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El administrador de empresas turísticas trabaja en formación e investigación patrimonial y recientemente recibió la Medalla Cordón de los Fundadores.

A los 16 años, cuando estudiaba en el Liceo Quindío de Salento, Sebastián Mauricio Rodríguez Padilla se vinculó a procesos de vigías de patrimonio. Lo que comenzó como un interés por conocer la historia de su municipio se convirtió con los años en una línea de trabajo ligada a la formación, la investigación y la divulgación del patrimonio cultural.

Rodríguez Padilla nació y creció en Salento, donde también vive. Es administrador de empresas turísticas y especialista en gestión de patrimonio cultural de la Institución Universitaria EAM. Ha complementado su formación con estudios y diplomados relacionados con juventud, turismo y patrimonio, y su experiencia incluye procesos de participación juvenil, educación patrimonial y administración pública.

En 2022 ingresó como miembro correspondiente de la Academia de Historia del Quindío, después de presentar un trabajo sobre la génesis del turismo en Salento. En 2025 pasó a ser miembro de número y actualmente se desempeña como secretario de la corporación.

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Su trabajo incluye iniciativas como la Cátedra de la Salentinidad, los semilleros de vigías de patrimonio y Herederos de la Salentinidad, además de procesos de asistencia técnica y formación en patrimonio cultural. También ha participado en actividades relacionadas con la historia y el patrimonio de otros municipios del departamento.

En septiembre, durante la celebración del aniversario 184 de Salento, el Concejo Municipal le otorgó la Medalla Cordón de los Fundadores por su trabajo relacionado con la memoria, la cultura y el patrimonio del municipio. En 2023 había recibido la Medalla Municipio Padre del Quindío, concedida por la administración municipal de entonces.

Para Rodríguez, los reconocimientos no constituyen el objetivo principal de su trabajo. Su interés está en acercar la historia y el patrimonio a las nuevas generaciones y promover que las comunidades conozcan los elementos que hacen parte de su territorio.

¿Cómo nació ese interés por convertirse en vigía del patrimonio desde el colegio?

Pensaba en una premisa que era el desconocimiento de muchas de las costumbres y tradiciones, así como de la historia del municipio. Veía en el colegio que la historia del Quindío estaba muy ligada a la historia de Salento, porque la génesis del departamento inició justamente allí.

En esa época no había en el colegio algo que motivara a los estudiantes a fortalecer ese aprendizaje y conocimiento de la historia. Ahí nació mi interés por participar en esos procesos de vigías.

Inicialmente estuve en un proyecto con énfasis en patrimonio natural, relacionado con la conservación y protección de la palma de cera. El grupo al que pertenecía era el grupo ecológico Arcoíris del Liceo Quindío.

¿Qué hace falta para fortalecer el turismo cultural y patrimonial en el Quindío?

Todos los municipios tienen recursos patrimoniales, pero falta hacerlos atractivos para que los turistas puedan disfrutar de esa oferta cultural ligada al turismo. Ha habido una descontextualización entre lo turístico y lo patrimonial. Hay que conjugar las actividades y promover una experiencia para el visitante.

En otros países, como España, México y Chile, se está trabajando en unir el patrimonio con la historia del lugar. En Colombia también tenemos ejemplos, pero todavía falta fortalecer ese trabajo. Salento y Filandia han avanzado en algunos aspectos, pero también es importante llevar esa mirada a los demás municipios del departamento y aprovechar la sombrilla del Paisaje Cultural Cafetero.

¿Qué iniciativas ha creado para acercar el patrimonio a la comunidad?

La Cátedra de la Salentinidad fue la primera. Es un programa en el que, mediante talleres, recorridos por los municipios y otras actividades, hemos contado a la gente la importancia de los patrimonios que existen en el municipio, por qué es importante conocerlos, difundirlos y conservarlos.

También están los semilleros de vigías de patrimonio. Recuperamos un programa que existía hace años, pero que estaba ausente de los colegios. Volvimos a las instituciones educativas de Córdoba, Filandia y Salento y logramos reactivarlos. Otros municipios, como Circasia, Calarcá y Montenegro, también han trabajado estos procesos.

Desde la Academia de Historia también hemos abierto espacios de conversación. Un ejemplo son los Diálogos con la Memoria, donde escuchamos a gremios, colegios, universidades y diferentes actores que han aportado a la construcción de la historia del departamento.

¿Qué papel tienen esos procesos frente a las afectaciones que dejó el sismo del 10 de agosto en bienes considerados patrimonio cultural?

Hay sitios patrimoniales que sufrieron afectaciones importantes. En Quimbaya, por ejemplo, está la Basílica Menor de Jesús María y José, y en Montenegro, el templo de San José. Cuando se toma la decisión de demoler un bien, una de las cosas fundamentales es documentarlo y guardar la información antes de que desaparezca. Hay que obtener todos los datos posibles de esos espacios.

Eso ya nos ha ocurrido con otros bienes. La iglesia de Circasia sufrió un incendio en 2009 que la consumió totalmente, pero existían archivos, fotografías y elementos que permitieron conservar parte de su memoria. La función de los vigías y también de la Academia es recuperar esa información antes de que los patrimonios puedan quedar condenados a la demolición.

¿Por qué es importante conservar esa información histórica?

Es fundamental saber la composición de cada bien, su historia, cuándo fue construido o instalado, en el caso de monumentos, esculturas y pinturas. La historia permite guardar esa información para que las nuevas generaciones conozcan más sobre sus pueblos.

En Calarcá, por ejemplo, ya existe una propuesta para reacondicionar la galería incorporando elementos de la antigua construcción, como los arcos. Ese tipo de acciones permite recuperar memorias y elementos que permanecen en el imaginario de la comunidad.

¿Qué opina sobre el riesgo de pérdida de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero?

Considero que no. El corazón del Paisaje Cultural Cafetero está en las familias. Cuando una familia participa en la recolección de café y mantiene elementos como el café de montaña, el transporte tradicional, los Willys, la biodiversidad, las tradiciones y la arquitectura, se mantiene vivo ese paisaje.

Aunque algunos elementos se pierdan, el paisaje puede recuperarse y transformarse para conservar otros. Mientras estén las familias cafeteras y los atributos estén protegidos y salvaguardados, considero que no hay que hablar apresuradamente de que el paisaje se vaya a perder.

¿Cómo quisiera ser recordado en el Quindío?

A mí me llena de felicidad que, como producto de mi trabajo, un joven pueda conocer su historia y su patrimonio cuando está estudiando. Que empiece a conocer la realidad de un municipio a través de su historia. Eso me llena de esperanza.

No quiero ni busco ganar protagonismo, no me interesa. Lo que estoy haciendo es entregar conocimiento a muchas personas. Ante las falencias del sistema educativo, uno tiene que ir a los colegios y contarles a los muchachos la historia del pueblo y sus patrimonios.

Me gustaría que me recordaran por todo lo que he hecho por Salento y por el Quindío en materia de patrimonio, por el conocimiento que he entregado a muchas personas. Ese es el mejor aporte que puedo hacerle a un territorio como Salento y el Quindío.