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Opinión / JUNIO 16 DE 2024

Cómo ponerle ají a una empanada

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Cuenta la historia que se encuentra en los libros que los egipcios y los griegos ya comían empanadas en los años 1600 A.C. Los árabes comenzaron a envolver carne de cordero y pollo en pequeñas porciones de masa de harina de centeno y de trigo para conservar mejor la comida durante sus largos viajes. Se escribió también que las empanadas llegaron a Colombia con la colonización española, inspiradas en las recetas gallegas. Las empanadas antioqueñas tienen maíz como base, un ingrediente fundamental en la dieta indígena. Para David, sin embargo, las empanadas empezaron a existir en el mundo cuando su abuela se las hizo por vez primera esa fría mañana de domingo en la finca. 

Todavía recuerda, a pesar de que ahora esa finca es un edificio amarillo con ascensor, y de que a su abuelita ya solo puede verla en fotos sepia, cuando la vio llegar con esa bandeja de madera cubierta por hojas de plátano, en la que reposaban aproximadamente unas veintitrés medialunas naranjamarillas. Fue ella, doña Ester, la que también le enseñó con entrañable rigor a ponerles ají: “Papi, sostenga esta empanadita con cariño, como si fuera un pajarito recién nacido. Imagine que esa empanadita es un cofre del tesoro, como el de los piratas, pero por dentro, en vez de monedas, collares y anillos de oro, lo que tiene es sabor. El ají es como una llave que abre el cofre y libera ese sabor que tiene adentro. Pa utilizar la llave, tenés que ponerme cuidado: abrís este tarro de vidrio con tapa azul oscuro y olés adentro pa comprobar que no esté dañao. Ese aroma es fuerte y picante, y por eso es que lo hacen rojo peligro, pa advertirle a la gente que hay que echarle poquito. Cogés lo que te quepa en la cuchara. Hay que agarrar la empanadita con firmeza, pero con cariño. Mordés un pitico y le abrís un rotico. Después hay que acercarle la cuchara con el ají y dejarle caer de nueve a doce gotas, como si le estuvieras echando veneno a una poción mágica de bruja. Mordés otro poquito y sentís el sabor del ají mezclarse con el relleno y lo amarillo, que es crocantico. La lengua se te va a dormir un poco, Davidcito, pero eso es normal. Además, usté es valiente como el abuelo Francisco, ¿cierto? Saboree cada bocado sin afán, sin hacer caras, como si estuviera escuchando una canción que le guste mucho. Recuerde que el ají no solo es picante y dolor de boca, también, y cuando no exagerás la porción, tiene un sabor delicioso, que mejora las empanadas. Si solitas son buenas, con ají sí es que son tan buenas como la Vírgen de la Rosa Mística. El ají nació para conocer a la empanada y casarse con ella, como tu abuelo y yo, eso es un matrimonio irresoluble y eterno. Muerda pues”.


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