Ciencia y Tecnologí­a / SEPTIEMBRE 11 DE 2022 / 2 meses antes

Economía: ¡hay qué humanizarla!

Autor : Diego Arias Serna

Economía: ¡hay qué humanizarla!

Los efectos catastróficos de una economía salvaje que prioriza las ganancias, pero catapulta las desigualdades sociales, ha sido una preocupación constante de Amartya Sen, defensor acérrimo de una economía del bienestar, de la equidad.

Los efectos catastróficos de una economía salvaje que prioriza las ganancias, pero catapulta las desigualdades sociales, ha sido una preocupación constante de Amartya Sen, defensor acérrimo de una economía del bienestar, de la equidad.

El año pasado, el Banco Mundial reveló que los cinco países más desiguales del mundo son Zambia, Botsuana, Namibia, Surinam y Sudáfrica, siendo este último el mayor con un índice Gini ascendente al 0,63. La misma entidad informó que el 50% de la población vive con menos de 5,5 dólares al día; y que el porcentaje de pobreza extrema, es decir, personas que viven con menos de un dólar al día se ha reducido, lo cual no significa que la desigualdad social no sea un hecho. 

Según Google, el índice de Gini es una medida de la desigualdad de una distribución. Se define como una relación con valores entre 0 y 1 que es común emplear para medir la desigualdad de la distribución de la riqueza en regiones o países. El futuro inmediato no es nada tranquilizador. Iniciando este 2022, la página web del banco citado, vaticinó: “El crecimiento mundial se desacelerará hasta el 2030, lo que contribuirá al riesgo de un ‘aterrizaje brusco’ en las economías en desarrollo”.  

Por otro lado, la Agenda para el Desarrollo Sostenible, formulada por la ONU, establece que “en la década 2020-2030 es fundamental la necesidad de actuar para hacer frente a la creciente pobreza, empoderar a las mujeres y las niñas y afrontar la emergencia climática”. Sin embargo, los datos y la manifestación de la naturaleza, señalan que tales directrices de esa organización rectora de los países, no se están cumpliendo, y más preocupante aún, que con el conflicto rusoucraniano tienden a empeorar.

Frente a ese desafío, a lo largo de la historia han surgido voces que además de señalar los problemas de la humanidad, formulan propuestas para solucionarlos.

En el siglo pasado y en este XXI, se pueden citar a pensadores como Manfred Max Neef (1932-2019), economista, ambientalista y político chileno, que fue un adelantado de su época y propuso los conceptos de la economía descalza y desarrollo a escala humana. A raíz de su deceso, se le dedicó este espacio dominical. Otro personaje importante, quien todavía vive, es Amartya Kumar Sen, Nobel de Economía 1998 y Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales 2021. Sobre él va este artículo.  

Que a él se le haya otorgado el Nobel por sus trabajos sobre el hambre en el mundo y su relación entre la democracia y la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos, son elementos para tenerlo en cuenta en esta ocasión cuando se escribe sobre la pobreza, la desigualdad social y una economía que pasa por encima de buena parte de la población y prioriza la ganancia. Fue el precursor de teóricos como el economista francés Thomas Piketty y Mariana Mazzucato, con dos nacionalidades (italiana y la estadounidense). 

Este documento tendrá el acompañamiento de dos artículos: El primero se tituló “El niño bengalí que acabó humanizando la economía”, escrito por Iker Seisdedos. El otro, redactado por Máriam Martínez-Rascuñán, quien lo tituló: Amartya Sen, democracia y vida prospera, publicados el 17 de octubre 2021 en el periódico El País de España.
 

Un ‘rebelde’ contra la desigualdad

En la portada de la sección Ideas, suplemento dominical de El País, lleva como título: Amartya Sen: El pensador que se rebeló contra la desigualdad”, y señala:

“Es un humanista que puso su pensamiento al servicio de la equidad. Revolucionó las teorías del desarrollo y, ya en 1990, gracias a sus aportaciones, la ONU incorporó el ‘índice del desarrollo humano, como indicador del bienestar’ de las naciones. Intelectual de otra especie, economista que trasciende su ámbito y suma saberes en literatura y filosofía, abrió una veta en la que luego han profundizado primeros espadas del pensamiento económico contemporáneo como Thomas Piketty, Esther Duflo o Máriana Mazzucato”.

Como introducción a su artículo, Seisdedos recordó: “Testigo en su infancia de los estragos de la hambruna, Amartya Sen transformó la lucha contra la pobreza alimentaria en los años ochenta. Concluyó que esta no se resuelve produciendo más, sino redistribuyendo de forma justa”. Sen escribió varios libros entre ellos,

Un hombre en el mundo, donde redacta sus memorias juveniles, de “lo poco” que ha logrado en la vida, dan ganas de proponerlo para el Premio Nobel a la Falsa Modestia... sino fuera porque ganó el de Economía en 1998 “por sus investigaciones sobre la economía del bienestar”. Expresión de Seisdedos al inicio de su artículo.  

Acerca de él agrega: “Pocas existencias se antojan más plenas que la de este intelectual trotamundos, que aportó un punto de vista filosófico a la teoría de la elección social, fue pionero al aplicar el enfoque de capacidades para tratar la desigualdad y contribuyó a crear el índice de desarrollo humano (IDH) de la ONU.

Basta con lo que cuenta el libro, y eso que sus recuerdos se detienen recién cumplidos los 30, antes de sus influyentes estudios sobre el hambre y la pobreza.

