Ciencia y Tecnologí­a / JULIO 25 DE 2021 / 1 mes antes

211 años de frustración

Autor : Diego Arias Serna

211 años de frustración

“(…) en medio de los agitados días del 20 al 26 de julio, tal vez sólo algunos de los dirigentes estaban pensando en una ruptura con España”: Jorge Orlando Melo, en su libro, Colombia: Una historia mínima. 

El pasado 20 de julio se conmemoraron 211 años del Grito de Independencia. No fue celebración, porque lo que ha pasado en esos pocos más de 2 siglos de historia, hay muchos momentos ingratos para la inmensa mayoría de la población, empezando por los primeros años después de la esa exclamación de un grupo de patriotas. Fueron como 8 años de lo que se conoció como Patria Boba, tiempo que se perdió en la construcción del país y que, más bien, la dirigencia se dedicó a pelearse entre ellos.  

No sirvió el sacrificio de ilustres personajes, como el sabio Francisco José de Caldas y Thenorio (1768 – 1816), ejecutado por el nefasto Pablo Murillo, aunque se dice que él pidió su indulto. Asimismo, Policarpa Salavarrieta Ríos, La Pola (1795 – 1817), quien perdió a sus padres y 2 hermanos, víctimas de una epidemia de viruela en 1802, la cual se extendió por Santa Fe de Bogotá. Ese dolor familiar le dio más valor a La Pola, para participar, 8 años después, y con sólo 14 años, al llamado insurgente. Murió al ser fusilada por orden de Juan Sámano el 14 de noviembre de 1817. 

Es pertinente resaltar que, quienes tienen el poder, poco o nada respetan la sabiduría y el conocimiento. El sabio Caldas fue un científico, ingeniero militar, geógrafo, botánico, astrónomo, naturalista y periodista colombiano. Y un militar que sólo sabe lucir medallas ganadas por las muertes que deja el poder del fusil, ¿qué importancia podría darle a quienes se dedican a la ciencia y la tecnología y se oponen al sistema opresor?  El presidente del tribunal que lo juzgó expresó: “España no necesita de sabios”. Con él fueron asesinados otros miembros de la Primera Real Expedición Botánica, dirigida por José Celestino Mutis.

Así que el “Grito de Independencia” contribuyó indirectamente a cercenar el inicio de la investigación científica del país, que 211 años después sigue incipiente. Como también está mal la educación básica, que ahora con la pandemia, además de desnudar sus falencias, ha contribuido a que la calidad se deteriore aún más. Pero no es sólo la educación, el desempleo sigue creciendo, y si se tiene en cuenta el trabajo informal, que es de aproximadamente del 60%, la situación económica para cientos de miles de hogares (21 millones de personas según fuentes oficiales), es preocupante, aunque los gobernantes disfrazan la realidad, y con cinismo afirman que el país va bien.

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“Viva el rey y abajo el mal gobierno”

La situación paupérrima de la mayoría de la población, fue el origen de las protestas que vienen presentándose desde el 2018 y se agudizaron con el paro de este 2021. Así que, lo mismo que pasaba a finales del siglo 18 e inicios del 19, sucede en este nuevo siglo. Recordemos que la Revolución de los Comuneros, (marzo de1781), fue por el exagerado tributo que cobraba el virrey. Y la famosa frase: Viva el rey y abajo el mal gobierno, cambió muy poco en este 2021. Sólo se grita: Abajo el mal gobierno, aunque hay personajes que son innombrables y se creen reyezuelos, y algunos, infortunadamente, aclaman su regreso, aunque gobiernan en la sombra. 

Hasta el uso de expresiones entre grupos enfrentados son similares en esos 2 eventos: Grito de independencia y paro nacional 2021. Por ejemplo, en Cali, salió la “gente de bien” y armados arremetieron contra indígenas - o mejor - aborígenes; y como escribió Antonio Caballero en su libro Historia de Colombia y sus oligarquías editado por Planeta en 2019, en el capítulo titulado: la desgraciada patria boba: “De un lado la “plebe insolente”, y la “gente decente” del otro: únicas clases en que se dividían los americanos —sobre la exclusión de los indios casi extintos y de los negros esclavos—.  

También la participación estudiantil, allá en 1810 y en el presente, tienen parecidos. Expresa Caballero: “En los barrios populares se formaron juntas populares, inflamados por los discursos de Carbonell y sus chisperos señoritos estudiantes que escandalosamente, provocadoramente usaban ruana chibcha en vez de capa castellana. Se fundó en San Victorino un club revolucionario”. José María Carbonell (1778 – 1816) fue otro prócer del Grito de independencia y un elocuente líder popular.

