Editorial / AGOSTO 17 DE 2022

Prevenir

Ahora que hay sol es que debe invertirse en comunicación social y campañas de prevención para mitigar la tragedia que inevitablemente retornará en unas semanas con la segunda temporada de lluvias del año. 

Prevenir

A los organismos de gestión y prevención del riesgo de desastres, en las regiones, les suelen criticar, entre otras cosas, que su papel sea meramente reactivo y que su función se limite, muchas veces, a entregar kits de tejas y colchonetas después de ocurrida la tragedia. Injusta calificación si se tiene en cuenta que los presupuestos de estos organismos en ciudades y departamentos pequeños e intermedios, hace rato, fueron desbordados por la magnitud de las situaciones que les corresponde enfrentar.

Las unidades municipales y departamentales de gestión del riesgo de desastres se volvieron, por esta razón, en observadores, en consejeros en los puestos de mando unificado y en otorgadores de permisos para eventos, pero, el papel preventivo, sigue siendo una deuda acumulada. 

La misión de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres se resumen en, según la propia entidad: “… fortalecer las capacidades de las entidades públicas, privadas, comunitarias y de la sociedad en general, con el propósito explícito de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de las personas y al desarrollo sostenible, a través del conocimiento del riesgo, su reducción y el manejo de los desastres asociados con fenómenos de origen natural, socionatural, tecnológico y humano no intencional”. Mucho es lo que falta para que esa misión se cumpla a cabalidad, y eso, que la visión reza: “… disminuyendo las condiciones de riesgo, las pérdidas y los costos asociados a los desastres”. 

Precisamente, en la línea de la prevención es que hay que trabajar y muy fuerte, pero se ve y se escucha poco en materia de comunicación social sobre el particular. Los organismos de prevención y los propios gobiernos locales, además de responder como les obligue cuando la naturaleza le pase una nueva cuenta de cobro al hombre por sus excesos y a los ejecutivos locales por el poco control que pueden ejercer sobre la inadecuada utilización del suelo, deben mantener la guardia alta en materia de prevención y el buen clima que por estos días reina es propicio para ello.

Ahora, con cielo azul y despejado, es que se debe insistir en todas las formas y plataformas de comunicación, amén de intensos y permanente operativos puerta a puerta y en las zonas como identificadas de alto riesgo para frenar y/o desincentivar prácticas que llamen, provoquen o multipliquen calamidades. 

Lo acaba de anunciar el Ideam, se viene, desde finales de este mes de agosto y hasta noviembre, una segunda temporada de lluvias en el territorio colombiano.

Advierten desde el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales que será una temporada mucho más intensa que la ya vivida y que las precipitaciones podrían aumentar hasta en un 50 %. Piden especial atención durante el entrante mes de octubre, por eso la preocupación, por eso el llamado a la prevención intensa durante estos días de cielo despejado.

Lo otro, no menos urgente, es provocar a nivel nacional una fuerza colectiva de alcaldes y gobernadores para que tengan, cuanto antes, más herramientas jurídicas y recursos económicos para contrarrestar tantas prácticas nocivas en la ocupación de predios y que se traducen en pérdidas de vidas humanas, destrucción de vivienda y enseres y dolor colectivo.

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