Ciencia y Tecnologí­a / JUNIO 12 DE 2022 / 2 meses antes

Políticos y mafias: ¡qué peligro!

Autor : Diego Arias Serna

Políticos y mafias: ¡qué peligro!

Son décadas de mal gobierno lo que sigue hundiendo a la mayoría de la población en la pobreza y entregando las riquezas naturales a empresas extranjeras. Por eso hay que tenerle miedo al continuismo. 

A 8 días de realizarse la segunda vuelta de la contienda electoral que elegirá al presidente de los colombianos por otros 4 años, lo único claro es que hay dudas si de verdad las elecciones serán impolutas o estarán marcadas por la impronta del atraco a los votantes, como se insinuó en la primera vuelta. Asimismo, desde que el 29 de mayo –fecha en que se conoció que Gustavo Petro y Rodolfo Hernández fueron los ungidos para participar en la recta final de esta justa democrática- se empezaron a escuchar los nombres de quienes se adherían al uno o al otro. 

Paralelo a ello, los colombianos han estado escuchando encuestas sobre el favoritismo que van teniendo los 2 aspirantes, y pareciera que se está presentando una pugna muy equilibrada entre ambos, lo cual da la impresión de que nuestra nación tiene una ‘democracia’ muy madura, pero la historia muestra todo lo contrario. Lo que sí es cierto es que todos los años de vida republicana (desde 1819), han gobernado los mismos de siempre, unas pocas familias, (cerca de 50), que van heredando el poder de gobernar. 

Para darle más ‘lucidez’ a esa desdibujada democracia y surgen figuras diferentes a esos clanes con posibilidades de ser presidente, son asesinados. Claros ejemplos son Luis Carlos Galán, que -sin catalogarlo de izquierda, socialista o comunista, pero sí progresista- le impidieron llegar a la jefatura del Estado, así como Bernardo Jaramillo Ossa y Jaime Pardo Leal, ambos de la Unión Patriótica, movimiento al que le exterminaron unos 4.500 miembros entre alcaldes, concejales, diputados, senadores y representantes a la Cámara. Igualmente, segaron la vida de miembros del M19, entre ellos Carlos Pizarro Leongómez, y a políticos del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, etc. 

Como si fuera poco el peligroso actuar de esas familias de ‘bien’ y excluyentes, hay que agregar el papel de las bandas criminales con rostro de mafiosos, paramilitares, delincuencia común y otros grupos de bandidos que pareciera que han hecho pactos con políticos locales, quienes se han beneficiado con el fenómeno de la corrupción, convirtiendo el erario “en su propiedad”. Detrás de esa cortina ineficaz y perversa, está un sector amplio de la población sin asistencia médica, niños desnutridos, transporte inadecuado, educación sin calidad, vivienda en mal estado, manejo inapropiado de la tierra, falta de cuidado del medio ambiente, es decir, la Colombia olvidada. ¿Hasta cuándo? 

Medios coartados: ‘estocada’ a la democracia 

En medio de ese panorama desolador, avanza la fase definitiva de la campaña presidencial con dos candidatos, uno, que parece más un bufón que un estadista, y el otro, un personaje de la vida política nacional con ideas progresistas, más no socialistas ni mucho menos comunistas, que entendió -como el Premio Nobel de Economía 2021 Joseph Stiglitz- que el neoliberalismo solo generó destrucción de la economía en muchos países. Sin embargo, como los medios de comunicación son controlados por el establecimiento, el candidato progresista es presentado como un peligro para las élites que han usufructuado por décadas el acto de gobernar. 

Sobre la prensa, esto escribió Darío Arismendi Posada, considerado el decano del periodismo: ‘En qué momento se jodió Colombia’, texto publicado en 1990 y que recopila un conjunto de artículos de varios expertos. Tituló su aporte: “¿Una encrucijada superable? Entre otras cosas expresó: “El periodista se halla en el “fuego cruzado” de otra guerra detestable, cual es la “guerra de la información”, o la de la “desinformación”, o de la “contrainformación”, que pretende convertir a los medios y a los profesionales en instrumentos de su macabro propósito, que no es otro diferente al de confundir a la opinión pública en aras de sus propios intereses”. 

Con preocupación manifestó: “Si la sociedad se encuentra literalmente impotente y asediada, otro tanto se puede afirmar de nuestra profesión. Quizá nunca jamás esta había recibido tantas embestidas de esta hidra de por lo menos 7 cabezas que conforman el núcleo de la multiviolencia colombiana. (…), decenas de periodistas y escritores han caído abatidos, otros tantos han tenido que marchar al exilio, y los que aquí estamos, vivimos expuestos a los más inclementes desafíos, pudiéndose concluir que hoy la libertad de prensa y de expresión es un remedo y una sombra de lo que debe y tendría que hacer, y no por culpa, de la acción censora del gobierno, o del funcionario, sino del desmoronamiento del Estado y sus instituciones, y del establecimiento, de hecho, de la pena de muerte para los “delitos de opinión”. 

Con sus afirmaciones, el exdirector de noticias de Caracol radio, predijo el inicio de la ‘muerte’ del “cuarto poder”, como se le ha llamado al periodismo. Si quienes son formadores de la opinión pública se sienten impedidos para hacerlo -por el miedo- entonces la democracia y la participación libre del ciudadano en una contienda electoral, está constreñida por quienes controlan el poder económico, político y de las armas. Arismendi Posada cita en su texto las palabras del juez Jackson de los EE. UU. en un sonado caso sobre la libertad de expresión. 

