Ciencia y Tecnologí­a / MAYO 22 DE 2022 / 1 mes antes

¡Democracia! ¿Cuál democracia?

Autor : Diego Arias Serna

¡Democracia! ¿Cuál democracia?

“Ondear banderas” que propugnen por propuestas serias, es el deber ser de una verdadera democracia y no apenas una ‘caricatura’ como la nuestra, donde política y mentira son casi la misma cosa.

“Quien ofrezca un mejor espectáculo ganará las elecciones. El discurso degenera en espectáculo y publicidad. Los contenidos políticos tienen cada vez menos importancia”: Byung-Chul Han.   

A una semana de la elección presidencial en Colombia, hay que decir que la democracia que ha vivido el país en las últimas décadas indica que está muy enferma, y se debe someter a “cuidados intensivos”, porque sino el acto de gobernar seguirá por el despeñadero hacia el abismo del descrédito. Ya es vox populi que el narcotráfico y la corrupción se han tomado buena parte de alcaldías, gobernaciones, el Congreso y órganos de control. Además, ha llegado a la Casa de Nariño en varias ocasiones. 

Paralelo a ese desgraciado fenómeno, la mayoría de la población es cada año que pasa más pobre, la educación más paupérrima, la industria continúa desapareciendo – viene en declive desde la década de 1980 – y la agricultura está en progresivo y grave deterioro, pues - expresándolo en términos sarcásticos - para qué producir alimentos si se pueden importar. Ante el abandono del campo por sucesivos gobiernos; campesinos y aborígenes llegan a la ciudad a formar cordones de miseria y a deambular por las calles. También, ese problema se aceleró por las bandas criminales que los ha venido expulsando de sus tierras para apropiarse de ellas. 

El desamparo de los desvalidos es más horrible cuando los medios de comunicación, en buena parte, desinforman y entregan noticias tendenciosas. La situación se vuelve contaminada cuando las redes sociales forman una telaraña que atrapa a la población, la confunden entre la verdad y la mentira, y prácticamente le ‘secuestran’ el discernimiento. Y como los colombianos leen poco y mucho menos saben de historia, son más fácilmente vulnerables. Además, olvidan pronto a sus pésimos gobernantes y engañados los vuelven a elegir.  

Para explicar cómo proceden quienes han controlado el acto de gobernar, se hará referencia al libro “Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia”, escrito por Byun-Chul Han y que fue editado el mes pasado. El aludido escritor, ya ha sido mencionado en este espacio, pero no sobra recordar que es profesor de filosofía y estudios culturales en la universidad de las Artes de Berlín, Alemania. El año pasado publicó No-cosas, una crítica acerca de cómo la información determina el mundo en el que se vive, y de qué manera la digitalización está sustituyendo la memoria

“Confunde y reinarás”: noticias falsas

En Infocracia, el profesor Han plantea que en estos tiempos la digitalización afecta los procesos políticos y la democracia, convirtiendo las campañas electorales en guerras de información, usando todos los medios técnicos y psicológicos imaginables. Se usan noticias falsas, discursos de odio e inducción al miedo. Asimismo, la psicometría y la psicopolítica digital intentan influir el rumbo electoral y evitar decisiones conscientes en la escogencia de los gobernantes. 

Así expresa él parte de sus ideas: “La digitalización del mundo en que vivimos avanza inexorablemente. Somete nuestra percepción, nuestra relación con el mundo y nuestra convivencia a un cambio radical. Nos sentimos aturdidos por el frenesí comunicativo e informativo. El tsunami de información desata fuerzas destructivas. Entretanto, se ha apoderado también de la esfera política y está provocando distorsiones y trastornos masivos en el proceso democrático. La democracia está degenerando en infocracia”. 

De acuerdo con su punto de vista “es imposible detenerse en la información. Esto deja al sistema cognitivo en estado de inquietud. La necesidad de aceleración inherente a la información reprime las prácticas cognitivas que consumen tiempo, como el saber, la experiencia y el conocimiento. Por su reducido intervalo de actualidad, la información atomiza el tiempo. Este se reduce a una mera secuencia de presencias puntuales. En esto, la información se diferencia de los relatos, que generan una continuidad temporal”.

Advierte que ese cortoplacismo general de la sociedad de la información no favorece la democracia. 

“El discurso tiene una temporalidad intrínseca que no es compatible con una comunicación acelerada y fragmentada. Es una práctica que requiere mucho tiempo. La racionalidad también requiere tiempo. Las decisiones racionales se toman largo tiempo. Vienen precedidas de una reflexión que se remite, más allá del momento, al pasado y al futuro. Esta extensión temporal distingue a la racionalidad. En la sociedad de la información simplemente no tenemos tiempo para la acción racional”, según él.

