Historia / MAYO 22 DE 2022 / 1 mes antes

Ernst Röthlisberger en su paso por el camino del Quindío. Año de 1884.

Autor : Álvaro Hernando Camargo Bonilla

Ernst Röthlisberger en su paso por el camino del Quindío. Año de 1884.

En diciembre del año 1884, en su paso de la montaña del Quindío, desde el Moral, en cercanías de Ibagué, hasta Filandia en el actual departamento del Quindío, relata el asentamiento de antioqueños en tierras aledañas al camino.

En la ladera occidental de la cordillera, describe a Salento como una población de superior categoría, debido a la existencia del telégrafo y de una farmacia. Luego, bajó con su comitiva al encantador y verde valle de Boquía, en donde pasaron la noche en una sencilla pero buena posada, propiedad de un antioqueño, de donde al día siguiente, muy de mañana, prosiguió al alto de El Roble.

En su paso por Filandia, que coincidió con el día del mercado, la describe como una aldea recién fundada, en la que solo antioqueños se habían establecido. Ese día, sus pobladores asistían a misa y la plaza se veía llena de gente, que charlaban sin tregua, solamente interrumpiéndose para arrodillarse en el momento de los ritos religiosos, los cuales se acompasaban con melodías clericales dispensadas por la acción de un quejumbroso clarinete y una trompeta que repetían continuamente los mismos compases.

En aquel lugar degustó la gastronomía típica: Sopa de maíz, pan de maíz (arepas) y hasta un trozo de pan, así mismo, fríjoles, carne de cerdo, comió pitanza tradicional de los antioqueños, alimentos que lo compensaron debidamente de las pasadas hambres en su travesía. Por la tarde prosiguió su viaje, ahora ya sobre terreno seco, a través de unos bosques magníficos de enormes guaduales, y de trecho en trecho se avistaban limpias y graciosas moradas de antioqueños, en donde obtenían por poco precio, leche o pan de maíz (arepas).

Röthlisberger describe a los antioqueños como descendientes de españoles y judíos que, a pesar de convertirse al catolicismo, fueron expulsados de Europa y llegaron al territorio Antioqueño a causa de la afamada riqueza de minas de oro. Llegados se mezclaron con los indios de esa región, distinguidos por su bravura, dando lugar a un tipo diferenciado de mezcla de las razas fusionadas. Una raza corporal, intelectual y moralmente vigorosa, resistente, bella y fuerte de todas las demás en Colombia; de aspecto casi blanca o blanca por completo, musculosos, esbeltos y de talla alta, facciones hermosas, particularmente los ojos y de nariz recta.

Caracterizados por su antipatía a la pobreza, marcada afición a la ganancia y adquisición de bienes, belicosos, inclinados a la neutralidad en los conflictos políticos, no cobardes. Entendían lo útil que era el no pecar de ignorancia para progresar y tener éxito. Inteligentes, por lo común, más instruidos que la mayor parte de los habitantes de las otras provincias.

Trabajadores, nada exigentes ni pretenciosos, católicos fervientes; su profesión principal, la minería y el trabajo del campo, perfectos agricultores que talaron la selva virgen, actividad que les gustó mucho, pues ella les brindaba la posibilidad de un nuevo cultivo, incesantemente buscaban nuevas tierras. 

Se desplazaban de un lado a otro con sus familias que, a pie, trataban de dar con un lugar propicio donde establecerse, se les encontraba en todos partes del territorio.  

Entonaban y tocaban la guitarra y el tiple, tenían en alta estima a sus poetas, cuyas más bellas canciones solían cantar de memoria. Hombres codiciosos y proclives al lucro, vehemente tahúres y beodos, que en estado de ofuscación resultaban involucrados en disputas y riñas, en donde las afiladas navajas y barberas marcaban la cara al adversario como seña de su poderío pendenciero; positivistas cuya insignia fue “ubi bene, ibi” (donde está el bien, ahí está la patria); de estilo patriarcal, su vida familiar es ejemplo de perfección y las mujeres son muy íntegras; viven solitarias como monjas y trabajan incesantemente y sus cuerpos presentan una bella armonía de proporciones. 

Tienen muchos hijos, casi siempre doce, pero hay casos en que la prole asciende a treinta y aún más, de tal manera que a veces es difícil distinguir entre la madre y la hija mayor. 

En la cordillera o Paso del Quindío vivían más de seis mil antioqueños. Después de talar la selva, plantaron maíz y pastos, construyeron sus casas con estructuras de guadua, techadas con tejas de astillas de madera de cedro y nogal. Se dedicaron a la cría de ganados, especialmente cerdos; hacían queso y miel de caña, que llevaban a vender en los mercados de los lugares vecinos.


Fuente: Röthlisberger, Ernst, El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana. Biblioteca Nacional de Colombia. Cap. XI Revolución. Seis días por el paso del Quindío / La colonización de los antioqueños. Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2017

Ver también: El turismo filandeño


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