Opinión / JUNIO 12 DE 2022

Cualquier estrategia no vale

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Es deprimente el espectáculo que se ha generado en desarrollo de la actual campaña electoral hacia la presidencia de Colombia, sin precedentes en su historia democrática y, sobre todo, con el altísimo riesgo que representa para su estabilidad institucional, por tan bajas estrategias que en los últimos días han salido a flote para acceder a como dé lugar al primer puesto público de la Nación por parte del denominado pacto histórico. 

¿Será que los colombianos nos merecemos la suerte a la que no están conduciendo con sus oscuras actuaciones esos personajes para quienes no importan la falta de ética, las mentiras, ni las jugadas rastreras para acabar con el prestigio de sus competidores con el exclusivo fin de lograr sus propios y oscuros intereses? Acá no se puede aplicar la creencia del argot popular según la cual “en la guerra y el amor todo se vale”, pero, al parecer, para ellos sí. No obstante, es triste reconocer que todos en mayor o menor grado somos responsables por la situación a la que hemos llegado, por la coyuntura que enfrentamos y que nada bueno nos depara. Por muchos años, con nuestra indiferencia, negligencia, ignorancia, desidia o desinterés por los asuntos que a todos compete como es el ejercicio de lo público, hemos permitido que a los cargos de poder lleguen personas con el exclusivo fin de lucrarse de los recursos por los que todos deberíamos interesarnos y cuidar, pues a todos pertenecen. No hemos cuidado la democracia, el preciado don de la libertad, el respeto por los demás y ahora nos toca enfrentar lo que se nos está desencadenando. Es claro que las 2 únicas opciones que por razón constitucional nos quedan para escoger presidente, presentan delicadas falencias para el común de los electores hasta el punto que para muchos ninguna de las 2 sirve. Pero es necesario escoger una, la que en nuestro leal saber y entender sea la mejor o menos mala y aunque se nos plantean otras 2 como son abstención y voto en blanco, en mi concepto, son las más facilistas y peligrosas, pues son una especie de lavado de manos tipo Pilatos, cuando no queremos comprometernos ante una decisión como esta.  

Lo que no he logrado comprender es la alta tendencia hacia un personaje que nuestra capital colombiana tuvo la oportunidad de experimentar como su alcalde y que generó rechazo por tan mala gestión que terminó con apenas 18 % de aceptación y hoy tanta gente quiere que sea quien maneje los destinos del país. Tampoco entiendo que les despierten credibilidad sus promesas populistas, cuando es respaldado por perversas organizaciones y personajes politiqueros que en su momento han sido partícipes en el Congreso, en la administración pública y privada de la grave problemática que ahora enfrentamos y quienes ahora pretenden fungir como sus salvadores. ¿Cómo creerles a personas con tan oscuros antecedentes? Cómo creer que ahora sí vamos a lograr las reivindicaciones sociales cuando ciertos movimientos de primera línea y estudiantiles, entre otros que lo respaldan hoy, intimidan con amenazas de generar caos y desórdenes, si no resulta elegido presidente. Esos mismos que, simulando los comandos especiales venezolanos, continuarían persiguiendo a quienes se opongan a las pretensiones antidemocráticas y dictatoriales de un temible régimen como tal, en caso de resultar elegido. Que la Santísima Trinidad, hoy en su fiesta, nos bendiga, proteja e ilumine.  


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