Ciencia y Tecnologí­a / JULIO 24 DE 2022 / 2 meses antes

La rabia: ¿detonante para el cambio?

Autor : Diego Arias Serna

La rabia: ¿detonante para el cambio?

En Colombia, un “volcán de rabia” explotó. Las voces y los gritos reprimidos no aguantaron más. Por fin, el pueblo mayoritariamente tomó conciencia – recordando a Mahatma Gandhi – que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena”.

Francia Márquez representa un sector social del sur del país que se apropió de ese reclamo de “digna rabia”, que contiene un poco la noción de “digna vida”, según Laura Quintero.  

La filosofía es un área que estudia sistemática y críticamente asuntos relacionados con la existencia humana. Disertación que se da a partir de respuestas a preguntas concernientes con el ser, la moral, la validez del conocimiento, la relación de los humanos con la naturaleza. Asimismo, estudia las emociones y afectos, así como los sentimientos de ira y su manifestación extrema, como es la rabia. Estos últimos temas vienen siendo objeto de estudio de la filósofa y ensayista, Laura Quintero, quien estudió en la Universidad Nacional de Colombia y es profesora de filosofía de la Universidad de los Andes.  

Ha publicado, entre otros libros, ‘La política de los cuerpos’, ‘Tinieblas’ y ‘Eclipse a media noche’. Junto con Ignacio Rodríguez, escribió ‘Estado de emergencia’.

‘¿Golpe de Estado?’ ‘¿Interinato o alternancia?’. A finales del año 2019 recibió la mención de honor de los prestigiosos galardones a la investigación que concede la Fundación Alejandro Ángel Escobar, en la categoría de Ciencias Sociales y Humanas. En 2021 publicó ‘Rabia. Afectos, violencia, inmunidad’. De este texto habló en la entrevista concedida al periódico El País, de España, el pasado 17 de julio. Por lo que ese concepto significa dentro de la coyuntura política, social y gubernamental del país que hizo ‘catarsis’ el pasado 29 de junio, incluimos aquí algunos de sus puntos de vista.    

El libro lo publicó Herder Editorial, con sede en Barcelona, España. Y apartes de la ficha técnica de esa edición dice: “Hay formas de rabia que intensifican la desigualdad y otras que la combaten. Y en esta duplicidad están en juego diferentes comprensiones de la vida, la identidad y su relación con lo extraño. En distintas actitudes cotidianas y en varias de las decisiones políticas son visibles formas de miedo, odio y resentimiento”.  

Según la autora, “en las redes sociales y en las decisiones electorales, en los espacios cotidianos rutinarios y como respuesta a crisis inesperadas, la gente expresa su insatisfacción por aquello que percibe como rechazable y amenazante: personas migrantes estigmatizadas, formas de vida asumidas como degeneradas, figuras públicas satanizadas. A su vez, el descontento ante la violencia y la desigualdad da vida a formas de enardecimiento que confrontan estas condiciones en apuestas políticas disidentes”. 

¿Qué espera del nuevo gobierno?  

La entrevista la realizó la periodista Begoña Gómez Urzaiz, quien ambientó la presentación expresando su particular interés “en la investigación de las emociones colectivas y de todo aquello que lleva a conformar el sujeto político”. A su juicio, el ensayo defiende la capacidad transformadora de ciertos tipos de rabia, un afecto que dice, “nos hemos acostumbrado a patologizar” y que no todo el mundo puede permitirse. Según la periodista, Quintero tiene claro que cuando habla y cuando escribe lo hace siempre desde Colombia, un país vapuleado por la violencia y donde, dice, “la desigualdad es ideología”. No piensa moverse de allí: “No sabría cómo pensar o escribir desde otro sitio”.    

Ante la pregunta acerca de qué esperaba del nuevo gobierno colombiano, fue clara en manifestar: “no espero cambios muy estructurales porque requieren tiempo, pero sí creo que puede empezar una orientación política distinta para el país. Petro supo recoger el descontento y también la necesidad de construir nuevos acuerdos en un país muy desgarrado por tantos años de violencia. Muchos lo vemos como un gobierno de transición que va a permitir tomarse en serio problemas fundamentales de Colombia: el problema de la tierra, el problema de la redistribución de la riqueza; la salud, la educación”.   

Refiriéndose a la nueva vicepresidenta, recordó que “el tema que promovía Francia Márquez era “que la dignidad se haga costumbre”, porque es un país muy clasista y racista, muy desigual”. P. ¿Sería la figura de Francia Márquez un ejemplo de lo que usted llama la rabia digna? R. “Ella representa un sector de movilización social del sur del país que se apropió de ese reclamo de “digna rabia” que contiene un poco la noción de “digna vida” y que reclama que haya condiciones mínimas de existencia, pero también que haya más posibilidades de participación en las decisiones importantes del país”.  

Esta docente universitaria también trae a la memoria que “Márquez viene de un movimiento en defensa del territorio en el norte del Cauca, que es un lugar que ha sido escenario de disputas entre guerrilleros, paramilitares y el Estado. Y desde sus reivindicaciones ambientales, lo que ha querido defender es que quienes habitan esos territorios puedan decidir sobre lo que les concierne sin que los asesinen por defender simplemente ecologías de la vida en forma de subsistencia mucho más sostenible. Ese lema que ha hecho popular del “vivir sabroso” se refiere también a las transformaciones sociales”.  
  
