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Opinión / AGOSTO 12 DE 2012

Auténtica fuente de vida

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Siempre que escuchamos hablar de alimento,  imaginamos lo que el mismo representa para nuestro gusto, nuestro paladar y desde luego para nuestro organismo como elemento restaurador y constructor de las energías que todos requerimos en el normal proceso biológico. Es nuestra fuente fundamental de nutrición.

Es por lo anterior, que Jesús se ha esmerado en los últimos domingos, incluido el de hoy, a través de su evangelista Juan, en su capítulo sexto, en ilustrar con su discurso del “pan de vida”, lo que El representa para hacernos posible adoptar como nuestro,  el proyecto del Padre Dios, procurando asemejarnos al Hijo, no solo en su imagen, sino en su testimonio y su plenitud. Al respecto, comparto estos interesantes planteamientos  que hace en la web el sacerdote Juan José Palomino del Alamo: “En una nueva declaración solemne, Jesús hace una contraposición entre comer el  maná y morir, y comer el pan de vida, para no morir. En el fondo, es una nueva denuncia frente a la falsedad de la ley. Quienes consideraban la ley como fuente de vida, la llamaban “pan”, pero en la práctica, terminó siendo un instrumento de muerte.

El problema radicaba en que a una mediación se le había dado un valor absoluto, pues parecía que quien salvaba no era Dios sino la ley. Y al respecto, el mensaje de Jesús es claro: No es la ley, sino el Pan de vida el único que nos da vida eterna. Comer, ingerir alimentos, significa ahora “Aceptar a Jesús” en su condición humana y divina, siempre liberadora, de donde se deduce que el pan que Jesús multiplica, es ahora su cuerpo, su existencia entregada, y vivir es adquirir interiormente una nueva realidad que ya no puede morir.

Se pone a Jesús como punto de llegada, porque en El pueden verse colmadas todas las aspiraciones del ser humano y no es solo la imagen del pan. Jesús se ha mostrado igualmente como el camino, la verdad y la vida: Así establecemos el punto de contacto real y efectivo con el Maestro. Comerlo,  es sentirlo en la intimidad de nuestro corazón. Solo así, seremos fuente de vida para nuestros hermanos. La sabiduría de Cristo no da la vida en plenitud, que es el Amor. “

Ignorar esta realidad, es sin lugar a duda alguna, el origen de la gran mayoría, si no,  de todos los conflictos que enfrenta  la humanidad y por supuesto cada uno de nosotros en particular. Es que no solo nuestro cuerpo requiere nutrirse, también nuestra mente, nuestro espíritu, todo nuestro ser, pues por el contrario podríamos experimentar la vivencia de Elías en el desierto cuando se deseó la muerte después de una intensa jornada, para finalmente recibir la asistencia divina a través del Ángel que lo tocó, lo animó a levantarse, a comer el pan que le llevó, beber agua y a seguir adelante su camino hasta el monte Horeb durante 40 días.


alarce_4@hotmail.com

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