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Fauna / MARZO 31 DE 2023 / 1 año antes

Un vistazo al maravilloso búho currucutú: ni ave de mal agüero, ni 'mensajero de la muerte'

Autor : Alberto Gómez Mejía / Especial para NUEVA CRÓNICA QUINDÍO

Un vistazo al maravilloso búho currucutú: ni ave de mal agüero, ni 'mensajero de la muerte'

Foto : Cortesía Alejandro Grajales / Birding & Herping

Los búhos han sido injustamente estigmatizados en medio de la ignorancia popular. Colaboración especial del Jardín Botánico del Quindío para NUEVA CRÓNICA.

Los búhos y las lechuzas, aunque parecidos, son realmente distintos. Los científicos han encontrado varias diferencias: los búhos son más grandes, tienen su cabeza redondeada y en sus ojos, que son más próximos entre sí, el iris es de color amarillo o anaranjado; el plumaje es de tonos oscuros; y su canto característico es similar a un sonido como «uh-uh»; algunos son migratorios; y muchos de ellos tienen unas plumas cortas y alzadas en forma de mechones en la cabeza, como si fuesen pequeñas orejas, pero sus órganos auditivos se encuentran en los costados de la cabeza, laterales a los ojos.

Las lechuzas, en cambio, son más pequeñas; su cara tiene forma de corazón; los ojos son estilizados, con iris de color negro; su plumaje es de color blanco, a veces con tonalidades grisáceas o marrones; su canto es un similar a un siseo; y no son migratorios. Los búhos pertenecen a la familia Strigidae y las lechuzas a la familia Tytonidae, ambas del orden Strigiformes. Sin embargo, se han confundido siempre.

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El búho currucutú fue publicado en 1817 por Louis Pierre Vieillot, un célebre ornitólogo francés, con el nombre de Strix choliba. La denominación del género viene del latín strix, strigis, y este del griego strínx, stringós, que significa ‘lechuza’, aunque ya se ha indicado que es un búho. La misma raíz griega sirvió también de base para el nombre de la familia a la que pertenece este búho, descrita en 1825 por el zoólogo irlandés Nicolás Aylward Vigors con el nombre de Strigidae, que agrupa unas 200 especies de más de 20 géneros de aves rapaces nocturnas, presentes en todo el planeta, con excepción de la Antártida. Una de sus características es el silencio al volar, lo que les facilita su labor de caza. Como curiosidad semántica, la palabra española ‘estringe’ es sinónima de ‘lechuza’, que pertenece precisamente a otra familia; debería tener la sinonimia con ‘búho’. 

El epíteto específico choliba proviene de una palabra en Aragonés, lengua romance hablada actualmente por unas 15.000 personas en el noroccidente de la península ibérica, palabra con la cual designan a un ave europea, según unos, la lechuza Tyto alba, según otros, el búho Otus scops. Todo esto resulta una indescifrable transposición de nombres, que confunde más que lo que describe. 

En 1910 la AOU (Unión Americana de Ornitología, por sus siglas en inglés) clasificó en otro género los búhos chillones entre los cuales se incluye esta ave, por lo cual se denominó Otus choliba. El género Otus había sido acuñado en 1769 por Thomas Pennant, un naturalista galés, que se inició en las ciencias naturales desde los 12 años cuando leyó un libro sobre ornitología. La palabra Otus, según la opinión predominante, está relacionada con los vocablos griegos ous, otós, que traducen ‘oído’, ‘oreja’, precisamente por los penachos de plumas que constituyen falsos apéndices auriculares de algunas especies de búhos. En 2003, con base en estudios de secuencias genéticas, la AOU, aceptó incluirlo formalmente en el género Megascops, que había sido creado en 1848 por el naturalista alemán Johann Jakob Kaup, y así terminó en su denominación actual de Megascops choliba. Esta palabra fue formada con los vocablos megas, que significa grande, y skopós, buho. En inglés se le llama Tropical Screech-Owl, es decir, ‘búho chillón tropical’. 

Se da desde Costa Rica hasta Uruguay, excluida buena parte de la región Pacífica. Tiene 9 subespecies y conforme a las áreas de distribución, la que es observable en el Quindío es Megascops choliba crucigerus

Los búhos han sido injustamente estigmatizados en medio de la ignorancia popular como aves del mal agüero y los han asociado con dioses inexistentes del inframundo. Esta concepción equivocada ha afectado a sus poblaciones silvestres. 


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