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Historia / JUNIO 02 DE 2024 / 1 mes antes

Beatriz Peláez, el bello recuerdo de la bordadora de Filandia.

Autor : Roberto Restrepo Ramírez

Beatriz Peláez, el bello recuerdo de la bordadora de Filandia.

Una mujer que quedará en la memoria como representación imaginaria del bordado. 

Falleció en Filanda Beatriz Peláez de López, una de las hijas de don Ernesto Peláez, miembro a su vez de una familia muy distinguida en el municipio. Su padre, don Ernesto, en las primeras décadas del siglo XX, instaló en su amplia casa el teatro Peláez, constituyendo así uno de los hitos importantes en la historia de la Colina Iluminada del Quindío. Pues, con la nueva sala de cine del Viejo Peláez - como se llamaba cariñosamente al padre de Beatriz - se completaron cuatro teatros en el marco de la plaza principal. Un pueblo tan pequeño, con tal número de salas de proyección fue, tal vez para la época, un caso de curiosidad nacional. Los tres espacios restantes eran el Teatro Parroquial, el Bengala y el Aguirre. Todos ellos situados en cada una de las cuadras de la plaza y, asombrosamente, ya hoy desaparecidos.

El mejor recuerdo que todos los filandeños conservamos de la plaza principal es ver la figura noble de Beatriz, sentada frente al hermoso portón de la casa centenaria del antiguo teatro, en actitud de bordado. Un oficio de antaño, que está desapareciendo, como también ocurre con la actividad de la costurera, del sastre y la modista. La bordadora refleja la actividad más cariñosa y delicada, pues la mujer tiene su mirada fija en la tambora, el aro de madera para templar la tela. En las primeras décadas del siglo XX, en las instituciones de enseñanza para las mujeres, "las tamboras hacían parte de los útiles de toda niña que iba a la escuela y las había pequeñas y grandes”, tal cual lo anota el folclorólogo quindiano Euclides Jaramillo Arango, en su libro titulado "UN EXTRAÑO DICCIONARIO"(Editorial Bedout S.A., Medellín, 1980).

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No solo nos deleitábamos con observar el bordado colorido de Beatriz, cuando pasábamos lentamente frente a la portada de la gran vivienda, en la cuadra norte de la plaza. También dirigíamos la mirada al portón antiguo. El único que conserva Filandia con la tipología de adorno especial que poseían algunas casas de bahareque, primorosamente levantadas hace más de 100 años. Alguien  - tal vez el constructor - lo trajo de la cercanía de Quimbaya para empotrarlo soberbiamente en la morada de don Ernesto. La primura de este componente arquitectónico estriba en su terminado artesanal de la madera, que los entendidos llaman la puerta "tangarifa", pues los más bellos exponentes de esa rasa ebanistería están en Salamina, la ciudad de Caldas donde vivió don Eliseo Tangarife, el primoroso artista y tallador de madera, que dejó tales expresiones de su talla en puertas, calados, cielorrasos y otros detalles de las maravillosas viviendas de esa localidad de Caldas, uno de los Pueblos Patrimonio de Colombia.

La puerta de la casa de Beatriz ha sobrevivido al embate del turismo masivo de Filandia. Y ya está cerrada, porque su dueña partió a la eternidad y hoy borda los hilos de la otra dimensión, desde la cual contempla el desenvolvimiento de sus hijos Sandra Patricia y Hugo Hernán Peláez López, que siguen tejiendo; y familiares en este mundo que, también, siguen tejiendo esperanzas de supervivencia. Beatriz, la bordadora de sueños, frente a la puerta más hermosa de Filandia. Un recuerdo imperecedero que hará de este destino turístico otro de sus símbolos de añoranza.

Beatriz Peláez quedará en la memoria como representación imaginaria del bordado. Una remembranza que nos traslada a la época en que los abuelos antioqueños, que llegaron a fundar las villas de la región, también trajeron  tan preciado oficio. En su libro titulado "ASÍ DECIAN LOS ABUELOS...1920 - 1945"(Impresión Editorial Jaime Sánchez Ángel, Medellín, tercera edición, 2001) su autora, Lucía Restrepo González, narra lo siguiente:

"Los manteles, servilletas, sábanas, sobresábanas, cojines, delantales, blusas y vestidos, los bordaban en lomillo o punto de cruz, en cadeneta, rococó, ojalillo, presilla, nudos, entreverado, zancadilla, palo o pasado, con randas y calados utilizando bastidores y tamboras".

En Salento se recuerdan, igual que a Beatriz, dos hechos del bordado tradicional. El famoso grabado de "La bordadora", plasmado por un dibujante del siglo XIX y a doña Rubiela Arias Ocampo, la mujer que todavía borda y hace historia en la población. Y en Filandia, a doña Fabiola Arias de Peláez, la abuela ya fallecida, que vivía en la casa más hermosa de la calle del convento.
 


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