“Tengo 87 años, pero aún me quedan muchas cosas por hacer”, dijo Sen el primer sábado de octubre durante una entrevista en el jardín trasero de su casa de Cambridge (Massachusetts). Aquí vive con su tercera esposa, la historiadora británica Emma Rothsechild, a pocas calles de la universidad de Harvard, donde enseñó Economía y Filosofía entre 1987 y 1998 y desde 2004 hasta su jubilación”. 

Él se distingue porque inició caminos en la ciencia económica a base de humanizarla. Y como manifiesta Seisdedos: “Es uno de los expertos a los que debemos que desde 1990, gracias al IDH, no todo se fie a la variación del producto interno bruto para medir el desarrollo, sino que, se tenga en cuenta cómputos como la esperanza de vida, los ingresos per capita o el nivel educativo. El tiempo ha acabado dándole la razón a su trabajo pionero sobre la desigualdad, cuando aplicó a su estudio el enfoque de capacidades (de nuevo, dejó de bastar la renta y empezaron a tener en cuenta las opciones y libertades de los individuos)”.
 

Estimular las capacidades humanas 

Añade: “Lo que entonces era una rama secundaria de la disciplina ha acabado colocándose con el cambio de siglo en el centro de un debata acuciante, más incluso tras la pandemia, que ha exacerbado la inequidad”. Señalando más delante: “El economista lord Nicholas Stern, referente en el estudio sobre el coste del cambio climático, explica que sus contribuciones son tantas que es difícil elegir una… Si tuviera que hacerlo, me centraría en su libro Desarrollo libertario (1999), en el que cristalizó muchas de sus ideas sobre estos temas que incluyen revelaciones sobre el funcionamiento de la política económica, la justicia y, sobre todo, la noción esencial de que el desarrollo pasa por estimular las capacidades humanas y por permitir a los individuos que sean aquello que que valoran”.  

Haciendo remembranza sobre su vida, Seisdedos resalta que el bengalí nació en Santiniketan (India) y llevado a los dos meses a Daca, que - tras la independencia en 1947 - sería la capital de Bengala Oriental, y desde 1971 de Bangladés, así que Sen pertenece a esa clase de individuos a los que la violencia del siglo XX obligó al cosmopolitismo. De su infancia y juventud proviene su concepto de las personas como entes complejos que trascienden a su nacionalidad, raza o sexo, lo cual lo hace desconfiar de las políticas identitarias tan en boga en los EE.UU. Se ha preocupado por la brecha de género, y su compromiso vital de la necesidad de ampliar el acceso a la educación escolar en el mundo. 

Refiriéndose a Tagore, resalta las propias palabras de Sen: “Es una pena que en Occidente se la haya reducido a su imagen mística, cuando tiene mucho que decir sobre historia, política, economía y equidad social”.  Otra de sus tempranas y duraderas influencias fue Adam Smith: “Mucho más que el campeón por excelencia de la economía de mercado, fue un visionario y un humanista”. Sen es el resultado de contrastes como ese. 
 

Urge una economía con ética

Esta parte fue la que redactó Máriam Martínez-Bascuñas, que tituló: Amartya Sen, democracia y vida próspera, que tiene a manera de prólogo lo siguiente: “El pensamiento del profesor de Harvard es más vital aun cuando contemplamos atónitos el brutal crecimiento de una China sin libertad”. La periodista científica quiso poner en primer plano lo que Sen piensa sobre la calidad de nuestra vida, la riqueza que poseemos, nuestra capacidad para vivir en libertad o la nación.

También, resalta si es verdad de que el crecimiento económico es el adecuado para medir el grado de desarrollo. 

Martínez-Bascuñas señala que para Sen es necesario incorporar la ética a la economía, y así lo reconoció con acierto la Academia Sueca, con el Nobel de 1998.

Ella expresa: “Si algo nos enseña este profesor de Harvard, es que una vida próspera no puede valorarse obviando la calidad de las instituciones política y económica, la eficacia o justicia de nuestras estructuras o la distribución de bienestar. Porque para medir el bienestar no basta con atender a lo que tenemos, a eso a lo que John Rawls llamaba ‘los bienes primarios’; es necesario detenerse en las capacidades potenciales de las personas y entender que siempre dependerán de las oportunidades ofrecidas por los sistemas que habitamos”.

Apunta también: “Reconocer el derecho al sufragio no bastaría si no sabemos leer o no contamos con medios de comunicación independientes para juzgar el mundo, o si carecemos de infraestructuras para desplazarnos allí donde se encuentre nuestro colegio electoral. Los derechos no existen si no sabemos o no podemos ejercerlos. Por eso es esencial hablar de capacidades cuando pensamos en un sistema democrático. La propuesta de Sen entronca con la tradición de John Stuart Mill, pues entiende la democracia como un modelo para el desarrollo individual”. 

Además, afirma la periodista: “Teorías como la de Amartya Sen, nos ayudan a poner de nuevo en el centro la importancia de los temas democráticos a la hora de definir una vida próspera hoy, cuando los admiradores del auge del gigante asiático pretenden hacernos creer, interesadamente, que la legitimidad de un sistema reside únicamente en su eficiencia, al margen de cualquier fundamentación normativa o de su mirada ética, sensible a la realidad o desventuras de las personas”.

Conocer el pensamiento de Sen, ayuda a entender el tamaño de las injusticias de Colombia, país donde varios millones de la población está en la pobreza.



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