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Opinión / OCTUBRE 19 DE 2022

Creencias de posesión

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Una de las creencias irracionales que nos generan mayor malestar en las relaciones interpersonales son las creencias de posesión, creer que somos dueños de una pareja, un amigo, un familiar. Pensar que tenemos la posibilidad de poseer y ser propietarios de alguien como si fuera un artículo, que no puede ser comprado y que mucho menos podría tener un propietario.

Estas creencias irracionales tienen un origen muy antiguo y se remontan a la propiedad de personas en la esclavitud, a la propiedad de las esposas en épocas pasadas y a la propiedad de pueblos o personas en las monarquías antiguas. Las propiedades incluían en estas épocas las decisiones frente a la vida del otro. 

En épocas más recientes, nuestras abuelas eran entregadas a un hombre para ser sus esposas y había una posesión implícita desde una cultura ligada al machismo, donde su cuerpo pertenecía a su esposo y no podía ser tocado por nadie, incluso hasta se negaba el simple proceso relacional de hablar con otras personas, bailar o entablar una amistad. Ellas tenían que pedir permiso a sus esposos para sus acciones o para sus decisiones. 

De alguna forma los padres también han tenido una creencia de posesión que afecta el proceso con sus hijos generando una relación más castradora que en algunos casos se convierte en un proceso patológico que afecta el desarrollo de los hijos. Los padres creen que pueden decidir sobre la vida del hijo, sobre sus elecciones vocacionales, incluso sobre sus parejas sentimentales. 

Desde las relaciones actuales todavía se ve el proceso de posesión ya que sigue existiendo la creencia de tener o poseer a la pareja, esto causa más problemáticas de celos, mayores frustraciones en las relaciones e incluso es una causa muy importante de las rupturas actuales. Creemos que poseemos a nuestra pareja y castramos algunos de sus deseos y fantasías que finalmente se hacen realidad desde un engaño o una traición. 

Lo mismo ocurre desde las relaciones de amistad cuando por el tiempo, la confianza o las situaciones, se toma partido creyendo que el otro nos pertenece y pensando que podemos decidir o influir en el otro y cuando el otro no lo hace, nos afecta hasta el punto de romper la relación. 

Lo cierto es que sea la relación que sea, la posesión lo único que hace es ubicarnos en una posición completamente inmadura donde tendemos a una mayor vulnerabilidad emocional, ya que nadie podría llegar a cumplir este acto irracional, porque nadie podría llegar a ser de nuestra propiedad. 

Tal vez derribaríamos mucho malestar y drama de nuestra vida solo con cambiar el pensamiento y hacer que el otro sienta la libertad de ser como quiera ser, actuar según su propia decisión y conseguir un camino propio que le genere felicidad. Si dentro de ese camino quiere de alguna forma incluirnos esto será un acto de madurez donde podamos generar mayor bienestar y acompañar un camino que es propio.


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