Ciencia y Tecnologí­a / AGOSTO 08 DE 2021 / 2 meses antes

Alimentos que matan

Autor : Diego Arias Serna

Alimentos que matan

En todos los países se eleva el número de personas afectadas en su salud, por la ingesta de alimentos contaminados por plaguicidas, fungicidas y pesticidas. Solo importan las ganancias.

Según la OMS cada año hasta 600 millones de personas de todo el mundo, o casi 1 de cada 10, enferma tras consumir alimentos contaminados, y 420.000 mueren. 

¿Cuántas personas, cuando se están alimentando, se preguntan la historia que hay detrás de un suculento plato? En el caso particular de Colombia, este interrogante sugiere pensar en la posibilidad de que el fruto salió de una tierra que fue despojada a un campesino, o que el producto tuvo la intermediación de especuladores que pagaron muy poco al productor y elevaron el precio al consumidor. También, es pertinente pensar en el daño medioambiental que genera obtener ese alimento, y si es posible que las personas adquieran una enfermedad al consumirlos.  

En esta ocasión se plantea solamente el problema asociado a sus incidencias negativas en la salud, teniendo en cuenta que en el mundo se utilizan más de 1.000 plaguicidas, para evitar que se deterioren o destruyan los cultivos. Pero esas sustancias, además de controlar el daño de las plantas, también tiene propiedades y efectos tóxicos que afectan al cuerpo humano, la tierra, el agua, el aire y la biodiversidad y, por supuesto, la salud de todo ser vivo. 

Como son muchos los plaguicidas, se delimitará la presentación al insecticida DDT, porque la Organización Mundial de la Salud, OMS, encontró que, debido a sus fuertes efectos, prolongada acción residual y elevado potencial de acumulación en los alimentos, agua, animales, el ambiente y el hombre, además de ser cancerígenos, es altamente neurotóxico, es decir, que afecta el sistema nervioso central, produciendo convulsiones y parálisis tanto en el hombre como en los demás vertebrados. Otro aspecto que igualmente es pertinente plantear, es si existen alternativas diferentes a los plaguicidas para proteger a los cultivos.

Este artículo tiene los siguientes soportes: Intoxicaciones masivas con plaguicidas en Colombia, escrito por Álvaro Javier ldrovo. El documento titulado: “La larga sombra del DDT” publicado en la revista Investigación y Ciencia, edición española de Scientific American de julio 2021, así como “Perfil de riesgo de residuos de plaguicidas organoclorados en matrices de carne y leche de origen bovino”, elaborado por el ministerio de Salud y Protección Social y el Instituto Nacional de Salud, 2015.

Intoxicaciones con alimentos contaminados

El problema de los alimentos intoxicados, que como una epidemia deja muertos, es de vieja data en Colombia. A finales del siglo pasado, Álvaro Javier ldrovo, en su artículo: “Intoxicaciones masivas con plaguicidas en Colombia”, presentó el fenómeno hasta 1998, expresando sobre el particular: “La primera ocurrió en Chiquinquirá, Boyacá, en 1967 e involucró a más de 500 personas, de los cuales 165 requirieron tratamiento hospitalario y 63 murieron. La segunda ocurrió en Puerto López, Meta, en 1970 y tuvo 190 intoxicados, de ellos, 157 requirieron tratamiento médico y 7 murieron.

Según su investigación, “el tercer caso ocurrió en Pasto, Nariño, en 1977 con más de 300 intoxicados, 120 hospitalizados y 15 muertos. En los casos de Chiquinquirá y Pasto los plaguicidas que provocaron la intoxicación fueron metil-paratión y paratión, respectivamente, mientras que en el caso de Puerto López solo se conoce que fue un plaguicida organofosforado. Los tres casos de intoxicación masiva ocurrieron por consumo de alimentos contaminados.

Este es un problema mundial, como lo dio a conocer la OMS. De acuerdo con sus cifras, casi 1 de cada 10 personas enferman cada año al ingerir alimentos contaminados y 420.000 mueren como consecuencia de los padecimientos causadas por tal situación. Casi un tercio -30 %- de todas las muertes por dolencias de transmisión alimentaria se producen en menores de 5 años, pese a que los niños de esa edad representan solo el 9 % de la población mundial.

Según el informe, la carga de las enfermedades de transmisión alimentaria causadas por 31 agentes -bacterias, virus, parásitos, toxinas y productos químicos-, afecta cada año a unos 600 millones de personas. La OMS estima que la región de las Américas tiene la segunda carga más baja de dolencias transmitidas por alimentos. Sin embargo, 77 millones de personas todavía se enferman anualmente a raíz de ello, y de esa cifra mueren alrededor de 9.000 al año. De los individuos que se enferman, 31 millones son menores de 5 años y de ellos fallecen más de 2.000 al año.

