otros jóvenes que también quieren llegar al fútbol profesional?

A los niños y jóvenes que persiguen un sueño similar les digo que nunca se rindan y que sigan luchando por sus sueños. La constancia da frutos, al igual que la disciplina y fijarse metas para alcanzarlos.