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Ciencia / MAYO 26 DE 2024 / 1 mes antes

“Nos faltan mujeres en la ciencia"

Autor : Nathalia Baena Giraldo

“Nos faltan mujeres en la ciencia"

Composición porcentual por género del estudiantado y profesores de planta por facultades en la Universidad del Quindío. Los datos fueron proporcionados por la Dirección de Planeación Institucional, Unidad Estadística y Sistemas de Información - Universidad del Quindío.

La investigación de una física y docente demuestra que la brecha de género en la planta docente de universidades con carreras STEM se agudiza sistemáticamente cada vez más.

La brecha de género no es invisible. Todos los espacios terrenales la sufren y el sistema educativo no es la excepción. Si los procesos formativos disciplinares no estuvieran influenciados por sesgos de género, ¿por qué faltan tantas mujeres en la academia y en la ciencia, si son más las mujeres que se gradúan de carreras STEM que los hombres? Esta pregunta es el faro que ha guiado la investigación liderada por la física y docente de planta de la Universidad del Quindío, Isabel Cristina Hoyos Rincón, que lleva por nombre Diagnóstico mecanicista de la paridad y equidad de género en las áreas STEM en Colombia.

La investigación estudia el problema de la inequidad de género desde un enfoque mecanicista, en el que la población estudio son las universidades de Colombia, públicas y privadas, que tienen al menos tres de las carreras STEM (química, física, biología y matemáticas). El proyecto contempló 12 IES, dentro de las cuales se encuentra la Universidad del Quindío.

¿De qué manera la física ayuda a entender esta problemática?

Imaginemos a la población universitaria como un gas en equilibrio. Lo que se espera aquí es que la estructura de probabilidades se mantenga en el tiempo, entonces, si la composición de hombres y mujeres es una cuando se gradúan de la universidad, debería ser la misma en la planta docente. Eso es lo que esperaríamos si viviéramos en un mundo equitativo, expresó Hoyos Rincón, es decir, “esas serían las condiciones de laboratorio ideal, porque se supone que la academia está libre de sesgos, pero esa no es la realidad”.

En el diagnóstico realizado en la Universidad del Quindío (figura 1), cuando se observa la configuración de la planta docente por género –hombres, mujeres– se evidencia que, sistemáticamente, el porcentaje de profesoras mujeres siempre es inferior al porcentaje de mujeres que se gradúan; mientras que el porcentaje de hombres en la planta docente siempre es superior que el de hombres que se gradúan. Y en las otras universidades pasa igual.

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“Ahora imaginemos que tenemos una piedrita en nuestra mano. Al abrirla, la piedra cae. No importa cuántas veces lo hagamos, siempre cae. Eso se llama ‘dinámica’ y la fuerza de gravedad es la que explica la caída de los objetos. Pensemos, entonces, en nuestro sistema social: si vemos que el porcentaje de mujeres graduadas versus el de mujeres docentes de planta siempre cae, no importa en qué facultad, es porque hay un forzador que está haciendo que esas fracciones de equilibrio cambien”, explicó Hoyos Rincón.

Por la complejidad de las interacciones en este tipo de sistemas sociales, es difícil establecer con precisión los forzadores a diferencia de un sistema netamente mecánico de la física clásica, en el que la evolución de un sistema se puede describir por una ley de evolución del tipo F=ma (fuerza es igual al producto de la masa por la aceleración).

No obstante, hoy se tienen bien identificados algunos factores que explican, en términos estadísticos, las brechas de género en las comunidades de producción de conocimiento que hacen que esas desigualdades se acumulen de tal manera que la mujer tenga que trabajar 3 o 4 veces más que un hombre para llegar a un estado en el que se pueda estar en igualdad de condiciones.

Factores desequilibradores

Los artículos que tienen a una mujer como primer autor reciben un 10 % menos de citaciones que los análogos cuyo primer autor es un hombre; los autores masculinos son más citados a lo largo de la vida académica, alcanzando en promedio alrededor de 14.000 citas más que las mujeres; los autores masculinos tienen una mayor tendencia a citarse a sí mismos, por lo que índices tipo índice-h suelen ser mayores para los autores que para las autoras.

Además, los investigadores hombres tienen la ventaja del primero en moverse, de modo que los artículos escritos por hombres se publican antes que los escritos por mujeres, lo que les permite crecer académicamente más rápido y obtener mayor reconocimiento. Sin mencionar otros aspectos transversales a todas las mujeres como la maternidad, los techos de cristal, el síndrome del impostor y los prejuicios profundamente enraizados en la sociedad respecto a las capacidades de las mujeres.

Este desequilibrio, manifestó la docente investigadora, podría corregirse si las mujeres hicieran parte de la toma de decisiones. El mundo es machista, y toda reparación debe empezar por la verdad, por eso es necesario que la aceptación y la educación sobre la brecha de género sea tema de conversación y, sobre todo, de decisión.

Habitar un cuerpo femenino hace que la vida académica sea mucho más difícil que la de habitar uno masculino. Hay desventaja. Hay desequilibrio. La idea ingenua de mérito que existe, esa que tiene la sociedad, parte de asumir que todas las personas poseen las mismas condiciones, y resulta que no.


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