Menos razonamiento, más noticias falsas

A criterio de Byun-Chul “los afectos son más rápidos que la racionalidad. En una comunicación afectiva, no son los mejores argumentos los que prevalecen, sino la información con mayor potencial de excitación. Así, las fake news concitan más atención que los hechos. Un solo tuit con una noticia falsa o un fragmento de información descontextualizado puede ser más efectivo que un argumento bien fundado”. 

Refiriéndose a las elecciones pasadas en EE.UU. el filósofo coreano dice en su libro: “Trump, el primer presidente con Twitter, trocea su política en tuits. No son visiones, sino informaciones virales, las que los determina. La infocracia fomenta la acción instrumental orientada al éxito. El oportunismo se extiende. La matemática estadounidense Carthy O’Neil señala con acierto que el propio Trump actúa como un algoritmo completamente oportunista, guiado sólo por las reacciones del público. Las convicciones o los principios estables en el tiempo se sacrifican en aras de los efectos de poder a corta plazo”.   

Detalla que “la psicometría, también conocida como “psicografía”, es un procedimiento basado en datos para obtener un perfil de personalidad. Los perfiles psicométricos permiten predecir el comportamiento de una persona mejor de lo que podría hacerlo un amigo o un compañero. Con suficientes datos, es posible incluso generar información más allá de lo que creemos saber de nosotros mismos. El smartphone es un dispositivo de registro psicométrico que alimentamos con datos día tras día, incluso cada hora. Puede utilizarse para calcular con precisión la personalidad de su usuario”. 

Señalando los riegos de estos instrumentos, Han apunta: “La psicometría es una herramienta ideal para el marketing psicopolítico El llamado microtargeting utiliza perfiles psicométricos. A partir de los psicogramas de los votantes, se le hace publicidad personalizada en las redes sociales. Al igual que el comportamiento de los consumidores, el de los votantes se ve influido en un nivel subconsciente. La infocracia basada en datos socaba el proceso democrático, que presupone la autonomía y el libre albedrío”.

Microtargeting: manipulación asegurada

En el microtargeting, los votantes no están informados del programa político de un partido, sino que se les manipula con publicidad electoral adaptada a su psicograma, y no pocas veces con fake news. Se comprueba la eficacia de decenas de miles de variantes de un anuncio electoral. Estos dark ads psicométricamente optimizados suponen una amenaza para la democracia. Cada cual recibe un mensaje diferente, y esto fragmenta al público. Grupos diferentes reciben información diferente, que a menudo se contradicen. Los ciudadanos dejan de estar sensibilizados para las cuestiones de relevancia social”. 

Agrega a renglón seguido: “Están más bien incapacitados por haber quedados reducidos a un ganado manipulable de votantes que tienen que asegurar el poder a los políticos. Los dark ads contribuyen a la división y polarización de la sociedad y envenenan el clima del discurso. Además, son invisibles para el público. De ese modo, socavan un principio fundamental de la democracia: la autoobservación de la sociedad: “En la infocracia, la información se utiliza como un arma. El sitio web de Alex Jones, conocido radical de derecha estadounidense y teórico de la conspiración, se llama InfoWars”. 

Asegura que “se trata de un destacado representante de la infocracia. Con sus burdas teorías conspirativas y con sus noticias falsas llega a un público de millones de personas que le creen. Actúa como un infoguerrero (infowarrior) contra el establecimiento político, Donald Trump lo incluye expresamente entre las personas a las que atribuye su victoria electoral de 2016.  Las infowars con fake news y teorías de la conspiración indican el estado de la democracia actual, donde la verdad y la veracidad ya no importan. La democracia se hunde en una jungla impenetrable de información”. 

No duda igualmente en afirmar que “la democracia es lenta, larga y tediosa, y la difusión viral de la información, la infodemia, perjudica en gran medida el proceso democrático. Los argumentos y los razonamientos no tienen cabida en los tuits o en los memes que se propagan y proliferan a velocidad viral. La coherencia lógica que caracteriza el discurso es ajena a los medios virales. La información tiene su propia lógica, su propia temporalidad, su propia dignidad, más allá de la verdad y la mentira. También las noticias falsas son, ante todo, información. Antes de que un proceso de verificación se ponga en marcha, ya he tenido todo su efecto”. La única forma de extirpar ese ‘cáncer’ que está haciendo ‘metástasis’ en la democracia es a través de la educación.

Lea también: Educación: la ‘cenicienta’ del gobierno



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net