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Opinión / FEBRERO 19 DE 2024

Carta al Marqués de Sade

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Querido marqués, quiero que sepas la admiración y aprecio que siento por tu visión del mundo y de la sexualidad. Si nuestra sociedad abandonara los prejuicios que tiene de ti, nuestra realidad sería otra. Quienes solo te relacionan con el dolor, son iguales a los burros que desconocen el placer del caviar. Si esta sociedad se adentrara un poco en tu pensamiento, no tendríamos que repetir con desazón, que vivimos en un mundo mal culiado. Colombia dice que su violencia proviene de la injusticia social, en parte es cierto, pero existe otra violencia que destruye al ser, lo deforma, y acaba hasta con las relaciones de familia, la violencia que produce la insatisfacción sexual que se transforma en histeria y ataca todas las relaciones personales. La nefasta influencia de las religiones, en las relaciones sexuales hace que el hombre decline su plena sexualidad por miedo a la culpa, cargando de por vida con la insatisfacción.

En las relaciones interpersonales, el matrimonio, por ejemplo, el sentimiento de la propiedad sobre el otro, con el paso del tiempo, transforma el amor en un cumplimiento de funciones, y la monotonía conduce a la insatisfacción y a la infidelidad. El peso de las religiones en las relaciones matrimoniales hacen que prime el sentimiento de culpa, sobre el ejercicio de la plena sexualidad, pues la relación sexual se reduce a una coitalidad de insatisfacción masturbatoria, en la cual reina la mentira. Hacer el amor siempre sobre sábanas es como comer siempre a manteles, ignorando el placer de comer con las manos sucias sentado en un bulto de papas en una plaza de mercado. Como lo dices, querido marqués, “Para ser feliz, el hombre debiera amar tal como lo sugieran sus pasiones, sin temor a la culpa, sin conciencia ya que esta no es la voz de la naturaleza, sino de los prejuicios”. Nuestras sociedades reprimidas por las religiones sufren el peso de su insatisfacción, queriendo ser decentes, cuando la decencia es la tumba de una pasión que por sí sola mantendría viva toda relación amorosa. Quienes posan de decentes, en su monótona relación coital mientras lo hacen con su pareja, sueñan y se imaginan lo que no se atreven a hacer en la realidad.

Estimado marqués, hay una divertida película, donde caben dos, de Paco Caballero, en ella varias personas insatisfechas, viven una noche de situaciones que jamás hubieran pensado vivir, y que en el fondo de ellos deseaban, pero que la culpa y la decencia les habían impedido realizar. Es una comedia donde se derriban los muros morales que impiden la plena sexualidad. Las religiones nos han impuesto la forma correcta de amar, de follar, nos hemos pasado la vida dejando que el mundo decida lo que puede o no gustarnos. Podemos decidir por nosotros mismos, escribir nuestras propias reglas, explorar nuestros propios caminos, y vivir sin vergüenza la sexualidad como regalo de la naturaleza. Tenemos que olvidarnos de los censuradores que a la luz señalan y en la oscuridad se masturban deseando lo censurado.

Estimado Sade, saluda de mi parte a Bella Otero.
 


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