Sabado, 14 Dic,2019
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Donde ha temblado, vuelve a temblar

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Esta frase muy manida por quienes laboramos en el tema de la gestión del riesgo de desastres, tiene aplicación en diferentes regiones de Colombia y del mundo, por cuanto en nuestro territorio influenciado por el cinturón circumpacífico, existen zonas de: muy alto, alto, medio y bajo riesgo sísmico. De esta manera encasillamos las diferentes regiones del territorio nacional que por aquello del “diálogo de saberes”, nos lleva a la definición del capítulo que nos ocupa. Sumado a lo anterior, existen las llamadas ventanas o ciclos de algunos desastres que se constituyen en la  base de los científicos para contribuir a establecer las mejores referencias y las que más se funcion para la teoría de los desastres.

Al hablar del cinturón de fuego circumpacífico, estamos incluyendo cierto nivel de incidencia en varios países de América del Sur, Centro y Norte, así como aquellos otros que por su ubicación tienen influencia de la subducción o roce de las capas tectónicas del océano Pacifico o placa de Nazca, y el continente americano.

Todo conduce a establecer que los sismos no son castigos divinos, son solo movimientos de un ser vivo como es la tierra tierra, la cual tiene diferentes formas de manifestar su vitalidad, como los volcanes y otros fenómenos propios de unos procesos naturales normales.

Ahora bien, si nosotros aplicamos la premisa en mención, debemos estar preparados para afrontarlos, con lo cual no vamos a impedir que se registren sismos, pero sí podemos reducir o mitigar el riesgo, o sea, reducir sus efectos tanto en las personas como en las estructuras. Para ello debemos ser conscientes de nuestras vulnerabilidades o debilidades ante un evento sísmico, mediante la elaboración de planes de emergencia y contingencia, familiares, municipales, departamentales y nacionales.

Considerando que Colombia está situada en una de las zonas sísmicas más activa del mundo, existe en nuestro país la norma sismorresistente correspondiente al N° NSR-010, que establese las bases para las estructuras en el país. En sismos anteriores se pudo evidenciar que la mayoría de estructuras colapsadas no cumplían los patrones dados sobre el particular; por cierto, esta norma está reclamando actualización. Además, a nivel nacional existe el Sistema de Prevención y Atención de Desastres, regido por la Ley 1523 de 2012, que implementa las acciones del conocimiento, reducción y manejo de los desastres en nuestro país; al igual que la Ley 2175 de 2017, que dispone que las diferentes entidades públicas y privadas deben tener su respectivo plan de gestión del riesgo de desastres.

Para lo anterior, se requiere con mucha urgencia el fomento de la cultura de la prevención comentada en mi entrega anterior, agregándole un ingrediente muy interesante que es la voluntad política de alcaldes, gobernadores y presidente, sin excluir a la ciudadanía y a los organismos de control, los constructores, curadurías, etc.

Concluyendo, las regiones del suroccidente colombiano, adyacentes al océano Pacifico, como son Nariño, Cauca, Huila, Antioquia, Chocó, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima, Cundinamarca y Santanderes, entre otros deben estar preparadas para un próximo evento sísmico dentro de uno, cinco, veinte o más años, meses o días.

Nuestra preparación debe ser en lo personal, familiar, empresarial, institucional, municipal, departamental y nacionalmente, para que el próximo evento nos coja con los pantalones abajo.

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