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Opinión / JUNIO 23 DE 2020

Al final del túnel I

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Por mas de 11 años se viene trabajando en la construcción del túnel de La Línea, que comunica a Buenaventura con Bogotá, el cual ha durado tanto que parece que se construyera una escalera a la Luna.

Para tan solo 8.65 kilómetros de longitud y que empezó en 2009 con dos carriles y 17 galerías que comunican al túnel de rescate y que ahorra 20 km entre Cajamarca y Calarcá que lleva más de 11 años de trabajo. Una obra donde la corrupción ha hecho su fiesta por medio de cambios de contratos, falta de gestión y baja calidad en los materiales. Un símbolo de mala gestión, improvisación, daño ambiental y desangre económico del país.

El plazo de construcción era de 70 meses, con un presupuesto asignado a Carlos Collins y otras compañías de $647.554 millones. El cual fue para los corruptos un manjar donde se adicionaron entre 2009 y 2016, con el contrato No. 806 de 2017, $160.630 millones a con Conconcreto, luego, $127.481 millones para contener las fallas geológicas y por último se hizo una adición final de $379.000 millones para revestimiento y equipos de iluminación y ventilación.

A diferencia de lo ocurrido en grandes obras como los túneles más largos del mundo como el de Laerdal, Noruega, con una longitud de 24.5 kilómetros, que tardó 5 años y costó 125 millones de euros, con montañas agrestes que alcanzan 1.809 metros. El de Yamate, Japón, con una longitud de 18.20 kilómetros; el de Zhongnanshan, China, con 18.02 kilómetros, atravesando la cadena montañosa de Qinling, que tardó 5 años y costó 300 millones de euros; el de Jinpingshan, China, 17.5 kilómetros que demoró 7 años y costó 165 millones de euros y el de San Gotardo, Suiza, de 16.94 kilómetros, que se construyó en 10 años.

Túneles que son dos veces más largos que el de La Línea. Pero, ¿cómo lo han logrado? No es que ellos sean más inteligentes y tengan demasiada tecnología, no, son más honestos, planifican a largo plazo y cada persona actúa basada en valores, sabe que en un puesto público llega para hacer lo que le toca hacer para la población de la mejor forma, con el menor tiempo. Un proceso que continúa así llegue un nuevo gobernante buscando construir el mejor futuro para todos.

Como ciudadanos, estamos felices de que ojalá se llegue al final de tan importante obra que beneficiará la conexión de mercancía entre Bogotá y el principal puerto de Buenaventura, para medio remediar los graves problemas que generan los sobrecostos de mover mercancía por el país, lleno de peajes y precios altos de los combustibles, lo cual afecta la productividad de las empresas y a los consumidores, ya que las materias primas y los productos salen más costosos que los que se importan. O, ¿usted qué piensa?


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