En palabras del jurista, “aquellos que empiezan por eliminar de forma coercitiva la disidencia, pronto se encontrarán eliminando a los disidentes. La unificación compulsiva de la opinión solo consigue la unanimidad del cementerio”. Y justamente eso es lo que ha pasado en Colombia, cuando la gran prensa uniformó a la opinión pública con la leyenda del “salvador de la patria” en persona del innombrable y su estela de muerte, que -con solo los falsos positivos- llenó de dolor a 6.402 familias y consolidó las bandas de criminales, como la Oficina de Envigado, que se han aliado con políticos. 

Familias de ‘bien’, poder económico y mafias: trío fatal 

La democracia tampoco funciona cuando unas pocas familias y poderes económicos han excluido otras expresiones políticas, y con el apoyo de la gran prensa difaman a los contrincantes, los presentan como un peligro para el país; cuando –por el contrario- precisamente, son las décadas de mal gobierno lo que sigue hundiendo a la mayoría en la pobreza y entregando las riquezas naturales a empresas extranjeras. En el caso particular de los hidrocarburos, cuando la Unión Europea planea poner fin en unos 10 años al uso de los combustibles fósiles, acá se demoniza al candidato del Pacto Histórico porque afirma que, durante su gobierno, paulatinamente se iniciará el cambio de esos combustibles por energía renovables. 

Otro aspecto que afecta la democracia es la presencia de personajes que aspiran a ser presidentes con imputaciones por corrupción. Peor aún, cuando un candidato, sin pudor, puso a ‘soñar’ a los colombianos, afirmando que acabará con ese ‘cáncer’ de la patria. Pero, en la tierra de Macondo todo es posible. En pasadas elecciones, capos de la mafia han incidido para que determinados candidatos a cuerpos colegiados, gobernaciones y alcaldías, ‘triunfen’ en la contienda electoral. Recordemos, con repudio, el caso del Negro Martínez. 

De lo que ha pasado en Colombia, las cifras hablan por sí solas. Según datos del Centro Nacional de Memoria Histórica, desde 1958 hasta 2018 se han documentado unas 700 masacres, 260.000 homicidios, más de 37.000 secuestros y 8 millones de desplazados, así como 120.000 desapariciones forzosas e identificados al menos 31 grupos armados ilegales. Sin embargo, al desagregar la cifra de 260.000 homicidios, solo hay 174.890 que se le pueden atribuir a un actor armado. Las cifras también las presenta Lourdes Cruz Cárdenas, docente e investigadora de la facultad de ciencias económicas de la universidad de Antioquía. 

En el artículo titulado: ‘¿Por qué no cesa la violencia luego de las negociaciones de paz?’, publicado en la página web de esa institución, Cruz Cárdenas acotó: “La participación por grupo armado comprende: 77 % ocasionado por paramilitares, neoparamilitares y crimen organizado; 11 % causado por las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia; el 8 % el Ejército de Liberación Nacional y 4 % el Estado. El último dato -como expresó Steven Riascos Carabalí, economista de la Universidad del Valle e invitado a la universidad de Antioquía- indica la idea de que los gobiernos locales entran en la disputa, debido a los incentivos que disponen los grupos ilegales para que los gobiernos entren a cooperar con ellos”. 

También manifestó Riascos: “Para muchos grupos armados establecer procesos de cooperación con los gobiernos locales logra que se empiecen a establecer ciertas estrategias que les permitan a estos gobiernos permanecer en el poder, se reduce la competencia electoral y esto favorece a ambos grupos”. 

Tributación: pa’ los de ruana 

Para terminar este artículo dominical, recurrimos a lo expresado por otros académicos, por ejemplo, lo divulgado en mayo pasado por el periódico Le Monde diplomatique y titulado: “En Colombia, el escollo de Medellín”, escrito por Alcides Gómez, Forrest Hylton y Aaron Tauss. Los 2 primeros, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia. Hylton también está en la universidad Federal de Bahía, Brasil. Por su parte, Tauss está vinculado con la Universidad de Viena, Austria. 

Estos científicos resaltan que “la economía de Medellín se caracteriza por unos niveles extremos de concentración de la riqueza”, y que “el sistema fiscal colombiano, históricamente hostil a la idea de gravar a los ricos, es una de las principales razones de las desigualdades sociales”. Paralelo a esta injusticia, los 3 investigadores afirman: “Las redes criminales y las bandas de narcotraficantes siguen dominando la mayor parte del territorio mediante asesinatos, amenazas, intimidaciones y extorsiones”. 

Para dimensionar el tamaño del fenómeno ellos, además afirman: “La financiación de campañas políticas y el blanqueo de dinero les permite mantener sus vínculos con la política legal y el mundo de los negocios, especialmente con los sectores de la seguridad privada y las tecnologías de vigilancia, donde gozan de incuestionable experiencia, pero también en el turismo sexual, la hostelería y restauración, los bares, el transporte, la construcción y la actividad inmobiliaria”. Ya se podrán imaginar cómo se controlan esos puestos de trabajo y se manejan a los ‘beneficiarios’ para que voten por quienes ellos desean ver en el gobierno. Así que, es muy ‘transparente’ nuestra ‘democracia’. 

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