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Opinión / DICIEMBRE 03 DE 2023

Como antes

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No porque sea una costumbre dar y recibir regalos durante esta época, la Navidad deba ser considerada una fecha comercial y el último mes del año un despilfarro. Diciembre es una colección de tradiciones religiosas que unen, que inspiran solidaridad, que se convierten en bálsamo para tantas tribulaciones que trae la cotidianidad; razones sobran para que este sea considerado el mes más alegre del año.

La alborada es uno de los más bellos recuerdos que tenemos los nacidos antes de los noventa. Los faroles y los arcos de guadua iluminados con velas, el 7 y el 8 de diciembre, para honrar a la Virgen María, constituyen una de las más emocionantes celebraciones de este mes. La novena de aguinaldos y el pesebre no pierden ni perderán la magia, los villancicos actúan como ese teflón en el que resbalan los problemas económicos, aunque sea por unos días. La natividad se añora y el fin de año se celebra.

No debiera haber recelo para celebrar la Navidad, así en el corazón haya un dolor y un duelo por la pérdida de un ser querido, el fracaso de un proyecto económico o la ruptura de una relación sentimental. Al contrario, el pesebre puede ser refugio y consuelo y el casi solo habitual abrazo familiar de estos días la medicina para soportar los dolores del alma. Déjense tocar por la Navidad, de verdad, hay un espíritu rondando este mes en el ambiente y el cuerpo lo sabe, la mente lo valora y el corazón lo acoge.

Hereden a los pequeños las tradiciones navideñas. Háblenles a sus hijos, nietos y sobrinos sobre aquellas navidades en las que los vecinos se reunían para lavar la cuadra y luego decorarla con motivos navideños pintados en el piso y postes y colgar banderines de colores; recuerden que hacían natilladas, que convertían las tapas aplastadas de gaseosa en un cascabel y que no menos de ocho novenas rezaban por noche para esperar el dulce después de la nanita nana. Esperen con ilusión las doce de la medianoche para encontrar los regalos debajo de la almohada y corran con la maleta cuando sean las doce de la noche el 31.

Muchas cosas hemos ido perdiendo con el paso de los años, la dependencia de la tecnología y el menosprecio a la autoridad y los valores. La Navidad también pareciera estar profundamente lastimada, ya no abundan fachadas iluminadas como antes y jugar pajita en boca, dar y no recibir o hablar y no contestar es algo exótico. Ojalá vuelva el ánimo, basta con que una persona en casa tome la iniciativa y la familia vuelva a estar junta y celebrando como antes, como cuando fuimos niños y con muy poco éramos muy felices. Ánimo.


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