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Editorial / ABRIL 13 DE 2024

Olvidados 

“Los parques de la ciudad se han convertido en reflejos oscuros de lo que alguna vez fueron”.  

Olvidados 

Los parques de Armenia, esos que alguna vez fueron los pulmones de la ciudad, están sumidos en un estado de abandono. ¿Qué pasó con esos lugares que solían ser testigos de encuentros familiares, de amistades que se forjaban entre risas y juegos infantiles? ¿Cómo es posible que hoy en día, en pleno siglo XXI, nos veamos obligados a recorrer senderos marcados por la oscuridad, la mugre y la inseguridad?  

El informe publicado ayer por Nueva Crónica Quindío no hace más que confirmar lo que muchos armenios lamentan en sus conversaciones cotidianas: los parques de la ciudad se han convertido en reflejos oscuros de lo que alguna vez fueron. Basura acumulada, bancas destrozadas, juegos infantiles en ruinas y la presencia inquietante de personas en situación de calle son solo algunas de las afrentas que manchan estos espacios.  

La comunidad no se queda callada ante esta situación. Se alza con razón y denuncia el incremento de la inseguridad y la delincuencia en estos lugares, atribuyendo el problema a la falta de iluminación y a la escasa presencia policial. Pero recordemos que esto no siempre fue así. Hubo un tiempo en que los parques eran cuidados con esmero, cuando la Sociedad de Mejoras Públicas se encargaba de mantenerlos y la ciudadanía los consideraba suyos.  

¿Qué ha hecho la alcaldía por la recuperación de estos espacios? Las palabras del secretario de Gobierno y Convivencia suenan a promesas vacías en un contexto de desesperanza. Si bien se ha emitido un decreto para prohibir el consumo de sustancias y licor en los parques, ¿qué garantías hay de que esto sea suficiente para restaurar su esplendor perdido? La apelación a la colaboración ciudadana suena más a excusa que a solución real. ¿Acaso se espera que la comunidad haga el trabajo que le corresponde a las autoridades?    

Es loable que desde la administración municipal se haya anunciado un plan de mantenimiento, pero ¿con qué recursos se llevará a cabo? ¿Cuánto tiempo más tendrán que esperar los ciudadanos para ver resultados tangibles? La promesa de recuperar el parque Sucre suena a un eco vacío cuando la realidad de otros parques se desmorona frente a nuestros ojos.  

Mientras tanto, el ciudadano común clama por acciones concretas. Los comerciantes del sector del parque Sucre expresan su preocupación por la creciente inseguridad, mientras los líderes juveniles se organizan para documentar y denunciar la deplorable situación de los espacios públicos.  

Sin embargo, hay que admitirlo, no todo son sombras en este panorama desolador. La intervención ciudadana en el parque Fundadores nos recuerda que aún hay esperanza. Con el apoyo de diversas entidades, se está gestando un movimiento de recuperación y mantenimiento que busca devolverle a la ciudad su orgullo perdido.    

Es hora de que las autoridades municipales asuman su responsabilidad y actúen con determinación. Los parques de Armenia no son solo montones de tierra y cemento; son los pulmones que alimentan el alma de una ciudad. Alcalde James Padilla García, es hora de devolverles su esplendor y hacer que vuelvan a ser lugares de encuentro, de risas y de sueños compartidos. Es hora de que Armenia recupere su dignidad perdida en el abandono de sus espacios emblemáticos. Ese podría ser un gran logro que mostrar al final de su primer año de gobierno.   
 


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