Región / SEPTIEMBRE 25 DE 2021 / 4 semanas antes

¿Qué pasa con la literatura quindiana?

Autor : Erika Dayhana Gómez Contreras, y, David Stiven García Loaiza

¿Qué pasa con la literatura quindiana?

Foto : Ilustración de Laura Inés Manrique Rivas.

La difusión de la literatura local es más precaria de lo que este breve reportaje da a conocer. Si bien se han presentado proyectos como la Biblioteca de Autores Quindianos y estrategias que surgen a partir del interés de agentes culturales en torno a la creación literaria de la región, no se ha logrado un trabajo de alto impacto. Los principales escenarios dedicados a la promoción y circulación de las obras son las librerías, casas de la cultura, editoriales y las bibliotecas públicas del departamento. Sin embargo, en la búsqueda de algunos libros para nuestro trabajo de grado como: Inmortal de las tinieblas, de Alirio Sabogal (1985); Cacique, de Ernesto Osorio (1998) y De caminos y andares. Historia de una vida, de Guillermo Sepúlveda (2012), sufrimos una odisea para encontrarlos en la mayoría de librerías y bibliotecas. Dicha problemática no solo cubre los títulos mencionados sino la mayoría de la literatura quindiana.  

En el caso de Inmortal de las tinieblas optamos por una segunda búsqueda. Hablamos con el encargado de la biblioteca pública municipal y nos comentó que el libro probablemente no estaría allí. Nos condujo hasta la sesión de literatura quindiana y después de revisar un largo rato lo encontramos en una pila de libros arrinconados sobre el estante. Lo habíamos buscado dos meses. El tener que esperar durante tanto tiempo para adquirir un libro local en nuestro propio departamento nos preocupó. Nos preguntamos, ¿cuál es la suerte del libro quindiano hoy? Y es el motivo por el cual consultamos acerca del asunto. 

En El plan de desarrollo departamental 2020-2023, en el parágrafo de cultura, la gobernación del Quindío afirma lo siguiente: “El Quindío carece de espacios y procesos para el fomento de lectura y escritura, y preservación de la producción literaria e investigación sobre cultura e identidad local; tampoco hay talleres literarios permanentes, salvo procesos esporádicos que gestionan algunas bibliotecas y entidades sin ánimo de lucro…” (p. 7).  

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Por lo anterior, se hace evidente que la promoción de la literatura local ha tenido un proceso lento de difusión e impacto. De igual forma, las bibliotecas públicas municipales y varias de las librerías de la ciudad de Armenia no cuentan con suficiente dotación de obras de autores locales, por lo que a los lectores interesados se les dificulta acceder a ellas. Esto lo corroboramos al recorrer Libélula, Pensamiento Escrito, Árbol de libros, casa de la cultura de Calarcá, pasaje cultural Cervantes (una asociación de librerías ubicadas en el Pasaje Yanuba), entre otras. Al preguntar por literatura quindiana encontramos escasos volúmenes; en algunas de estas, con la ausencia total. 

Ahora bien, la práctica de la difusión de las obras regionales está asociada al realce de la identidad literaria local y al deseo de poner esta literatura en manos de los quindianos y el público en general. Respecto a dicha problemática son diversas las opiniones. Aquí compartimos las de diferentes agentes culturales ligados a este asunto, quienes dan una mirada a los factores relacionados con la difusión local: espacios de promoción, falta de acceso a las obras, gestión de los proyectos, el panorama y la suerte que tiene el libro quindiano. 

Edward Bedoya, promotor de lectura del departamento, dice acerca de los espacios de promoción: “Desde mi opinión considero que los espacios en los que se promueve la literatura regional y la literatura local han venido creciendo en los últimos años, y es un proceso un poco lento, pero que se está dando (…) espero que en los próximos 10 años el departamento del Quindío tenga una movida un poco más grande”. Para Edward, las principales entidades que, en cierta medida, se preocupan por la difusión de la lectura son Torre de Palabras, la editorial Cuadernos Negros, Pundarika, la Biblioteca de Autores Quindianos.  

A pesar de que existan estas entidades o iniciativas, las obras no llegan a todos los lectores interesados. Acerca de esto, Jhon Isaza, librero encargado de Libélula, opina lo siguiente: “Creo que sí, hay mucha gente interesada, el asunto es que hay muy poco conocimiento porque hay muy poca difusión, y es que, regularmente, las obras de escritores quindianos se publican en editoriales pequeñas que no suelen tener un trabajo de difusión muy grande y su tiraje también es pequeño y esto limita el alcance (…)”. Según Isaza, si se imprimen 50 o 100 o 200 libros quindianos muchos de ellos se regalan y si pasan 5, 10, 15 o 20 años después de la publicación, la posibilidad de que queden libros nuevos de un tiraje, después de tantos años es muy poca. Concluye el librero que también hay poca inversión económica. No hay muchas editoriales de literatura en el Quindío. 

En parte, esta problemática está relacionada con las formas de gestionar los proyectos. Edwin Villegas, gestor cultural, nos ha contado su perspectiva acerca del asunto: “La verdad pensaría que sí hace falta mayor difusión. Yo pienso que hay muchos espacios, lo que pasa es que hay que saberlos aprovechar”. Según Edwin, los espacios que se utilizan no suelen ser adecuados, es muy poca la gente que asiste; si se invierte en promocionar un programa y van 10 personas que son amigos o familia del promotor, no tendrá ningún impacto.  

Desde el rol de editora, Bibiana Bernal nos aclara que la suerte del libro quindiano es buena en el sentido de que se escriben buenas obras. En cuanto a la circulación, afirma que no es tan buena porque al ser de provincia los libros se quedan relegados, al margen del mercado editorial, del mercado literario, y eso hace que se visibilicen poco y que solo algunos logren trascender en otros espacios. Para ella, falta justamente hacer un trabajo mayor en la circulación de esos libros que se publican a nivel no solo del Quindío, sino fuera. Por ello, nos comenta que esa es una de las falencias, no circulan los autores, las obras del Quindío, se pierde todo ese esfuerzo de la institucionalidad y de los trabajos independientes. 

El escritor Umberto Senegal considera que la suerte que ha tenido esta literatura no es favorable pues nadie la promociona: “Muy poca gente lee libros de autores quindianos, pero es un fenómeno cultural que sucede en todos los lugares de Colombia, con sus escritores nativos. Hay desprecio y menosprecio de los escritores entre ellos mismos. Y ninguno de los libreros quindianos tiene en sus librerías una respetable, visible, actualizada sección donde muestren con orgullo y con conocimiento bibliográfico la producción antigua y moderna del Quindío”. Senegal reconoció como meritorio el esfuerzo de Carlos Castrillón (Q. E. P. D.) y su grupo de trabajo universitario en torno a la valoración del canon poético y narrativo local. Coincide con Edward Bedoya en elogiar los proyectos de Torre de Palabras, y a su vez, a la Biblioteca de Autores Quindianos.  

En el Quindío hay escasa difusión de las obras locales. Dicha realidad no desacredita el trabajo de quienes han tenido una preocupación por este asunto. Este reportaje no pretende cerrar la discusión, se trata del principio de un largo camino para dar brillo a las manifestaciones literarias del Quindío. Surge entonces una pregunta: ¿será el futuro del libro quindiano uno en el que se realce esta literatura o llegará a tal punto de perderse y con ello una parte de nuestra cultura? 



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