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El DDT, mucho más peligroso

De esos plaguicidas, uno muy usado en Colombia, sobre todo en el siglo XX, ha sido el Dicloro Difenil Tricloroetano, DDT, de fórmula (ClC6H4)2CH(CCl3). Fue descubierto por el químico suizo Paul Hermann Müller y por ese hallazgo ganó en 1948 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, porque el DDT, como insecticida, se ha  usado en el control de la malaria, la fiebre amarilla, el tifus y muchas otras infecciones causadas por insectos vectores. Después de ser utilizado con mucha frecuencia, y luego de comprobarse que se acumulaba en las cadenas de nutrición y ante el peligro de contaminación de los alimentos, se prohibió su uso.  

Sus perjuicios han sido comprobados que son mayores. Por eso, en julio de 2021, se publicó en Investigación y Ciencia el documento titulado: “La larga sombra del DDT”. Estas son algunas de las advertencias que se dan: Se han detectado afecciones en los nietos de las mujeres que estuvieron expuestas al plaguicida. Calificado como milagroso en la década de 1950, el potente insecticida prometía librar al mundo del paludismo, del tifus y de otras enfermedades transmitidas por insectos. En sus anuncios, los fabricantes lo promovían como un ‘benefactor de la humanidad’. 

Los estadounidenses aplicaron más de 135 millones de toneladas a cultivos, céspedes y animales domésticos, antes de que la bióloga Rachel Carson y otros lanzaran la voz de alarma sobre el impacto en el ser humano y la fauna. La entonces joven Agencia de Protección Ambiental de EE.UU., EPA, lo prohibió en 1972. Los amigos y familiares de Barbara Cohn suelen preguntarle a esta epidemióloga de Instituto de Salud Pública de Berkely, por qué estudia los efectos de este plaguicida prohibido hace tantos años. Su respuesta es que el DDT continúa acosando al cuerpo humano. 

En trabajos precedentes descubrió que las hijas de las mujeres expuestas a niveles muy altos de este insecticida durante el embarazo presentaban índices elevados de cáncer de mama, hipertensión y obesidad. Su último estudio sobre los nietos de las embarazadas que estuvieron en contacto con este plaguicida, constituye la primera prueba de que los efectos perjudiciales del DDT persisten al menos durante tres generaciones. “Este estudio lo cambió todo”, aseguró Michele Marcus, epidemióloga de la reproducción de la universidad Emory, EE.UU., señalando que se desconoce si otros compuestos sintéticos tendrán un impacto multigeneracional. Así que, es necesario investigar la cuestión. 

Plaguicidas: neurotoxicidad e inmunotoxicidad

El estudio conocido como “Perfil de riesgo de residuos de plaguicidas organoclorados en matrices de carne y leche de origen bovino” reveló: “Son sustancias químicas derivadas de los hidrocarburos clorados que se caracterizan por su alta solubilidad en solventes orgánicos y grasas. Han sido desarrollados por la industria para uso agrícola y en general, para el control de vectores. Se consideran compuestos orgánicos persistentes por su resistencia a la degradación. Entre estos compuestos se encuentran el Endosulfán, DDT, Aldrín, Dieldrín, Endrín, Heptacloro, HCH –Lindano-, Toxafeno, Clordano y 2,4-D, entre otros”. 

Dijo además la precitada investigación: “La carne y la leche de origen bovino, así como sus derivados, constituyen dos fuentes principales de nutrición para la población colombiana que, debido a su alto contenido graso, pueden estar contaminadas por sustancias químicas liposolubles que se bioconcentran a través de la cadena alimenticia, generando riesgo en la salud de los consumidores”. Los efectos en salud de los plaguicidas organoclorados están relacionados con neurotoxicidad e inmunotoxicidad, afectando principalmente el sistema nervioso central y la disminución de la respuesta inmune”.

Afirmó así mismo: “Aunque los plaguicidas organoclorados están prohibidos en el país para uso agrícola y control de vectores transmisores de enfermedades para la población, la contaminación con residuos de plaguicidas puede darse en diferentes etapas de la producción, incluso desde la alimentación del ganado con pasturas por la presencia de residuos en el suelo y los cuerpos hídricos utilizados para el riego, debido a la contaminación ambiental, los concentrados para alimentación animal y el aire de los sitios donde pastan los animales”.

A pesar de tanta información desoladora, se conoce que hay distintas alternativas para controlar los cultivos. Existen productos de origen biológico que permiten el control de las plagas, mejoran el crecimiento de la planta, su sistema inmune o combaten directamente los insectos y otras plagas que afectan al cultivo. Además, hay opciones como bioestimulantes, biopesticidas, bioelicitores, policultivos, barreras naturales y depredadores. Pero, el gran negocio de las multinacionales de los agroquímicos impide que florezcan otras alternativas frente a los plaguicidas.  



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