Lunes, 11 Nov,2019
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Cultura de la prevención

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Luego de poco más de un año, retomo la oportunidad que, muy amablemente, me concede nuestro periódico regional La Crónica del Quindío para profundizar con sus innumerables lectores sobre este blog, relacionado de manera puntual con la gestión del riesgo de desastres.

Para entrar en contexto, estaremos definiendo la cultura de la prevención, como el conocimiento y aplicación de la gestión del riesgo de desastres en sus tiempos antes, durante y después de un evento catastrófico. La Ley 1523 de 2012 lo define como como un compromiso de todos y establece normatividad en sus tiempos: conocimiento, reducción y manejo.

Nuestro sistema es transversal a todos los sectores de la sociedad: oficial, particular, político, económico, religioso, académico, profesional, etc. Pero para asimilar mejor el conocimiento de la temática, es necesario analizar la conducta del común de nuestra cultura en torno a los desastres.

En primera instancia, somos amnésicos, es decir, nos olvidamos de los antecedentes de nuestro entorno, de nuestros municipios, de nuestro país y del mundo. Este fenómeno lo deberíamos cambiar por una memoria histórica que contribuya a evidenciar que “donde ha temblado, vuelve a temblar”.

En segunda instancia, somos invulnerables, es decir, “nuestra casa no se incendia, se incendia es la de mi vecino”. Para contrarrestar esta actitud, se requiere ser conscientes de las vulnerabilidades tanto personales como estructurales.

Igualmente somos arrogantes, en especial algunos funcionarios públicos ubicados en el marco del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres en sus instancias local, departamental y/o nacional, que consideramos que somos dueños absolutos del conocimiento del tema. Sabemos que los cargos no dan conocimiento, que este se adquiere solo por la academia, la experiencia o la combinación de las dos. Somos igualmente paternalistas, esperamos todo del Estado; muchos desastres se han originado por la falta de solución de un pequeño detalle local.

Somos reactivos, pensamos y nos preparamos solo para la atención. Esta actitud debemos cambiarla por una proaccion que contribuya a prevenir. Pero también es cierto que la gestión del riesgo de desastres es responsabilidad de todos.

Debemos considerar que estas apreciaciones son de sumo valor para ser aplicadas por los nuevos gobernadores, alcaldes, concejales, diputados, ediles, etc., y consecuentemente para el nombramiento de los funcionarios que van a desempeñarse como coordinadores de las unidades municipales y departamentales de la gestión del riesgo. Se encuentran casos en los cuales se nombran personas sin ningún conocimiento, solo por cumplir y además se les asignan otras funciones que nada que ver con la temática de los desastres.


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