La rabia, un afecto de los pobres 

Plantea la entrevistadora: expone usted en su texto que la rabia ha sido tradicionalmente un afecto de los pobres. Su respuesta va enfocada en los siguientes términos: “Hay una lectura que yo problematizo en el libro y es pensar que rabia, resentimiento y odio son equivalentes y luego hago algunas diferenciaciones allí que me parecen importantes. En el libro muestro que el capitalismo mismo produce muchas formas de resentimiento. Busca que tú te esfuerces por producir más, compitas con otros, quieras consumir más como para aliviar los vacíos existenciales que sientes”.   

Agrega: “Me interesa mostrar que la rabia es diferente de ese resentimiento, porque la rabia, cuando se politiza, no quieres simplemente culpar a otros por el daño que se padece, como lo hace muchas veces el resentimiento, o quedarse fijado a una herida que no deja de doler. No es el resentimiento que elaboró Nietzsche, que tiene que ver con sentir y resentir lo que me dolió y no poderlo olvidar. La rabia interpreta políticamente el daño, no lo fija en otros, sino que quiere cambiar el mundo. Entonces, deja de ser un afecto que fija culpas para volverse un afecto que tiene un potencial emancipador”.  

En torno a la distinción que ella hace entre rabia y resentimiento en las políticas identitarias, puntualiza señalando que “hay políticas de resentimiento que buscan decir: “Yo soy el nacional, no quiero nada que ver con el inmigrante” y fijan identidades, La rabia más bien desestabiliza las identidades para decir: “Soy negro, soy indígena, soy campesino, pero tenemos problemas en común y lo que nos interés es luchar juntos para resolverlos”.  

La periodista hace la siguiente referencia: la última ola del feminismo va por ahí, por insistir en la interseccionalidad. Pero la rabia es una emoción generalmente vetada o penalizada para las mujeres. Ante ello, la filósofa manifiesta: “Los feminismos, sobre todo el feminismo negro norteamericano, han repensado el papel de la rabia porque por mucho tiempo la rabia fue desvalorizada como un afecto subjetivo, propio de las mujeres histéricas con las que no se puede hablar fácilmente. La propia Francia Márquez ha sido víctima de ese tratamiento. Pero el punto es que te expresa indócilmente sus opiniones y simplemente no se acomoda a los estándares establecidos”.   

En palabras suyas “el feminismo negro recuperó ese enardecimiento y a mí me interesa situarme allí y también mostrar cómo los afectos cambian históricamente.

Sí creo que es un afecto que el feminismo reivindica mucho, y eso lleva, por ejemplo, a acciones directas a lo que yo llamo en el libro formas de violencia estética que se oponen a la violencia guerrera militar, pero que en todo caso son muy disidentes, muy enfáticas ya sean pintadas en muros, bloqueos de calle, performances, bailes…”. 

Derechos sociales y protestas: dúo necesario 
  
En esta parte del artículo dominical, se resaltan dos aspectos interesantes que aborda Laura Quintero: Primero, argumentar que la protesta es irracional, como sugieren algunos gobernantes. Segundo, qué movimiento hay con un uso creativo de la rabia. La nota del medio español reseñó que lo primero que dijo Joe Biden, (presidente de EE.UU.), en cuanto se conoció la revocación de Roe contra Wade (refiriéndose al aborto), fue advertir a quienes iban a salir a protestar que lo hicieran de manera “peaceful, peaceful, peaceful” (pacífica, pacífica, pacífica). Desde los movimientos feministas se leyó como algo muy insultante. 

La docente de la Universidad Nacional considera que eso “es un error porque, entre otras cosas, despolitiza. Impide reconocer que hay un antagonismo, que lo que pasó es algo muy grave para la mitad de la población, que está perdiendo derechos, sobre todo de las mujeres más pobres. Sugerir que la protesta, si se diera, sería irracional y violenta oculta que la violencia es acallar el sentido de la protesta. Hay un institucionalismo que ha desprestigiado mucho el derecho democrático, pero no tendríamos derechos sociales sin protesta, lo cual no tiene sentido”. Esa afirmación de Biden, la repiten tanto quienes gobiernan en Colombia como militares y policías de alto rango. 

Ante el planteamiento: ¿en qué movimientos está detectando un uso creativo de la rabia? No duda en manifestar: “Me interesan los movimientos que están luchando contra el daño ecológico, entendiendo lo ecológico en un sentido muy amplio, y los movimientos que se podrían denominar anticapitalistas o que están apuntando a una transformación radical del capitalismo, de modo que se ponga en cuestión el mandato de acumulación (…)”.   

Según ella, “hay grupos que están vinculando los daños ecológicos con daños coloniales y que están produciendo una lectura más transversal de esas violencias que tienen que ver con cuestiones ambientales, que están ligadas también con formas de violencia física, con masacres, y que están también intentando cuestionar ese capitalismo más violento que es el neoliberalismo”. 

Finaliza afirmando que “todos esos movimientos indígenas y campesinos en Latinoamérica están apuntando a una economía de decrecimiento que me parece muy interesante y creo que están moviéndose por el lado de la dignidad y la rabia”. Que Petro haya nombrado a una indígena, o mejor aborigen, para representar a Colombia en la ONU, apunta en ese sentido, aunque genere no rabia sino histeria a personajes nefastos como Paloma Valencia. 



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