Editorial / MAYO 22 DE 2022

Calma

No más agresividad entre los electores, ya bastante tiene el país con tantos días de insultos entre candidatos, señalamientos, falsas acusaciones, amagues de atentados y de denuncias, etc.
 

Calma

El entrante domingo los colombianos, ojalá masivamente, deberán acudir a las urnas para elegir a los próximos presidente y vicepresidente de la República. Debiera entenderse la importancia y lo trascendental de esta cita democrática y sin pretextos, con la cédula, que es el arma más poderosa para generar los cambios que reclama la mayoría, la participación supere con creces el histórico en este tipo de citas. Esta es la primera vuelta de un sistema que propone una nueva jornada electoral si alguno de los candidatos no logra en primera instancia la mitad de los votos depositados por los electores.

Lástima que esa beligerancia que tanto se le critica a los candidatos, apartados constantemente de su discurso programático para atacar o responder ataques, también sea evidente en quienes suelen criticar ese actuar de los aspirantes. De nada sirve, además resulta hipócrita, que los ciudadanos reclamen cambios y condenen a quienes supuestamente son “más de los mismo”, si ellos continúan con esas viejas prácticas politiqueras y le dan continuidad a ese lenguaje de odio contra quienes piensan diferente.

Las redes sociales, especialmente los grupos de WhatsApp, se volvieron cuadriláteros; sin previa invitación, suelen saltar a ellos quienes creen tener la verdad revelada sobre el candidato que deberá gobernar el país y, además de defender con fanatismo ciego un nombre, agreden y promueven la agresión contra quienes prefieren otro nombre. Está muy bien exponer las convicciones políticas pero qué mal cuando a eso se le agregan falsas noticias, insultos y hasta amenazas a los demás por no compartir una preferencia política.

Cualquiera sea el resultado del próximo domingo, el lunes siguiente, para quienes provocaron peleas con familiares y amigos por defender equis o ye candidato también saldrá el sol y su vida laboral seguirá igual; lo único que podrá cambiar para ellos será su círculo de amigos y familiares, porque tal vez amanezcan distanciados de quienes aunque apreciándolos se alejaron ya fatigados por advertir tanta beligerancia durante la campaña política.

Todavía están muy lejos muchas personas de esa madurez con que deberían hablar de política en privado y en público. No debiera pasar, pero terminaron teniendo razón quienes aconsejan no hablar de política con amigos y familiares para no terminar dañando años de amistad y rompiendo lazos de sangre. Si de verdad se quiere un cambio en Colombia, el mismo debe empezar en cada cual a la hora de participar y hablar de política. 

Condenable, completamente, el comportamiento de algunos candidatos que, teniendo claro el fanatismo que los ronda en cuerpo y mente de ciudadanos que los siguen, continúan con ese discurso de odio, exponiendo ideas apocalípticas sobre el futuro del país si gana su oponente, vistiéndose con la ropa de mártir de forma anticipada para seguir enardeciendo a los votantes y de paso contribuir a la de por si ya desacreditada institucionalidad colombiana. 

Debe comprenderse por cada ciudadano que aquel que piensa diferente en materia de preferencias políticas no es un ignorante, un delincuente, un narco, un corrupto o cualquiera de esos calificativos que recibe del otro. Aquel que no piensa como usted y va a votar por alguien que a usted no le gusta, solo es otro colombiano, seguramente, con el mismo anhelo suyo de tener una mejor Colombia.

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