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Opinión / SEPTIEMBRE 11 DE 2017

Cosmitet. Crónica de una muerte anunciada

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cosmitet es igual o peor que las peores EPS del país. Estar en un pasillo de Cosmitet, es una odisea, es remar entre Escila y Caribdis.

 


Cosmitet es un mar turbulento donde los pacientes, somos náufragos sin tabla. La ranchera de José Alfredo Jiménez parece escrita por Cosmitet. La vida no vale nada. Una enfermedad catastrófica tiene el mismo tratamiento que le daba a sus pacientes el doctor Chapatín. La autorización para algo tan sencillo como una resonancia, lo convierte a uno en un Josef K. es un proceso angustioso y hostil, acompañado por la sonrisa de unos empleados imposibilitados de brindar cualquier solución a la angustia del paciente. Cada vez que sale uno de Cosmitet, lo invade un angustioso sentimiento de culpa casi depresivo.

En el camino a casa se siente la soledad del héroe del siglo XXI, pues una mañana en Cosmitet, lo convierte a uno en un héroe moderno. Al llegar a casa, ante la pregunta esperanzada de la esposa ¿mi amor, cómo te fue? Ese sentimiento depresivo se transforma en una ira ciega, y salta el infaltable hijueputazo y el deseo de acabar hasta con el cuadro del Sagrado Corazón. Cosmitet, es la degradación del paciente, la neurosis de la familia, la precipitación al abismo, el camino a la fatalidad. Después de la neurosis retorna la culpa, el diálogo con la voz quebrada y la auto conmiseración.

Los dioses en el Olimpo, están jugando a los dados la vida de sus criaturas, Asclepio lucha por ganar, pero Pluto hace trampa y crea a Cosmitet. Alea jacta est, los dados fueron echados. Las Parcas están de fiesta y Morta ya escribió nuestro destino. El destino fatal. El dinero prima sobre la vida. Observados por Penis, y guiados por la terrible Ezis, la diosa de la angustia y la tristeza Deambulamos los laberintos de Cosmitet. Si en Cosmitet, la vida valiera algo, tal vez su amigo, su padre, su esposa o su hermano, estuvieran vivos, mi amigo Jairo Cardona también. Es que las eps han determinado que cuesta menos un paciente muerto que uno vivo, gracias a las trampas de Pluto, el dios de la riqueza, Cosmitet determina cuánto cuesta nuestra vida.

El perverso negocio de la salud, permitido por las trampas de Pluto, cobra la vida de seres y destruye familias. Si por algún motivo, después del transitar del héroe moderno, por una eps, logra la autorización para los exámenes requeridos, ya será tarde. El paciente en manos de Pluto estará humillado y ofendido, habitando la casa de los espíritus.

Nuestro albedrío nos indica que no podemos aceptar el atraco de Cosmitet y demás eps, ellos con nuestro dinero tienen el deber de atender muy bien nuestra salud. Nosotros no renunciamos al derecho a la rabia, al derecho a madrear, y al supremo derecho de gritarle a Pluto y su sequito de filibusteros de la salud, que hasta aquí llegamos. En este reino de Pluto, tenemos que hacernos respetar, y exigir algo mejor que Cosmitet.


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