Editorial / JULIO 23 DE 2021

Pero hay que votar

Es con la cédula en la mano y no con un arma como se logran los cambios que con urgencia necesita el país. 

Pero hay que votar

Coincide el estallido social de Colombia -manifestaciones y concentraciones pacíficas, y graves disturbios- con los preparativos para lo que ha de ser la contienda electoral que culminará con la jornada de votación programada para el domingo 13 de marzo de 2022. Afortunada coincidencia del reclamo nacional con un año preelectoral porque en la memoria individual y colectiva estará fresca la evaluación de quienes han llegado al poder y no han cumplido y ahora vuelven a retomar su discurso salvador buscando la reelección. 

Esa gran movilización que tuvo un punto cero este año el pasado 28 de abril, no es más que la calificación puesta por la gran mayoría de los colombianos a la gestión de los gobernantes, sobre todo los de este último periodo constitucional. Lástima la violencia que ha caracterizado esta protesta, pero que también, sin que eso la justifique, fue provocada por tantos años de desigualdad. Ese cansancio colectivo estalló de varias formas, una de ellas la rabia y de la que hay que ocuparse porque no ha sido sustituida por la confianza y la paciencia. 

Quienes aspiren a ocupar una silla en el próximo Congreso, o reemplazar al inquilino del Palacio de Nariño, no se podrán autoproclamar como redentores o poseedores de la fórmula mágica para recuperar una Colombia triste, desconfiada y lastimada. Vuelven por estas calendas los populistas de siempre a montarse en una campaña política basada en el discurso del miedo y el pesimismo, ojalá también la protesta colectiva sea contra ellos, pero no por la vía de la violencia y sí en las urnas. 

Los problemas que tiene el país no se arreglan haciendo críticas de sillón o cuestionando todo desde una red social. Parte de la solución es la participación en política, el abstencionismo electoral es directamente proporcional a la crisis social que provocó las movilizaciones. Ese país que con fuerza y claridad se está reclamando en las calles es posible si, entre otras tareas, se entiende la política y la defensa de la democracia como la única vía para lograrlo. Por eso el paro nacional debe provocar el índice más bajo de abstencionismo, de votos nulos, de votos no marcados y de votos en blanco, de la historia reciente del país. 

De acuerdo con el exprocurador general de la Nación, Fernando Carrillo Flórez, que hoy le propone al país una consulta popular para incubar reformas, no constitucionales, que necesita con urgencia esta Colombia y que tienen que ver con renta básica, salud, justicia, educación, empleo, equidad de género, infancia, medio ambiente y agro, entre otros asuntos, cuya desatención por falta de un auténtico y permanente diálogo social ha sumido el país en la incertidumbre y la amargura. 

Las soluciones para los problemas estructurales que tiene el país no se van a lograr durante lo que queda del actual mandato presidencial ni con este Congreso, caracterizado por los enfrentamientos personales con fines electorales y su ausencia en un momento histórico de depresión en casi todo debido a la pandemia. Este año que le queda a los senadores y representantes a la Cámara y al ejecutivo nacional debe servir para lograr acuerdos sobre lo que necesita el país para mantenerse a flote, para dejar claro que sin diálogo social una Estado es inviable y para aceptar que es en las urnas en donde se logran los cambios para el bienestar colectivo.

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