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Opinión / ABRIL 21 DE 2024

Día del Idioma

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Encontré en El Tiempo –en el espacio que maneja el Instituto Caro y Cuervo– una frase que así comienza: “La joven de tes pálida”… Como se hacía referencia al cutis de la joven, la palabra correcta es “tez”, con z. Hice notar el error, y el instituto no tuvo inconveniente en reconocerlo. Esta pequeña errata me sirvió de motivo para dirigir una comunicación a mi red de amigos con unas reflexiones en torno a la ortografía. 

La ocasión fue propicia para que Armando Rodríguez Jaramillo, presidente de la Academia de Historia del Quindío, recordara las palabras pronunciadas por García Márquez en el Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas (1997): “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”. 

Ante dicha circunstancia, le manifesté a Armando Rodríguez: “La tesis de García Márquez de ‘jubilar la ortografía’ está, en mi concepto, salida de tono. Me parece que él quiso adquirir notoriedad con ese planteamiento insólito, que ha tenido general rechazo. ¡Qué difícil abolir las reglas de la buena escritura! En la donosura del lenguaje escrito reside uno de los grandes placeres del espíritu”.

De mi círculo de amigos recibí varios correos en igual sentido: “Me encantó el tema, no solo por la forma y el estilo del escrito, sino por su enseñanza” (Luis Carlos Gómez Jaramillo, Cali). “Como la ortografía ya no es materia en los programas escolares, resulta cargosa e irrelevante su aplicación. No sabemos cuál será en el futuro la tendencia en la escritura, que también, con el uso y abuso de los textos de las redes, está ‘abreviada y simplificada’. Los jóvenes, para sus declaraciones afectivas, escriben, por ejemplo: ‘tqm, jaaaaa’ (Elvira Lozano Torres, Tunja). “Rechacé la propuesta de García Márquez desde el primer momento. Si hay algo estético y placentero es leer un libro o cualquier otro texto bien escrito. En cambio, un texto con errores gramaticales u ortográficos no solo desdice de su autor, sino que genera rechazo” (Eduardo Lozano Torres, Bogotá). 

En aras de la brevedad, lamento no citar otros correos recibidos, todos elaborados  con el mismo tono de los tres que menciono. Con estas voces, celebremos el Día Internacional del Libro, el 23 de abril, que está consagrado para honrar a Cervantes en la fecha de su entierro –el día siguiente de su muerte–. Esta evocación tiene el  propósito de incentivar la lectura y proteger el campo editorial y la propiedad intelectual. 

Para rematar, copio la nota que me envía Diego Arango Mora, fundador del Parque del Café: “Estoy de acuerdo con la protección del idioma y en total desacuerdo con García Márquez en su propuesta de abolir la ortografía. Veamos: Si al ‘senor’ ‘vaka’, jugador del ‘yunior’ de ‘varranquiya’, le diera por proponer una ‘baca’ para recolectar fondos para alguna ‘hobra’ en su ‘siudad’, ‘estoi’ ‘zeguro’ de que no recolectaría un ‘pezo’, pues nadie le entendería tremendo galimatías”. 
 


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