Las broncas entre españoles y criollos, otro motivo para la revuelta, lo expresó Alexander von Humboldt (1769 – 1859) polímata, geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador alemán. Esto cita Caballero en su texto de Humboldt: “Hay mil motivos de celos y odios entre los chapetones y los criollos […]. El más miserable europeo, sin educación y sin cultivo de su entendimiento, se cree superior a los blancos nacidos en el nuevo continente”. Polímata, quien cultiva varias disciplinas. 

La ‘gente de bien’ se quejó

Pero no sólo eran los españoles quienes miraban con desprecio a los aborígenes y negros. Los criollos de rancio abolengo se creían de “sangre azul”. Personajes como Camilo Torres, quien escribió el Memorial de agravios, en el que se exponían las quejas de  las “personas de bien” descendientes de españoles, esto decía, siguiendo el libro de Caballero: “El hoy famoso Memorial de agravio en que exponía las quejas y las exigencias de los españoles americanos: un documento elocuentísimo que tuvo el único defecto de que no lo conoció nadie, porque en su momento no se llegó a enviar a España y sólo fue publicado treinta años después de la muerte de su autor”.

Agrega: “O bueno: no era el único defecto. Tenía también el defecto natural de no representar los agravios de todos los americanos: Torres hablaba en nombre de su clase, no del pueblo. Señalaba en su queja que: “Los naturales [los indios] son muy pocos o no son nada en comparación con los hijos de los europeos que hoy pueblan estas ricas posesiones, […]. “Tan españoles somos como los descendientes de don Pelayo”. 

“Era para los criollos ricos para quienes Torres reclamaba derechos: el manejo local de la colonia, no su independencia de España”.

Para señalar lo “revolucionarios” que eran a quienes representaba en su queja Torres, Caballero expresa: “La independencia que a continuación se proclamó fue el resultado inesperado de un incidente que a la clase representada por Torres se le salió de las manos por la imprevista irrupción del pueblo. La cosa fue así. Un puñado de abogados ambiciosos y ricos santafereños, Torres entre ellos, y los Lozano hijos del marqués de San Jorge, y Caldas el sabio de la Expedición Botánica de Mutis, y Acevedo y Gómez, a quienes después llamarían el Tribuno del pueblo por sus dotes de orador, y tal y cual, que ocuparían todos más tarde altos cargos en la Patria Boba (…)”.

Lo del Florero de Llorente no pasó a mayores, lo que sí incendió a la capital lo narra Caballero: “La autoridad no respondió a la provocación que se esperaba sacando los cañones a las calles. […]. La gente de la calle se aburrió con la perorata de incendiaría de Acevedo y empezó a dispersarse, y se necesitó que otro criollo emprendedor, el joven José María Carbonell, corriera a los barrios populares a amotinar al pueblo, cuyo protagonismo no estaba previsto por los patriotas conspiradores”.

En el texto antes aludido se agrega: “Los estudiantes “chisperos” echaron a rebato las campanas de las iglesias, ¡y al grito de “¡cabildo abierto!” las chusmas desbordadas de San Victorino y Las Cruces incitadas por Carbonell, los despreciados pardos, los artesanos y los tenderos, las revendedoras y las vivanderas del mercado, invadieron el centro e hicieron poner preso al virrey y a la virreina y quisieron forzar sin éxito, la proclamación de un cabildo abierto que escogiera a los integrantes de la Junta. En la cual, sin embargo, lograron tomar el control los ricos: los Lozano, Acevedo, Torres, que al día siguiente procedieron liberar al virrey y a llevarlo a palacio para ofrecerle que tomara la cabeza del nuevo organismo”.

La Policía, hecha para la guerra

Así como el ejército español, que llegó para frenar la revuelta de su colonia, la Policía y el Ejército colombiano están para defender los intereses económicos de una minoría. Por eso, ante los desmanes del Esmad, los participantes en las protestas han manifestado que la Policía también es pueblo uniformado y los han invitado a defender los intereses de la población, asunto que es una ilusión, pues ellos son adoctrinados para proteger a la oligarquía y las grandes utilidades de las empresas extranjeras.

Por eso en estos tiempos, toma importancia recordar lo manifestado por Policarpa Salavarrieta al momento de convertirse en víctima de los españoles: “Viles soldados, volved las armas a los enemigos de vuestra patria. ¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! Pero no es tarde: ved que —aunque mujer y joven— me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. No olvidéis este ejemplo (…). Miserable pueblo, yo os compadezco. ¡Algún día tendréis más dignidad! (…). Muero por defender los derechos de mi patria”.



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