Editorial / JUNIO 29 DE 2022

Verdad

Si el camino no es la paz y la verdad, tal como lo dijo el sacerdote De Roux, “Las maravillas de Colombia continuarán flotando sobre una de las crisis humanitarias más brutales del planeta”.

Verdad

Ni el conflicto armado se acaba ni la paz es posible solo con haber firmado en 2016 el acuerdo de paz entre el Estado y las FARC-EP. Sí, fue un paso importante, pero los atentados terroristas, los secuestros, el asesinato de líderes sociales y el narcotráfico, entre otros grandes males, continúan azotando un país que durante más de medio siglo ha padecido las atrocidades, una y otra vez, de la más feroz de las guerras. Claro, se ha ganado terreno, y mucho, en busca de la tan anhelada paz estable y duradera, pero queda por delante, y esa es prioridad del entrante gobierno, el diálogo con la guerrilla del ELN y avanzar sobre lo construido. 

Tal como lo expresan en su informe final, los miembros de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, ni la paz ni la verdad son fáciles. Acaba de conocerse el documento definitivo, sin duda un día histórico para el país. Luego de tres años de trabajo, soportado en 14.000 entrevistas, conversaciones con más de 30.000 personas víctimas y 1.203 informes de la sociedad civil, los 11 miembros de la Comisión de la Verdad le entregaron a esta nación un documento que destila horror y tragedia en casi todas las 896 páginas que lo conforman.  

Un acertado, pero doloroso, resumen de lo que han vivido los colombianos lo constituye el siguiente fragmento del discurso del jesuita Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad: “Llamamos a sanar el cuerpo físico y simbólico, pluricultural y pluriétnico que formamos como ciudadanos y ciudadanas en esta nación. Cuerpo que no puede sobrevivir con el corazón infartado en el Chocó, los brazos gangrenados en Arauca, las piernas destruidas en Mapiripán, la cabeza cortada en El Salado, la vagina vulnerada en Tierralta, las cuencas de los ojos vacías en el Cauca, el estómago reventado en Tumaco, las vértebras trituradas en Guaviare, los hombros despedazados en el Urabá, el cuello degollado en el Catatumbo, el rostro quemado en Machuca, los pulmones perforados en las montañas de Antioquia y el alma indígena arrasada en el Vaupés”. 

Es este, sin duda, un paso seguro para reconciliar el país, para intentar sanarlo, para que haya futuro. Aunque el informe no tenga obligatoriedad de trámite jurídico, las recomendaciones del mismo, junto con el Plan Nacional de Desarrollo, tienen que constituir la bitácora del entrante presidente de Colombia. No puede el país permitirse aplazar la paz y el diálogo con quienes siguen equivocando el rumbo porque su lucha contra el Estado, tal como pasó con las FARC, se volvió una lucha contra la población civil. El 80 % de las víctimas de estos casi 60 años de conflicto interno no son combatientes, son civiles. 

Es posible la paz y un mejor futuro, pero el mismo es imposible si no hay en cada colombiano una dosis consciente de apropiación del horror vivido. Ya ese camino lo transitaron, en buen número, victimarios y víctimas, en careos extremadamente dolorosos, pero a la larga sanadores. Urge preguntarse, cuantas veces sea necesario, tal como lo hizo el padre Francisco De Roux: “Por qué el país no se detuvo para exigirle a las guerrillas y al Estado parar la guerra política desde temprano y negociar desde el principio una paz integral.

Cuál fue el Estado y las instituciones que no impidieron y más bien promovieron el conflicto armado. Dónde estaba el Congreso, dónde los partidos políticos. Hasta dónde los que tomaron las armas contra el Estado calcularon las consecuencias brutales y macabras de su decisión, nunca entendieron que el orden armado que imponían sobre los pueblos y comunidades, que decían proteger, las destruía y las dejaba después en manos de los paramilitares que llegaban a acabarlas. Qué hicieron ante esta crisis del espíritu los líderes religiosos… qué hicieron los educadores, qué dicen los jueces y fiscales que dejaron acumular la impunidad, qué papel jugaron los formadores de opinión y los medios de comunicación, cómo nos atrevimos a dejar que pasara y cómo nos podemos atrever a permitir que continúe”.

NOTICIAS RELACIONADAS

Avance
Editorial

Avance

Retroceso
Editorial

Retroceso

Ju$ticia
Editorial

Ju$ticia

Los mejores
Editorial

Los mejores


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net