Opinión / NOVIEMBRE 14 DE 2022

Amor y servicio

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La vida es un regalo, la muerte, un misterio.

Cada bocanada de aire es una oportunidad para disfrutar, apreciar y descubrir, para conocer este mundo extenso y acoger toda clase de experiencias.

Cada existencia posee una sustancia única… Cada persona lleva puesto sobre la piel el legado de sus ancestros, no solamente de sus rasgos físicos, también de sus historias, sus alegrías y dolores, sus triunfos y fracasos.

Es increíble reconocer lo que confluye para que un nuevo ser surja y lo que va pasando para que se desarrolle: la superación de dificultades y limitaciones y la realización de un complejo número de procesos.

Cada hombre y mujer que existe en el planeta es la manifestación de un milagro.

Todas las vidas guardan cosas buenas, sin embargo, algunas tienen una connotación especial… Son seres que no existen solo para ellos, sino que también se entregan a otros, haciendo más grata su existencia y más bello el mundo en su paso por él.

Como miembros de una familia, se donan en un derroche de amor y consideración, son hijos consagrados, esposos fieles, padres y madres incomparables, hermanos leales y todo lo que se hacen y dan, es un testimonio de servicio.

En el trabajo, son compañeros únicos y colaboradores excepcionales, es un placer convivir con ellos, se caracterizan por el respeto y la comprensión, son solidarios y dejan una huella preciosa en la memoria del corazón.

Como parte de las comunidades, son una luz, una antorcha encendida que no solamente ilumina, sino que también entrega calor, pues comprenden que estamos en el mundo para apoyarnos unos a otros, darnos el brazo cuando las fuerzas flaquean y hacer algo bueno frente a las tantas necesidades, dolores, exclusiones y angustias que se presentan.

Son altruistas, compasivos, nobles y se caracterizan por obrar el bien; sin esperar nada a cambio.

Existen estos seres excepcionales y están repartidos por el mundo, como joyas preciosas que Dios quiso entregar, para ubicar en algunos privilegiados rincones, un poco de su propia esencia de amor infinito e incondicional.

Un día esa luz viaja hacia la eternidad. Demasiado pronto, pues ningún tiempo es suficiente para disfrutar de su compañía insustituible. Su mirada se apaga de pronto, se quedan dormidos en alguna noche de luna llena… Ya no nos miran más, sin embargo, una nueva estrella nace en el firmamento con el mismo color del brillo que adornaba sus pupilas.

El dolor de su partida es indescriptible, porque son tan valiosos e irrepetibles, que se sabe que jamás se encontrará a alguien así, en este sendero que algunos recorremos todavía.

Solo queda dejar correr el llanto, que en su paso va limpiando un poco el alma y mantener en el pensamiento su sonrisa y en la memoria el eco de sus palabras llenas de sentido. Seguramente se encuentran en un lugar más allá del sol, al que llegaremos después y quizás, desde allá nos observan y sonríen, al saber que serán recordados para siempre. (Un homenaje a Ángela Cristina Ramírez Duque, inolvidable compañera y amiga).
 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net