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Opinión / MAYO 28 DE 2024

Campesinos en el olvido

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El próximo domingo dos de junio, se celebra en Colombia el día del campesino; sin embargo, es extraño que, la gran mayoría de personas no tenga en cuenta, una obviedad como la siguiente: que, como resultado de la labor diaria al sol, al agua; en medio del sudor, y muchas veces de las lágrimas de los campesinos que cultivan la tierra; es que ustedes, al igual que yo, podemos tener acceso a los alimentos nutritivos, de calidad y la cantidad requeridas, que satisfaga las preferencias alimentarias y la demanda de los mismos, para la supervivencia de todos. De ahí, que es incomprensible el evidente abandono que sufren los campesinos del país por parte del Estado, lo que podría generar una crisis sin precedentes en la producción agrícola; debido a la nula inversión del gobierno en infraestructura rural, en acompañamiento técnico a los pequeños y medianos cultivadores agrícolas, con óptimos sistemas de riego, efectivas formas de fumigación, que sean amigables con el medio ambiente, para que puedan diversificar y consolidar su producción en el campo; y lo más importante, el Estado debe invertir importantes recursos en carreteras terciarias y secundarias para que los campesinos puedan movilizar sus cultivos hacia las zonas urbanas y los puedan comercializar en igualdad de condiciones, y que se liberen de tres sistemas opresores y perversos: por una parte las organizaciones delincuenciales “compran” a los campesinos por miserables sumas de dinero su producción agrícola, para llevarla a las diferentes centrales mayoristas donde la distribuyen a precios de oferta y demanda, con millonarias ganancias; luego están los intermediarios entre el pequeño y mediano productor agrícola, y los grandes supermercados, allí hacen lo mismo que los antes mencionados; “pagan” sus cosechas a muy bajo precio, para venderlas a las grandes superficies a precios muy superiores; y finalmente, en las zonas más apartadas del país, miles de campesinos son sometidos a cultivar alimentos para las organizaciones subversivas, disidencias y criminales, sin recibir ningún tipo de retribución, de pronto, por “generosidad” les respetan la vida, pues es claro que los necesitan para garantizar el suministro alimentario a los secuaces. Más aún, hay que recordar que los habitantes en zonas remotas del país, carecen de las mínimas condiciones de acceso a servicios básicos como educación, salud, vivienda digna y convivencia tranquila, lo que claramente afecta la calidad de vida de los campesinos. En consecuencia, es necesario precisar que, el presidente Gustavo Petro, se equivoca en gran medida, al reducir, todo ese cúmulo de problemas sociales del campesinado colombiano, a la simplicidad de entrega de tierras, como si ese fuera el verdadero problema; ignorando que la solución efectiva a esa situación está en el abordaje y ejecución de sólidas políticas públicas que promuevan y garanticen la equidad y desarrollo sostenible en el campo. En lo relacionado con el departamento del Quindío, un paso significativo lo pueden dar la gobernación y las alcaldías, en el sentido de acordar estrategias de apoyo a los productores agrícolas para convertir este territorio en una gran despensa agrícola. Hay eso sí, un enorme desafío: unir al gobernador Juan Miguel Galvis y los 12 alcaldes. 


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