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Opinión / MARZO 11 DE 2022

Ejercer con inteligencia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Indiscutiblemente y entre tantas de sus características, el ser humano puede ser vacilante o proceder en respuesta a temores inculcados, raciocina siempre cuando no es que calcula para mentir, procura indiferencia o busca no obligarse. En todos los casos actúa, debe vivir, toma decisiones erróneas o certeras.

Lo anterior surge a raíz de las circunstancias electorales por las que atraviesa el país. Durante ellas, todos hemos estado expuestos a la elevada proliferación de aspirantes, cada quien con sus propios intereses, pocos con propuestas que realmente se vinculen con la realidad, lemas vacíos y un alto deterioro discursivo. A ello se agregan las propuestas con afán de conservar privilegios y ahondar exclusiones.

Y es que para nadie es un secreto el aumento permanente de las desigualdades, de los porcentajes cada vez más altos de empobrecidos, realidad antagónica al juego mediático justificador a través del cual permanentemente se manifiesta y asegura lo contrario.

Sin lugar dudas, es de consideración entonces que, como ciudadanos responsables, hagamos gala de independencia y capacidad de decisión, desprovistos de fanatismos, de dogmas, cegueras, idolatrías u obcecaciones y analicemos, pero en todo momento bajo la sombrilla de la vida cierta, cuál debe ser la ruta de nuestro voto. Aprovechar las urnas como el procedimiento democrático, limpio y transparente, para acompañar propuestas que favorezcan realmente a toda la población; asumir posición frente a las alternativas.

No puede ser de otra manera. Es un llamamiento coherente con lo que se propicia en nuestros espacios uniquindianos, caracterizados por su diversidad y transigencia a la participación, donde abiertamente se ha propendido porque la democracia sea la razón de actuar de todos los estamentos, haciendo gala como universitarios para que las acciones internas y externas de diversa índole, tengan permanentemente esa marca de una participación sin ambages, a pesar que algunos sesgada y malignamente intenten sugerir lo opuesto.  

Con estos razonamientos procuro animar, desde la conciencia libre e individual, para que ese compartido pero reservado sentimiento de inconformidad y por distintas coyunturas silenciado, cumpla el irrenunciable deber de pronunciarse y las urnas son la mejor ocasión. Un momento para exponer el deseo intenso y natural de vida sin discriminaciones, como respuesta a procesos políticos que asuman celosamente y respeten las decisiones ciudadanías.

Por ello, no podemos desperdiciar ahora, época de tránsito hacia nuevas cuarentenas, obligadas todas por nuestro poco diálogo afectivo con la naturaleza y que seguirán sacando a flote tristes realidades históricas, el derecho al control del poder político que la Constitución de 1991 nos concede. Ejerzámoslo conscientemente, sin miedos inducidos, con inteligencia, con libertad. Seamos capaces de convertirnos en modelo de participación al apoyar mayoritariamente, con razonable criterio y según lo que cada uno considere merecemos como sociedad, posibles rumbos para ese bien supremo que es la vida digna para todos.       


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