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Opinión / JULIO 10 DE 2023

Animales encarcelados sin juicio previo 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El hombre se comporta como humano y no como animal. Avasalla como “ser superior” a sus congéneres, somos animales humanos que olvidamos nuestro origen y nos creemos el cuento de que somos los reyes de la creación, ignorando que no hubo tal creación, y que la tal superioridad es una falacia. Hace poco, murió en Tuluá un caballo durante una cabalgata, gracias a la irracionalidad del jinete, producida por su propia convicción de la vida, al alcohol y quizás alguna otra sustancia. La tortura a que se someten los equinos en las miserables cabalgatas es infernal, como infernal es la vida de los animales en las miserables tiendas de mascotas.

En Circasia, la que es ahora mi patria chica, la tienda agropecuaria Para el campo, al igual que todas las tiendas de mascotas, tiene a los animales no humanos, en la más degradante de todas las condiciones. Viendo a un pequeño cerdo, enjaulado y asándose al sol, no pude dejar de acordarme del archipiélago Gulag, de Abu Ghraib, de Guantánamo, y de todas las cárceles del mundo donde hay hombres enjaulados y torturados sin juicio previo. Cualquier animal enjaulado, expuesto al público, bajo el sol y la lluvia, y con hambre, es la peor muestra de la miserable condición humana. La respuesta del vendedor de animales en la tienda de Circasia es la más deshumanizada de todas: “Pero el animal no se está muriendo”. Ante tamaño exabrupto, me imaginé desnudo al dueño de la tienda, con hambre, al sol y al agua en la plaza de Circasia, me lo imaginé sonriente y muerto de la dicha, porque, a pesar de esas condiciones, no está al borde de la muerte. 

Es la hora de que como animales humanos que somos, pensemos que lo que no es bueno para nosotros, tampoco lo es para los animales no humanos. Se acercan las elecciones regionales, y no demoran los neoanimalistas, candidatos de todos los pelambres, a aparecer en las redes besando un perro. No sacarán votos ni para ser alcaldes de la ciudad de hierro. Cuando vayamos a votar, pensemos en nuestros congéneres los animales, ni un voto en su nombre, para los falsos animalistas, ni para aquellos candidatos que no se comprometan públicamente a impulsar políticas públicas de protección a los animales. Aquellos candidatos que no firmen en documento notariado, su compromiso de reglamentar las cabalgatas, las tiendas de mascotas, y de combatir cualquier tipo de espectáculo público o privado, donde se maltrate a los animales, y de acabar con los vehículos de tracción animal, no merece ni un solo voto. Los animalistas tenemos el deber de denunciar públicamente a aquellos paracaidistas que solo son animalistas en campañas políticas.  Debemos promover un voto animalista, no se trata de humanizar a los animales, se trata de que ellos vivan en dignidad, la misma dignidad que queremos para nosotros. Recordemos a Gandhi, el alma grande, “la grandeza de una nación se mide por la forma como esta trata a los animales”. 
 


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